La pintura renacentista conocida como La dama del armiño, realizada alrededor de 1490 por Leonardo da Vinci, es uno de los cuatro retratos femeninos atribuidos al artista y se ha convertido en una obra emblemática por su historia y su carga simbólica. Actualmente forma parte del patrimonio del Estado polaco tras la compra de 2016, por 100 millones de euros, que garantizó la permanencia de la colección Czartoryski como bien público. Identificada de forma concluyente como el retrato de Cecilia Gallerani, la obra experimentó múltiples traslados y protecciones durante reformas de museo, la ocupación nazi y otros episodios de la historia europea, y hoy se exhibe en el Museo Czartoryski de Cracovia.
En el siglo XX la pintura vivió episodios significativos relacionados con la Segunda Guerra Mundial: fue escondida en un castillo, hallada y requisada por tropas nazis y trasladada a Berlín; en 1940 Hans Frank, gobernador general de la Polonia ocupada, ordenó que regresara a Cracovia, donde permaneció hasta el final del conflicto. Las tropas aliadas la recuperaron en la mansión de Frank en Baviera, con daños detectables —entre ellos una marca en una esquina atribuida a impacto—. En 1991 el gobierno polaco la devolvió a la familia Czartoryski y en 2016 la colección pasó a formar parte del patrimonio público.
Los análisis técnicos y la documentación especializada señalan a Cecilia Gallerani como la modelo: una joven de origen sienés que fue amante del duque de Milán, Ludovico Sforza. La identificación, avalada por la investigación histórica, es aceptada de manera generalizada. Llegó a la corte milanesa en 1489 con apenas 15 años y ya gozaba de reputación como poeta y música; fue favorecida por el duque hasta su matrimonio con Beatriz de Este en 1491 y participó activamente en círculos literarios, escribiendo versos en italiano y latín, lo que le valió apelativos como “Musa” y “Donna docta”.
El retrato fue encargado a Leonardo hacia 1490, en los primeros años del artista como pintor de corte. Poco después de la ejecución, Cecilia quedó embarazada de Ludovico y dio a luz a un hijo, Cesare. Más adelante se casó con Ludovico Carminati de Brambilla, conde de Bergamino, y el duque trasladó a madre e hijo a la residencia de Carmagnola. En 1498 Isabel de Este solicitó temporalmente la obra para compararla con pinturas de Bellini; tras cerca de un mes, el cuadro regresó a su propietaria original.
El significado simbólico gira en torno al armiño que acompaña a Cecilia. Los especialistas coinciden en que, además de aludir al apodo de Ludovico, “L’Ermellino”, y a la Orden del Armiño que recibió en 1488, el animal incorpora otras lecturas: representa pureza y belleza y mantiene una relación fonética con el apellido Gallerani. Leonardo ya empleaba recursos semejantes en otros retratos, introduciendo elementos iconográficos vinculados al nombre o la condición de la modelada.
Desde el punto de vista zoológico, algunos la identifican como armiño y otros como hurón albino, pero el interés principal es su valor alegórico. Las virtudes atribuidas al animal —equilibrio, quietud y pureza— se reflejan en la actitud serena de Cecilia y en la calma del animal. También se ha interpretado como una posible referencia al embarazo de la joven, puesto que en la Italia renacentista se creía que esos animales protegían a las mujeres encinta; además, alusiones míticas al nacimiento de Heracles, en el que intervino un armiño, añaden capas de sentido íntimas y simbólicas.
En términos técnicos, la pintura explora los límites de la representación femenina del Renacimiento. A pesar de intervenciones posteriores —como la supresión de una puerta para lograr un fondo más oscuro y cambios en detalles del peinado y la mano—, La dama del armiño se conserva mejor que otras obras de Leonardo. Estudios con rayos X han mostrado modificaciones anteriores, entre ellas la existencia original de una ventana cuya intensa luz aún se aprecia en el modelado y los reflejos del cuadro.
La composición revela la destreza de Leonardo para sugerir movimiento y estructurar la escena de forma dinámica: la figura femenina y el animal se disponen en una pauta que recuerda una espiral piramidal. Cecilia gira ligeramente hacia la izquierda, y la escena transmite a la vez atención y cierta solemnidad. Las manos, tratadas con gran delicadeza, ponen de manifiesto el dominio anatómico del pintor, y el gesto de la joven, con una sonrisa contenida, muestra cómo Leonardo prefería insinuar las emociones en lugar de explicitaras.
La aparición de una inscripción de atribución en la esquina superior que no cuadra con el contexto histórico apunta a intervenciones modernas. La obra ha sido restaurada en varias ocasiones y sufrió daños durante la guerra. Hoy, expuesta en el Museo Czartoryski, se considera uno de los testimonios más representativos del arte renacentista y de la trayectoria simbólica e histórica que ha seguido a lo largo de los siglos.

