Hace una semana Marixa Balli anunció el cierre de los locales de su marca Xurama en el barrio de Flores, atribuyendo la decisión a la crisis de la industria textil tras casi 20 años de actividad. En su paso por el programa A la Barbarossa (Telefe) se refirió a la situación y criticó declaraciones del ministro Luis “Toto” Caputo, quien dijo que nunca compró ropa en Argentina porque “era un robo”.
El conductor suplente Robertito Funes preguntó cómo la afectaban esas palabras. Señaló que, siendo ministro y parte de la política argentina, no es apropiado afirmar que nunca se compró ropa en el país, y lo dijo con tono irónico.
Balli comentó que declaraciones así resultan ofensivas para quienes no pueden viajar y apenas alcanzan a pagar el transporte. Aclaró además que es apartidaria y pidió dejar de ubicarla bajo una bandera política.
Se definió como una ciudadana trabajadora y realista. Paulo Kablan, presente en el programa, cuestionó la expresión de “robo” utilizada por el ministro, afirmando que para hablar de robo debe haber ladrones y que los productores y comerciantes son trabajadores, aunque enfrentan costos elevados.
Balli explicó que los costos de mantener un negocio incluyen cargas sociales, un 35% de ganancias, impuestos provinciales como ARBA y otras obligaciones impositivas. Sostuvo que una baja de impuestos facilitaría la normalización de la actividad y pidió que se apoye también a las pequeñas y medianas empresas, no solo a las grandes compañías.
Planteó la disyuntiva de ayudar a los trabajadores o perjudicarlos por la posibilidad de que algunos consumidores compren ropa en el exterior debido a sus viajes frecuentes.
Sobre el cierre de su marca, Balli comentó las críticas recibidas, como acusaciones de vender “zapatos truchos”. Aclaró que en Argentina hay pocas fábricas que producen para muchas marcas, incluidas algunas de renombre, y que la mano de obra y la calidad son comparables.
Rechazó el menosprecio vinculado a su paso por ferias como La Salada y afirmó que no va a cambiar su forma de trabajar ni su oferta económica; busca que sus productos sean accesibles. Señaló, además, que en el país a veces lo barato se percibe como de mala calidad, por lo que algunos comerciantes cobran caro para que el producto sea considerado superior.
Comentó también un conflicto con proveedores: los insumos importados aumentan constantemente, incluso cuando el dólar está estable, con la justificación de que “mañana puede subir”. Dijo sentirse agotada tras más de veinte años de esfuerzo en solitario.
Mencionó que estuvo muchos años con locales en Saladillo y Mar del Plata y rechazó la estigmatización relacionada con La Salada, defendiendo que ese mercado ayuda a muchas familias que compran y revenden para sostener su economía familiar.
Finalmente, señaló que gran parte de lo importado se fabrica en China y que en mercados como Estados Unidos se consiguen prendas de buena calidad a bajo precio, en parte por una carga impositiva menor.


