Mientras estaba de vacaciones en Punta del Este —donde cada año Martín Liberman, su esposa Ana Laura López y su hijo Milo pasan las fiestas— la bailarina celebró su cumpleaños y se encontró con una sorpresa inesperada.
La organización del festejo corrió por cuenta del periodista deportivo, que junto a 16 amigos preparó la sorpresa sin que ella sospechara nada.
El encuentro tuvo lugar en el restaurante Life Bistró del AWA Boutique + Design Hotel, ubicado sobre Pedragosa Sierra, uno de los circuitos gastronómicos más conocidos de Punta del Este. Allí, los 16 invitados, amigos de la pareja, llegaron antes y la sorprendieron al ingresar al salón.
La propuesta gastronómica fue una fusión que combinó elementos de la cocina mediterránea con sabores locales de la región y toques de la gastronomía peruana.
El menú incluyó entradas como rabas, bocados de pescado, parmigiana de berenjenas y ensalada caprese. Entre los principales se destacaron sorrentinos de calabaza con salsa de hongos, risotto de verduras, pesca a la parrilla con verduras asadas, lomo a la peruana y pollo estilo Thai.
De postre se sirvieron volcán de chocolate, crepes con dulce de leche, helados artesanales y tatín de manzana con caramelo y helado de canela. A la medianoche se realizó el brindis y se presentó la torta de cumpleaños para cerrar la celebración.
La relación entre Martín y Ana Laura comenzó en 2014, cuando él participó en Bailando por un sueño y ella fue su pareja de baile. Tiempo después retomaron el vínculo y formaron una familia ensamblada, ya que Martín era padre de Blas, fruto de su matrimonio anterior. Se casaron en octubre de 2019 con una gran ceremonia y una fiesta en Palermo que contó con la presencia de figuras del medio.
La pareja atravesó tratamientos de reproducción asistida e in vitro, apoyándose mutuamente durante el proceso. López relató que convertirse en madre implicó superar el miedo a las agujas y manejar el desgaste emocional propio de estas técnicas. Milo nació el 9 de mayo de 2022 por cesárea programada en el Sanatorio de la Trinidad de Palermo, completando la familia.
Con el tiempo, al observar la relación entre los hermanos, la pareja sintió una gran felicidad. El periodista explicó que ya no tenía interés en tener más hijos y que prefería disfrutar de la vida sin seguir cambiando pañales; coincidieron en que, viendo cómo se llevan Milo y Blas, no había necesidad de ampliar la familia porque el rol de hermano estaba cubierto.


