15 de enero de 2026
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Ascenso y caída de Hermann Göring por alta traición

Hermann Göring dijo en alguna ocasión que se incorporó al nazismo por la determinación que observó en Adolf Hitler y en sus primeros seguidores, no por la ideología ni por el proyecto político. “Esas bobadas nunca me interesaron. La lucha en sí misma era mi ideología”, afirmó. Esa actitud resultó llamativa en quien alcanzó los puestos más altos dentro del partido, ejerció responsabilidades estratégicas durante la dictadura del Tercer Reich, llegó a comandar la fuerza aérea en la guerra y fue considerado en algún momento posible sucesor de Hitler, hasta su caída en desgracia casi al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el régimen que aspiraba a durar mil años se derrumbó.

Al afiliarse al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) en 1922, Göring era, por su origen y su trayectoria, distinto de muchos de los primeros afiliados: no era un ideólogo esotérico ni un activista de las reuniones de cervecería, sino un militar con conexiones en la nobleza y con un padrino judío por quien había sentido afecto en su infancia.

Pertenecía a una familia de tradición militar y diplomática: su padre había sido oficial de caballería, gobernador del protectorado alemán en África del Sudoeste (actual Namibia) y cónsul en Haití. Göring fue un aviador condecorado en la Primera Guerra Mundial y, tras la muerte de Manfred von Richthofen, el Barón Rojo, se le encomendó el mando del famoso “Circo Volador”, destacada unidad aérea del ejército alemán en formación.

Pasión por lo militar

Nacido el 12 de enero de 1893 en Rosenheim, Baviera, Hermann Wilhelm Göring fue el cuarto de los cinco hijos de Heinrich Ernst Göring y Franziska Tiefenbrunn. En el momento de su nacimiento su padre servía como cónsul general en Haití y su madre regresó brevemente a Alemania para dar a luz; seis semanas después volvió a partir y el niño quedó al cuidado de un amigo en Baviera.

Su padrino, Hermann Epenstein, un médico y empresario judío conocido por su padre en África, tomó un papel importante en su infancia: cuando la familia regresó a Alemania en 1896 facilitó primero una casa en Berlín y luego una pequeña propiedad cerca de Núremberg. En ese tiempo, la madre de Göring sostuvo una relación con Epenstein que duró años. El joven mostró desde temprano inclinación por lo militar, jugaba a ser soldado y expresó el deseo de seguir la carrera de su padre. A los 16 años ingresó en la academia militar de Lichterfel, donde se graduó con buenas calificaciones. Durante la Primera Guerra Mundial fue distinguido como aviador y al concluir el conflicto fue licenciado con el grado de capitán. Incapaz de continuar volando en la Alemania derrotada, emigró a Suecia y trabajó como piloto comercial; allí conoció a la baronesa sueca Carin von Kantzow, con quien se casó en febrero de 1923 tras su regreso a Alemania.

Göring y Hitler

En 1922 se afilió al NSDAP, ya liderado por Hitler tras el desplazamiento de Anton Drexler. Su pasado militar y una rápida afinidad con el líder le permitieron acceder a cargos importantes desde el inicio, entre ellos la jefatura de las recién creadas SA, las tropas de asalto del partido. Participó activamente en el fallido golpe del 8 de noviembre de 1923 (el Putsch de Múnich), en el que resultó herido y, tras la derrota, escapó a Suecia. Allí desarrolló una adicción a la morfina por el tratamiento de sus heridas y fue internado para desintoxicarse.

Su reintegración al partido fue difícil, pero sus contactos con empresarios e industriales alemanes facilitaron su retorno al influjo político. En las elecciones de 1928 obtuvo escaño en el Reichstag gracias a esas vinculaciones. No recuperó la jefatura de las SA, que quedó en manos de Ernst Röhm, pero cuando Hitler llegó a la cancillería nombró a Göring ministro del Interior, puesto desde el cual impulsó la “nazificación” de la policía, incorporando a elementos de las SA, las SS y del Stahlhelm, y contribuyendo a la configuración inicial de la Gestapo, la policía secreta del régimen.

Su relación con Hitler se estrechó y fue designado comisionado del Reich y jefe de la Luftwaffe, la fuerza aérea recién restablecida por el régimen. Tras la purga de la Noche de los Cuchillos Largos en 1934, Göring cedió parte de las responsabilidades de seguridad a Heinrich Himmler y concentró su actividad en la Luftwaffe, mientras se beneficiaba económicamente del expolio practicado por el régimen.

El señor de los cielos

Aunque era un militar convencido, en los años previos a la guerra no fue partidario temprano de la confrontación abierta: en 1939 participó en gestiones con empresarios británicos encabezados por el industrial sueco Birger Dahlerus con la intención de evitar la entrada del Reino Unido en el conflicto. Aun así, la Luftwaffe resultó decisiva en la invasión de Polonia y en la rápida conquista de Francia y otros territorios.

La cooperación entre Göring y Hitler se tensó por la gestión de la guerra: mientras Hitler prefería seguir utilizando la flota aérea disponible pese a sus pérdidas, Göring presionaba para incrementar la producción de nuevos cazas. Esas fricciones se hicieron patentes tras la incapacidad de la Luftwaffe para imponerse en la batalla de Inglaterra y, más tarde, para impedir los bombardeos aliados sobre territorio alemán. Con el tiempo la fuerza aérea sufrió graves pérdidas en tripulaciones que resultaron difíciles de reemplazar. Los ataques aliados a refinerías y a la red ferroviaria afectaron de forma crítica la capacidad de la maquinaria bélica alemana hacia finales de 1944.​

En la recta final del conflicto, Hitler fue relegando a Göring de las decisiones, aunque lo mantuvo formalmente al frente de la Luftwaffe y como plenipotenciario del Plan Cuatrienal. Göring pasó a ocupar gran parte de su tiempo en residencias privadas y en una vida de lujos, con una importante colección de obras de arte expoliadas, mientras su salud empeoraba por la dependencia a los opiáceos y por una obesidad relacionada con problemas hormonales.

De delfín a traidor

Göring vio por última vez a Hitler el 20 de abril de 1945 en el búnker de Berlín, donde fue a felicitarlo por su cumpleaños. El 22 de abril Hitler reunió a sus colaboradores, reconoció que la guerra estaba perdida, dijo que permanecería en Berlín hasta el final y que se suicidaría para no caer prisionero; en esa reunión señaló también que Göring era la persona más indicada para negociar una paz honorable para Alemania.

El jefe de operaciones del Oberkommando der Wehrmacht, Alfred Jodl, comunicó lo hablado a Karl Koller, jefe de gabinete de Göring, y este voló a informar al propio Göring. Hitler ya había firmado un decreto que designaba a Göring como su sucesor en caso de muerte o incapacidad. Ante la posibilidad de que Hitler quedara incapacitado por quedarse en Berlín, Göring, Koller y Hans Lammers (secretario de Estado de la Cancillería) concluyeron que debía asumir el mando. Göring envió entonces un telegrama a Hitler pidiendo autorización para actuar como suplente si no recibía respuesta antes de las diez de la noche del 23 de abril.

El telegrama fue interceptado por Martin Bormann, adversario de Göring, que lo presentó ante Hitler como prueba de una traición. Hitler contestó invalidando el decreto de sucesión y exigiendo la dimisión inmediata de Göring bajo amenaza de muerte por “alta traición”. Göring obedeció y quedó bajo arresto domiciliario; la caída se justificó públicamente por “motivos de salud”, según anunció Bormann. El 26 de abril Hitler lo expulsó del partido y nombró a Karl Dönitz presidente del Reich. El 29 de abril, tras los suicidios de Hitler y Eva Braun, Göring fue liberado por una unidad de la Luftwaffe que acudió en su auxilio.

Enjuiciado y condenado

El 8 de mayo Göring se entregó a una avanzada de la 36.a División de Infantería del Ejército estadounidense cerca de Radstadt. Fue recibido por el general de brigada Robert Stack, quien formalizó su captura. Pese a las gestiones de Göring para entrevistarse con el general Dwight Eisenhower, no se concretó la entrevista y fue trasladado al campamento Ashcan, un centro provisional de prisioneros en Mondorf-les-Bains (Luxemburgo).

Allí recibió tratamiento médico para su adicción con dihidrocodeína y fue sometido a una dieta que le hizo perder alrededor de 27 kilos. Recuperado, en septiembre fue llevado a Núremberg para ser juzgado junto a otros jerarcas nazis. Tras 218 días de proceso, el tribunal lo declaró culpable de los cargos que se le imputaban y lo condenó a muerte por ahorcamiento. En la sentencia se destacó su papel central como impulsor de la agresión, director del programa de trabajo forzado y responsable de las políticas opresivas contra los judíos y otros grupos, subrayando que sus propias admisiones y el conjunto de pruebas bastaban para concluir su culpabilidad.

El suicidio

Göring no apeló la condena, aunque pidió ser fusilado como un soldado en vez de ser ahorcado como criminal; el tribunal rechazó esa solicitud. La noche del 15 de octubre de 1946, día anterior al de su ejecución programada, se suicidó ingiriendo una cápsula de cianuro. Su cuerpo, como el de los otros ejecutados, fue mostrado en el lugar de la sentencia y luego cremado en el cementerio Ostfriedhof de Múnich; sus cenizas fueron arrojadas al río Isar.

No se logró determinar con absoluta certeza cómo obtuvo la pastilla de cianuro. Una versión sostiene que Jack G. Wheelis, teniente estadounidense encargado de la seguridad en Núremberg, se la entregó a cambio de un reloj de oro y otros objetos. Otra declaración, fechada en 2005 y atribuida al exsoldado Herbert Lee Stivers, afirma que una mujer alemana pidió a Stivers que entregara a Göring una pluma que contenía una “medicina” y que él lo hizo sin saber que era veneno.

Hasta el final, Göring mantuvo una postura altiva. En una carta final a su esposa llegó a escribir: “Dentro de 50 o 60 años habrá estatuas de Hermann Göring por toda Alemania. Pequeñas estatuas, quizá, pero una en cada hogar alemán”.

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