En las grandes ciudades y en las localidades más pequeñas de China conviven dos realidades diferentes: mientras el país se esfuerza por competir con Estados Unidos en tecnología avanzada, su economía doméstica muestra tensiones y desequilibrios importantes.
Un análisis de The Wall Street Journal indica que China ha logrado avances en áreas como la inteligencia artificial y la exploración espacial, pero estos logros se sustentan en un modelo de intervención estatal que, según economistas y datos locales, provoca un uso ineficiente de recursos, un crecimiento de la deuda y un descuido de servicios básicos.
El costo de la autosuficiencia
La política impulsada por la administración de Xi Jinping prioriza la autosuficiencia tecnológica como respuesta a las presiones externas, especialmente tras las restricciones estadounidenses sobre semiconductores avanzados. Entre 2020 y 2024, el gasto en investigación y desarrollo aumentó cerca de un 50%.
Hay hitos tangibles: en inteligencia artificial han surgido empresas competitivas y, en lo militar, el último portaaviones incorpora sistemas de lanzamiento electromagnético que acercan ciertas capacidades a las de la Marina estadounidense. No obstante, esos avances conviven con una asignación ineficiente de capital en numerosos sectores.
El ejemplo de los vehículos eléctricos ilustra el problema: el mercado está saturado. De las 129 marcas de eléctricos e híbridos enchufables que operaban el año pasado, la consultora AlixPartners estima que solo alrededor de 15 serán viables financieramente en 2030. Situaciones similares se dan en la robótica humanoide, donde más de 150 empresas compiten, generando advertencias sobre exceso de oferta.
Tecnología frente a salarios impagos
Las diferencias entre ambición tecnológica y realidad social son evidentes en lugares como el condado de Mianchi, en Henan. Allí las autoridades han incrementado el gasto en ciencia y tecnología pese a una caída de los ingresos locales.
Según el Wall Street Journal, en Mianchi el gasto en ciencia y tecnología creció casi un 50% entre 2022 y 2024, mientras los ingresos del gobierno local bajaron más del 10%. Se han impulsado parques industriales y adquisiciones en empresas de chips, pero al mismo tiempo han llegado denuncias de maestros, personal de limpieza y pasantes por salarios impagos.
Ante quejas públicas, el gobierno local reconoció las dificultades fiscales y prometió pagar las deudas de forma gradual, sin fechas concretas, rematando su comunicado con la frase: “¡Le deseamos una vida agradable!”.
El lastre de la deuda y el consumo estancado
A nivel nacional, las obligaciones fiscales han crecido con fuerza: la deuda gubernamental se habría duplicado entre 2019 y 2024, hasta cerca de 23 billones de dólares. Al mismo tiempo, la productividad ha desacelerado y la población empieza a decrecer.
El Fondo Monetario Internacional estima que las ayudas estatales —subsidios, exenciones fiscales y créditos baratos— redujeron el PIB de China en alrededor de un 2% en 2023, equivalente a unos 800.000 millones de dólares.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha pedido a Beijing un cambio de modelo hacia el consumo interno y un fortalecimiento de la red de protección social para que los ciudadanos gasten con más seguridad. “Es patriótico gastar dinero”, dijo Georgieva en una rueda de prensa en Pekín, y añadió que reducir el apoyo estatal permitiría una asignación de capital más eficiente: “Es una gran oportunidad. Aprovecharla requiere decisiones valientes”.
Prioridad a la seguridad nacional
Frente a estas advertencias y a señales de fragilidad interna —como la caída de los precios de la vivienda desde la pandemia—, el liderazgo chino mantiene la prioridad de la autosuficiencia por razones de seguridad nacional. El enfoque recuerda esfuerzos pasados por independencia tecnológica, pero ahora se dispone de mayor capacidad técnica y recursos comerciales.
Pese a la intensa inversión pública en sectores estratégicos como semiconductores y robótica, estos no generan suficientes empleos para absorber a los graduados; por ejemplo, SMIC, el mayor fabricante de chips de China, emplea unas 20.000 personas, mientras el desempleo juvenil urbano se mantiene en cifras elevadas.
Para el Partido Comunista, la soberanía tecnológica pesa más que los costos económicos inmediatos. Como señaló Guo Yuewen, secretario del Partido en la Academia de Ciencias Sociales de Guangdong, la autosuficiencia científica y tecnológica es, a su juicio, la base de la prosperidad y la seguridad nacional.
En ese contexto, mientras China persista en la carrera por la dominancia técnica, su economía interna probablemente seguirá enfrentando ineficiencias y desigualdades que el Estado está dispuesto, por ahora, a tolerar.


