Dos nadadores de Luis Guillón, Luis Ortiz —conocido como “El Tanque”— y Matías Limeres, se preparan para cruzar el Río de la Plata. Su vínculo surgió de manera fortuita y se consolidó con el tiempo: Ortiz comenzó a nadar hace 12 años, ya de adulto, y hoy se desempeña como entrenador de personas que se inician en el agua, brindándoles las primeras herramientas para nadar. “Disfruto de nadar porque amo entrenar y amo enseñar”, explicó él.
Matías, en cambio, llegó a la natación desde chico como actividad recreativa en el Atlético Monte Grande. Durante la pandemia ambos se conectaron por redes sociales y la relación creció hasta convertirse en una asociación con un objetivo compartido: el cruce del Río de la Plata. Para ellos esta travesía tiene un valor adicional más allá del desafío deportivo; la interpretan como una reivindicación y un homenaje a sus padres, que fallecieron recientemente. “Esto es un poco un regalo ahora para ellos. Más allá de que era algo que queremos hacer, es buscar hacerlo para encontrarse ahí”, afirmó Matías, sintetizando la carga emocional que tiene la iniciativa.
Ambos resaltan que la preparación no es solo física, sino también esencialmente mental. Ortiz señaló que, al plantear el proyecto, dejó claro que lo primero es la voluntad: “tenés que tener ganas de hacerlo”. Matías añadió que el desgaste es muy grande, pero que su motivación le permite afrontar la idea de pasar muchas horas en el agua: “Tengo ganas de hacerlo y quiero pasar 14 horas en el río. Porque uno va apuntando a la mayor cantidad de horas. Después si se baja y el viento ayuda y el día acompaña, mejor. Pero tenés que ir preparado para bancar esas horas”.
Además de la fortaleza mental, este tipo de travesías exige preparación integral: acondicionamiento físico específico, prácticas en aguas abiertas, planificación logística y estrategias de alimentación e hidratación durante la prueba. La experiencia y el trabajo en equipo también juegan un papel clave para enfrentar variables externas como el clima y las corrientes.
En resumen, la iniciativa de Ortiz y Limeres combina el reto deportivo con un significado personal profundo. Se apoyan mutuamente en el entrenamiento y en la motivación para afrontar un cruce exigente, que además será vivido como un tributo a sus seres queridos. Su historia muestra cómo una pasión compartida y una amistad forjada en tiempos difíciles pueden transformarse en un objetivo colectivo cargado de sentido.


