Taiwán ha reforzado su posición internacional al consolidarse como una democracia estable en el Indo-Pacífico y enfrentar la presión de China. En un análisis publicado en Foreign Affairs, el ministro de Relaciones Exteriores Lin Chia-lung explica que el gobierno promueve una estrategia que combina la defensa de valores democráticos con la entrega de beneficios concretos a sus socios, una aproximación que denomina “diplomacia de valor agregado”.
Desde la llegada al poder del presidente Lai Ching-te en mayo de 2024, el Ejecutivo ha priorizado relaciones que van más allá de la afinidad ideológica. Según Foreign Affairs, Taiwán se presenta como un actor estratégico por su ubicación en rutas marítimas clave y por su liderazgo en sectores como semiconductores, inteligencia artificial y energías renovables. Lin describió a la isla como una barrera geográfica y tecnológica para la seguridad regional.
El texto advierte que China intensifica sus esfuerzos para aislar a Taiwán, mediante incentivos económicos y maniobras políticas dirigidas a aliados en África, América Latina y Asia. Paralelamente, Pekín ha aumentado la presión militar y restringe la participación de Taiwán en foros internacionales, lo que reduce su visibilidad global. En respuesta a estas tensiones, países como Australia, Canadá, Francia, Alemania, Japón, Países Bajos, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos han enviado buques al estrecho de Taiwán para apoyar la libertad de navegación.
Taiwán ha fortalecido capacidades para contrarrestar amenazas híbridas, incluidas campañas de desinformación y sabotajes contra infraestructura crítica. Entre las medidas citadas figuran el incremento de patrullas marítimas y sanciones a embarcaciones vinculadas a China, así como reformas legales que endurecen las penas por daños a cables submarinos. El ministro señaló que se enmendaron la Ley de Gestión de Telecomunicaciones y otras normas para proteger las comunicaciones.
El gobierno comparte su experiencia en ciberdefensa y combate a la desinformación a través del Global Cooperation and Training Framework (GCTF), una plataforma que agrupa a Estados Unidos, Australia, Canadá, Japón y Reino Unido. En septiembre, el GCTF organizó en Taipéi un taller con expertos internacionales para mejorar la detección de noticias falsas generadas por inteligencia artificial.
La creciente influencia económica de China ha llevado a varios países a diversificar sus cadenas de suministro. Según Lin, Taiwán produce el 60% de los semiconductores mundiales y más del 90% de los chips avanzados; en 2025, la isla fabricó el 90% de los servidores de inteligencia artificial a nivel global. Por ello, se presenta como un socio clave para quienes buscan reducir la dependencia de China.
La cooperación de Taiwán con sus aliados se apoya en transferencia tecnológica y proyectos de desarrollo sostenible. El “Diplomatic Allies Prosperity Project” ha promovido iniciativas en transporte ecológico, parques tecnológicos y salud inteligente. Entre los ejemplos citados están la creación de un parque tecnológico en Minga Guazú (Paraguay) inspirado en Hsinchu y colaboraciones con Eswatini en energías renovables y atención sanitaria.
A pesar de su trayectoria en gestión sanitaria, Taiwán sigue excluido de organismos multilaterales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el CPTPP. Durante la pandemia, la isla mantuvo bajos índices de contagio y distribuyó suministros médicos a más de 80 países. Lin sostiene que la inclusión de Taiwán en esos foros reforzaría la seguridad sanitaria y las cadenas comerciales globales.
La relación con Estados Unidos es un pilar de la política exterior taiwanesa. Foreign Affairs informa que en diciembre Washington aprobó la venta de armas por 11.000 millones de dólares, mientras avanzan pactos en tecnología y energía. Lin encabezó delegaciones a Texas para consolidar alianzas en inteligencia artificial y promover inversiones mutuas, entre ellas el proyecto “Taiwan Tower” en Houston.
En materia energética, Taiwán y Estados Unidos firmaron un acuerdo para la compra de gas natural licuado con el estado de Alaska. El gobierno taiwanés propuso además la creación de un equipo de inversión y una flota conjunta para reforzar la integración económica y la seguridad de las cadenas de suministro. Según el artículo, Taiwán se comprometió a inversiones por 250.000 millones de dólares en la industria estadounidense de semiconductores y tecnología, acompañadas de garantías crediticias por montos similares.
La cooperación tecnológica se formalizó en la “Pax Silica Declaration”, un acuerdo para proteger la estabilidad de las cadenas de suministro de inteligencia artificial, anunciado tras la sexta edición del Economic Prosperity Partnership Dialogue entre Taipéi y Washington. Lin expresó su confianza en que el Senado estadounidense apruebe una norma que elimine la doble tributación, medida que facilitaría nuevas inversiones bilaterales.
En conclusión, Lin Chia-lung afirma en Foreign Affairs que la “diplomacia de valor agregado” se ha convertido en la base de la política exterior de Taiwán. Según él, los aliados obtienen beneficios prácticos que complementan los valores compartidos, como mayor seguridad, prosperidad y conocimientos para fortalecer la resiliencia democrática.

