El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la imposición de un arancel adicional a productos procedentes de países que mantengan relaciones comerciales con el régimen iraní, argumentando que las políticas y acciones de Irán constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional, la política exterior y la economía estadounidense.
Según la Casa Blanca, el nuevo gravamen “ad valorem” se aplicará a las importaciones de países que compren, importen o adquieran, directa o indirectamente, bienes o servicios procedentes de Irán.
Trump sostuvo que este régimen arancelario permitirá afrontar “de manera más eficaz la emergencia nacional” establecida en la Orden Ejecutiva 12957 de 1995 relativa a Irán.
El secretario de Comercio tendrá la responsabilidad de determinar si un tercer país adquirió bienes o servicios iraníes y deberá informar al secretario de Estado con la información pertinente.
La cartera de Comercio podrá emitir normas y directrices para aplicar la política y preparará un informe para que el Departamento de Estado, tras consultar con otras dependencias, decida si corresponde imponer el arancel adicional y en qué alcance.
La orden presidencial autoriza al secretario de Estado a promulgar regulaciones y tomar las medidas necesarias para ejecutar la nueva política, y permite al presidente modificar la orden según nueva información, recomendaciones oficiales o cambios en las circunstancias.
La Casa Blanca difundió la orden ejecutiva el mismo día en que concluyeron en Mascate (Omán) las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear iraní.
El país mediador indicó que las reuniones se centraron en “crear las condiciones apropiadas para el reinicio de las negociaciones diplomáticas y técnicas”. Irán describió un “buen ambiente” y un “buen comienzo”, señalando un acuerdo “casi total” para continuar los contactos.
En ese contexto, el presidente afirmó que Washington mantuvo “muy buenas conversaciones” en Omán, tras los diálogos indirectos orientados a evitar una escalada de tensiones.
“Mantuve muy buenas conversaciones sobre Irán; parece que Irán quiere llegar a un acuerdo con muchas ganas”, declaró Trump a periodistas a bordo del Air Force One, mientras viajaba a su residencia en Mar-a-Lago, Florida.
El mandatario añadió que las delegaciones volverán a reunirse “a principios de la próxima semana” y señaló que, aunque en el pasado Irán pudo haber optado por no cerrar un acuerdo, ahora aparenta una mayor disposición; subrayó que las consecuencias serían severas si no se logra un entendimiento.
Tras el encuentro en Omán, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, calificó las conversaciones de “muy positivas”. En declaraciones a la televisión estatal, dijo que se intercambiaron puntos de vista y que es “un buen comienzo”, y que ambas partes acordaron continuar las negociaciones, definiendo posteriormente modalidades y calendario; luego viajó a Doha, Catar.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Omán confirmó en X que actuó como mediador. El canciller omaní, Badr al-Busaidi, se reunió por separado con Araqchi, con el enviado especial estadounidense para Oriente Medio, Steve Witkoff, y con Jared Kushner. Según la cancillería, las consultas buscaron preparar las condiciones para reanudar negociaciones diplomáticas y técnicas, garantizando su importancia para lograr seguridad y estabilidad sostenibles.
Por otra parte, la administración Trump anunció nuevas sanciones para frenar las exportaciones petroleras iraníes. El Departamento de Estado informó que las medidas afectan a 15 entidades, dos personas y 14 buques de la denominada “flota fantasma” vinculados al comercio de petróleo y productos petrolíferos iraníes.
El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, declaró que el presidente está “comprometido a reducir las exportaciones ilícitas de petróleo y petroquímicos del régimen iraní” como parte de la campaña de máxima presión de la administración.

