15 de enero de 2026
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Prevenir intoxicaciones alimentarias en fiestas calurosas

Las altas temperaturas propias del verano aumentan el riesgo de problemas por la manipulación y el consumo de alimentos, por lo que es necesario extremar las precauciones durante las fiestas de fin de año.

El calor favorece el crecimiento de bacterias que pueden causar intoxicaciones, por lo que la seguridad alimentaria debe ser una prioridad en esta época.

Prevenir enfermedades alimentarias depende de medidas sencillas pero fundamentales: conservar correctamente los alimentos, mantener una higiene adecuada y elegir ingredientes apropiados. Adoptar estos hábitos permite disfrutar de las celebraciones sin poner en riesgo la salud.

Qué factores aumentan el peligro de intoxicaciones alimentarias

Según el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), las temperaturas elevadas aceleran la multiplicación de bacterias como Salmonella, Escherichia coli y Clostridium botulinum, entre otras. Estas bacterias y sus toxinas pueden provocar enfermedades por transmisión alimentaria (ETA), que incluyen infecciones o intoxicaciones a causa de alimentos o agua contaminados con microorganismos, parásitos o sustancias tóxicas generadas por ellos.

Las ETA pueden tener manifestaciones agudas o bien efectos a más largo plazo. Los síntomas más habituales son diarrea, vómitos, fiebre y dolor abdominal. SENASA identifica como grupos de mayor riesgo a niños, adultos mayores, embarazadas y personas con el sistema inmunitario debilitado, quienes necesitan cuidados especiales en la manipulación y conservación de los alimentos.

Por su parte, el Ministerio de Salud señala que el calor y la humedad propios del verano favorecen el desarrollo microbiano en los alimentos, por lo que incrementa la probabilidad de contagio. El organismo recomienda extremar las precauciones en la compra, preparación y almacenamiento para proteger la salud.

Recomendaciones fundamentales para reducir el riesgo de contaminación en la comida

Para evitar intoxicaciones, SENASA insiste en mantener la cadena de frío: carnes, lácteos, huevos y pescados deben conservarse por debajo de 5 °C y no permanecer más de dos horas fuera del refrigerador. Si se trasladan a otro lugar, deben transportarse en una conservadora con hielo.

La cocción completa es otra medida esencial: carnes, aves, pescados y huevos deben cocinarse adecuadamente para eliminar posibles microorganismos. En temporada de calor, es preferible evitar preparaciones poco hechas.

También es importante prevenir la contaminación cruzada: usar tablas y utensilios separados para alimentos crudos y cocidos, y lavar manos, mesadas y utensilios después de manipular productos crudos.

El Ministerio de Salud recomienda iniciar las compras con los productos no perecederos y dejar las carnes, pescados, lácteos y congelados para el final. Verificar la temperatura de conservación en el supermercado y guardar de inmediato en heladera o freezer los alimentos que requieran frío ayuda a reducir el riesgo.

En materia de higiene, ambas instituciones aconsejan lavar con frecuencia las manos y las superficies de trabajo, y lavar frutas y verduras antes de consumirlas para disminuir la presencia de microorganismos y residuos químicos.

Sobre el agua, SENASA indica que, si no se tiene certeza de su calidad, debe hervirse durante tres minutos o utilizar desinfectantes autorizados. Se debe emplear agua segura para elaborar hielo y evitar manipularlo con las manos desnudas.

Para descongelar, nunca hacerlo a temperatura ambiente. Lo recomendable es pasar los alimentos del freezer a la heladera o usar el microondas; en el caso de porciones pequeñas, pueden cocinarse directamente sin descongelar previamente.

Alimentos que favorecen el bienestar en verano

La alimentación en verano debe adaptarse a las necesidades estacionales: con calor, el cuerpo necesita menos energía para regular la temperatura, por lo que conviene optar por comidas más livianas y de menor densidad calórica. Esto facilita la tolerancia al calor y contribuye al bienestar general.

El Dr. Daniel López Rosetti recomienda reducir el consumo de grasas saturadas presentes en carnes rojas y embutidos, ya que aportan muchas calorías y exigen mayor esfuerzo digestivo. En su lugar, es aconsejable aumentar el consumo de agua, fibra y proteínas magras, como pescado y pollo sin piel, así como legumbres como lentejas, porotos, garbanzos y arvejas.

Las frutas y verduras frescas son especialmente recomendables por su bajo aporte calórico, su contenido de agua y su aporte de fibra, que favorece la digestión, prolonga la sensación de saciedad y contribuye al control del colesterol y de la glucemia.

Consumir productos de temporada —sandía, melón, frutillas, cerezas, moras, maíz dulce, pimientos y calabacines— aporta vitaminas, minerales y fitonutrientes, además de antioxidantes que ayudan a prevenir enfermedades crónicas y a combatir procesos inflamatorios.

Incluir frutas y verduras con alto contenido de agua, como melón, pepino, durazno y frutillas, contribuye a una hidratación adecuada y ayuda a mantener el equilibrio de líquidos durante los días de calor intenso.

Ante dudas sobre la seguridad de un alimento o la forma correcta de conservarlo en verano, SENASA y el Ministerio de Salud coinciden en priorizar la higiene, el control de la cadena de frío y una dieta basada en alimentos frescos e hidratantes como las medidas clave para evitar intoxicaciones y sus complicaciones.

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