En París, los aliados de Ucrania acordaron un paquete de garantías de seguridad “legalmente vinculantes” para respaldar al país ante un posible nuevo ataque ruso. El acuerdo busca dar contenido concreto a una eventual salida negociada del conflicto e incluye un mecanismo internacional para supervisar el alto el fuego y el diseño de una Fuerza Multinacional desplegable por tierra, mar y aire, condicionada a un cese creíble de las hostilidades.
La llamada “coalición de los dispuestos”, integrada por 35 países junto a Ucrania y representantes estadounidenses, celebró la cumbre en el Elíseo con el presidente francés, Emmanuel Macron, como anfitrión. Macron destacó una “convergencia operativa” entre aliados para construir garantías de seguridad que sostengan cualquier acuerdo de paz y disuadan una reanudación de la ofensiva rusa.
El núcleo del acuerdo es un sistema de garantías escalonado: por un lado, el compromiso de mantener el suministro de armamento y la formación de las fuerzas ucranianas a largo plazo; por otro, avanzar hacia compromisos jurídicamente vinculantes que determinen las respuestas —militares, logísticas, de inteligencia, diplomáticas o sancionatorias— ante una agresión futura.
Entre las medidas acordadas figura un mecanismo de vigilancia y verificación del alto el fuego liderado por Estados Unidos con aportes de varios países. Este sistema prevé una comisión especial para evaluar incumplimientos, atribuir responsabilidades y proponer medidas correctivas, con coordinación desde una sede tripartita en París que integrará a la coalición, Washington y Kiev.
El plan también contempla la consolidación de unas Fuerzas Armadas ucranianas de hasta 800.000 efectivos, dotadas de capacidades suficientes para disuadir nuevos ataques. La declaración conjunta subraya que el ejército de Ucrania seguirá siendo la “primera línea de defensa”, complementado por apoyo aliado aéreo, terrestre y marítimo.
En paralelo, el primer ministro británico, Keir Starmer, anunció la firma de una “declaración de intenciones” entre Reino Unido y Francia para preparar un posible despliegue conjunto en suelo ucraniano. La iniciativa incluye la creación de “centros militares” y almacenes protegidos para armas y equipos destinados a reforzar las defensas tras un cese de hostilidades.
Alemania no descartó una implicación indirecta desde territorio de la OTAN. El canciller Friedrich Merz indicó que Berlín podría contribuir al dispositivo siempre que cualquier decisión cuente con la aprobación del Bundestag, con el objetivo de reforzar el paraguas disuasorio europeo en el flanco oriental.
El respaldo explícito de Estados Unidos marcó un punto de inflexión: el enviado estadounidense, Steve Witkoff, dijo que el presidente Donald Trump “apoya firmemente” los protocolos de seguridad acordados, diseñados para disuadir nuevos ataques rusos, y confirmó la participación de EE. UU. en el monitoreo del alto el fuego.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, celebró los avances, pero advirtió que muchos compromisos requerirán la ratificación de parlamentos nacionales antes de entrar en vigor. Señaló asimismo que persisten asuntos por resolver, como el tamaño y la financiación del ejército ucraniano y los detalles operativos del sistema de supervisión.
Un obstáculo principal sigue siendo el estatus de los territorios ocupados por Rusia: Zelensky reiteró que cualquier concesión territorial debería ser validada por el Parlamento o mediante un plebiscito, una condición que complica las negociaciones con Moscú, que mantiene sus exigencias y rechaza la presencia de tropas de la OTAN en Ucrania.
La cumbre tuvo lugar en un contexto diplomático tenso: aunque las conversaciones se aceleraron recientemente, Rusia no ha mostrado públicamente aceptación de las nuevas garantías. Al mismo tiempo, las prioridades y tensiones en la administración estadounidense con aliados europeos introducen incertidumbre en el proceso.
Mientras tanto, los combates continuaron: el Servicio de Seguridad de Ucrania informó de ataques con drones contra un arsenal militar y un depósito de petróleo dentro de Rusia, evidenciando la fragilidad del escenario. El acuerdo de París no pone fin a la guerra, pero establece un marco más preciso de compromisos jurídicos y mecanismos operativos para disuadir futuros ataques y reforzar la credibilidad del apoyo a Ucrania.


