15 de enero de 2026
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Túnel submarino Rogfast transformará la conectividad en Noruega

La obra del túnel Rogfast, diseñado para ser el túnel submarino más largo y profundo del mundo, pretende mejorar la conectividad en la costa occidental de Noruega, reduciendo tiempos de viaje entre ciudades clave y sustituyendo travesías en ferry.

Una megaestructura bajo el mar

Rogfast destaca por sus dimensiones: 27 kilómetros de longitud y una profundidad máxima de 392 metros bajo el nivel del mar, lo que plantea retos de ingeniería muy exigentes. Su nombre proviene de “Rogaland fastforbindelse”, en referencia a la región de Rogaland y al concepto de un “enlace fijo”.

Las obras comenzaron en enero de 2018, pero se interrumpieron a fines de 2019 por sobrecostos que obligaron a cancelar contratos y rediseñar el proyecto. La construcción se reanudó a fines de 2021 y la inauguración está prevista para 2033, con un coste estimado en torno a las 25.000 millones de coronas noruegas (unos 2.400 millones de dólares, según cifras oficiales).

El objetivo es reemplazar los ferris que conectan localidades de la costa oeste, agilizando y haciendo más cómodos los desplazamientos. Rogfast formará parte de la carretera E39, un corredor de aproximadamente 1.100 kilómetros que une Trondheim y Kristiansand.

Conectividad, impacto y desafíos tecnológicos

Anne Brit Moen, gerente de proyecto de Skanska para la sección norte, indicó que Rogfast mejorará notablemente la conexión entre Stavanger y Haugesund; la zona más profunda del túnel comprende unos nueve kilómetros del trazado total.

Se espera que la obra reduzca el tiempo de viaje entre Bergen y Stavanger en aproximadamente 40 minutos, lo que facilitará los desplazamientos cotidianos y podría mejorar la calidad de vida de quienes se trasladan con frecuencia en la región.

El diseño incluye dos tubos separados, cada uno con dos carriles destinados al tráfico rodado, y una rotonda doble situada a 260 metros de profundidad que conectará con un conducto hacia Kvitsøy, el municipio más pequeño del país.

Construir bajo el mar implica retos técnicos importantes. Moen destacó que uno de los principales problemas ha sido desarrollar métodos de lechado adecuados para sellar la roca, imprescindible para evitar filtraciones de agua salada al trabajar a grandes profundidades.

A 392 metros bajo el nivel del mar, el enfoque está en mantener condiciones de trabajo seguras y eficientes para las cuadrillas, según señaló Moen.

Precisión máxima y sistemas de seguridad de última generación

La construcción exige una precisión extrema: la excavación se realiza desde ambos extremos con la meta de que los frentes se encuentren con un desfase máximo de cinco centímetros.

Burkhard Boeckem, director de tecnología de Hexagon, responsable de las mediciones, explicó que se emplean escáneres láser giratorios que capturan millones de puntos por segundo para generar un gemelo digital de la obra y comparar en tiempo real el avance con los planos.

Minimizar desviaciones evita extraer y volver a rellenar grandes volúmenes de material, lo que reduce riesgos y costes asociados, señaló Boeckem.

En materia de seguridad, el túnel contará con ventilación longitudinal mediante ventiladores de chorro, complementada por una ventilación por pozo vinculada a Kvitsøy, diseñada para garantizar un flujo de aire efectivo a lo largo de la longitud del túnel.

También se instalarán sistemas automáticos de detección de incidentes en tiempo real y vigilancia mediante cámaras y radares, que permitirán identificar averías o congestiones y responder rápidamente ante cualquier eventualidad.

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