Para cerrar el año y mantener vivas las costumbres, presentamos una nueva entrega de Pinceladas literarias con un cuento de Valentina Pereyra.
Bombacha rosa
Guardó la bombacha rosa para estrenarla en Año Nuevo. Se la había regalado su madre con una tarjeta que decía que el rosa era “el color del amor, la pasión y la aventura” y que estrenarla le daría suerte. Ella la aplastó y la tiró al cesto, y ese 25 de diciembre no la usó como acto de rebeldía. Tras el almuerzo, su madre volvió a insistir: por la noche los primos irían al baile del Club Central y la bombacha podía atraerle un novio. Ella negó necesitar talismanes y se excusó con un dolor de cabeza, prometiendo acompañarlos en Año Nuevo si salían.
Una semana después las vidrieras centrales seguían en tono rosa. En una tienda eligió un conjunto de lencería rosa con encaje que le pareció lo bastante sexy para “ayudar a la suerte” y compró una revista cuyo artículo principal trataba sobre el ritual de la ropa interior rosa. Leyó que la tradición plantea que esa ropa debe ser regalada, no comprada por quien la va a usar, y que simboliza deseo de energía positiva y fin de ciclo. Puso juntas la bombacha regalada y la comprada, se las miró frente al espejo y se sintió presionada por los treinta años sin haber seguido la costumbre: amistades que se casaron o formaron familias, parejas frustradas y decisiones pendientes.
El bullicio en la casa la obligó a organizarse: bañarse, vestirse, no participar de las interminables preparaciones de su madre para la cena. Mientras su madre comentaba las tareas de la cocina y las preocupaciones por las visitas, ella se encaminó al baño para alistarse.
Eligió un vestido blanco por la moda del momento, pero también tenía la bombacha rosa de encaje lista. Al mirarse notó que la tela se transparentaba y pensó que, si esa noche ligaba con alguien, no sería por el talismán sino porque se le notaría. Finalmente combinó colores: pantalón negro y camisa roja, decidiendo que después de medianoche la suerte quedaría en sus manos.
Llegaron familiares y, tras cenar y brindar, el grupo fue al baile del Golf Club. La música variada animó la noche; hubo baile, bebidas y un clima propicio para encuentros. Ella bailó, se besó y aceptó la invitación a terminar la velada en el departamento de un acompañante. Antes de irse fue al baño; esperó en una larga fila en condiciones poco higiénicas, sintiéndose mareada y con cierta incomodidad. En el momento de hacer pis experimentó un dolor en el bajo vientre y, alterada, salió apurada. Poco después, revisándose, notó que la bombacha rosa que se había puesto estaba manchada de rojo.


