Con el ciclo lectivo 2026 en el horizonte, seis referentes de la región comparten su visión sobre las tendencias que marcarán el año escolar. Con perspectivas diversas y experiencias desde Colombia, Brasil, Argentina y Estados Unidos, identifican claves en enseñanza y aprendizaje: la inteligencia artificial como copiloto, la personalización conectada a comunidades, y el regreso del debate sobre la escuela secundaria. Prevén menos experimentación dispersa y más transformaciones estratégicas.
Thiago Payva, Consultor en EdTech y Educación Superior
Estimó que la etapa experimental con la tecnología dará paso a una fase de madurez: la adopción será estratégica y orientada a impacto real en gestión institucional y en la experiencia de estudiantes y docentes. La inteligencia artificial generativa dejará de ser una solución puntual y pasará a integrarse en la infraestructura educativa, apoyando la personalización de trayectorias, la identificación temprana de riesgos de deserción y la toma de decisiones académicas. El reto será incorporar estos recursos con criterios éticos, transparencia y enfoque pedagógico, sin suplantar el rol humano.
La personalización evolucionará combinando datos, analíticas de aprendizaje y acompañamiento humano para ofrecer experiencias relevantes dentro de comunidades de aprendizaje, evitando un individualismo extremo. Además, la conexión con el mundo del trabajo se profundizará: microcredenciales, programas modulares y modelos híbridos facilitarán trayectorias flexibles, certificables y alineadas con la demanda laboral. Finalmente, la relación entre instituciones y estudiantes será más proactiva y basada en datos para acompañar al estudiante durante todo su ciclo de vida, anticipar necesidades y mejorar bienestar y sentido de pertenencia.
Denise Abulafia, Chief Learning Officer en Ticmas
Resalta el avance del tecnohumanismo: usar la tecnología con propósito para mejorar la calidad de vida de las personas en contextos educativos. La personalización del aprendizaje ganará fuerza mediante la tecnología enfocada en el autoconocimiento y en entender las distintas formas de aprender, que incluyen factores cognitivos y culturales.
Otra prioridad será la integración tecnológica para evitar la fragmentación por múltiples plataformas. Se observa una tendencia hacia sistemas integrados que ofrezcan una experiencia fluida para estudiantes, docentes y administradores. En paralelo, seguirá el énfasis en mejorar la formación docente combinando tecnologías dentro y fuera del aula, con seguimiento proactivo que permita anticipar y prevenir problemas como el deterioro de la salud mental o la deserción, apoyado por datos útiles y éticos.
En síntesis, la intersección entre tecnología, neurociencias y psicología —las ciencias del comportamiento— incidirá de forma creciente en cómo enseñamos, formamos a los educadores y desarrollamos tecnologías educativas.
Marcelo Caplan, evaluador externo del proyecto STEAM Pathways, del Center for College Access and Success (CCAS) de la Northeastern Illinois University
Cuestiona que los sistemas educativos sigan orientados a preparar estudiantes para exámenes en vez de formarlos como ciudadanos del siglo XXI capaces de aprender de forma autónoma en contextos de cambio rápido. Advierte que esta orientación limita el aprendizaje real y la capacidad de adaptación.
Con más de veinte años en educación con enfoque STEAM, señala que, pese a su valor para desarrollar habilidades para la vida, existe desconocimiento y resistencias para llevarla a las aulas. Propone cambios estructurales en las instituciones: pasar de currículos rígidos centrados en pruebas a modelos flexibles que enseñen a aprender y faciliten la formación continua y autónoma.
Andres Méndez, presidente del Gremio Edtech Colombia
Identifica cinco tendencias principales: primero, una búsqueda de costoeficiencia y retorno de inversión, con impacto medible en aprendizaje, retención y eficiencia operativa, y reducción del tiempo de adopción de herramientas. Segundo, un despertar pedagógico que prioriza el diseño instruccional, la ciencia del aprendizaje y evaluaciones que definan qué datos son necesarios y cómo medir progreso real; la tecnología se usa después para soportar estas decisiones.
Tercero, la inteligencia artificial deja de ser novedad para operar como copiloto: tutores, planificación y generación de materiales, junto con formación en IA para todas las edades. Cuarto, las microcredenciales y rutas modulares hacia la empleabilidad crecerán mediante alianzas con empresas y actores públicos y privados. Quinto, aumentará la demanda por interoperabilidad y soberanía de datos para integrar LMS, SIS, comunicación y analítica sin depender de una sola plataforma.
Agustín Porres, director regional para América Latina de Fundación Varkey
Señala que la región tomó conciencia sobre problemas de alfabetización y que se implementaron políticas para abordarlos; aunque no estén resueltos, los avances permiten abrir nuevos debates. El tema central para 2026 será el sentido de la escuela secundaria: qué enseñar, para qué y cómo hacerlo atractivo y moderno para reducir la deserción.
Destaca la existencia de una cooperación sólida entre los sectores público, privado y el tercer sector en la región, lo que genera un buen escenario para repensar y mejorar la educación secundaria con soluciones que involucren actores dentro y fuera de la región.
Melina Masnatta, líder global en Tecnología, Educación e Innovación
Propone privilegiar una arquitectura cognitiva y emocional que integre bienestar emocional, cognitivo y digital en las prácticas educativas, más allá del enfoque tradicional en contenidos. Plantea también articular las metas habilidades —como pensamiento crítico y curiosidad— con la inteligencia artificial, pasando de un enfoque de temor a uno práctico sobre cómo cooperar críticamente con herramientas como los chatbots y cuándo aplicar supervisión humana.
Aboga por mayor articulación estratégica con familias y comunidades, incluyendo conversaciones sobre el uso de dispositivos móviles. Indica la necesidad de rediseñar la evaluación, incorporando formatos como portfolios, coevaluación y permitir que los estudiantes participen en el diseño de sus evaluaciones para darles sentido y relevancia en el aprendizaje.
Finalmente, sugiere centrar el diseño en aprendizajes reales e interdisciplinarios basados en problemas concretos, en un marco tecnooptimista pero consciente de la “divergencia tecnológica” entre países. Recomienda aprovechar las jornadas institucionales para decidir colectivamente cómo usar la tecnología y establecer normas de convivencia en cada comunidad educativa.


