Aproximadamente cien militares estadounidenses han llegado a Nigeria para reforzar la capacidad del Ejército frente a la creciente amenaza yihadista en el país más poblado de África. El Ministerio de Defensa nigeriano confirmó el despliegue el lunes, que llega tras meses de tensión diplomática entre Washington y Abuya por la violencia interna.
Las tropas, descritas por el Estado Mayor nigeriano como “especialistas técnicos”, cumplirán funciones exclusivas de asesoramiento y formación, sin participar en operaciones de combate. El portavoz militar, el mayor general Samaila Uba, señaló que el despliegue responde a una petición formal del Gobierno nigeriano y se centra en “necesidades concretas de formación, apoyo técnico y compartición de inteligencia”.
La presencia estadounidense supone un punto de inflexión en la cooperación bilateral. El 25 de diciembre de 2025, Estados Unidos efectuó su primer ataque aéreo en territorio nigeriano, lanzando más de una docena de misiles Tomahawk desde un buque en el Golfo de Guinea contra campamentos atribuidos al Estado Islámico en el estado de Sokoto. Los bombardeos, coordinados con las autoridades nigerianas, causaron más de cien bajas entre milicianos del grupo Lakurawa, vinculado a la Provincia del Sahel del Estado Islámico.
El presidente estadounidense Donald Trump justificó esos ataques como respuesta a lo que calificó de “genocidio” contra cristianos nigerianos. Tanto el Gobierno de Nigeria como la mayoría de expertos independientes rechazan esa caracterización, al subrayar que la violencia afecta a cristianos y musulmanes por igual. Nigeria, con unos 240 millones de habitantes repartidos aproximadamente al 50% entre ambas confesiones, afronta una crisis de seguridad multidimensional que supera las divisiones religiosas.
El despliegue anunciado es solo la primera fase de una presencia militar más amplia. Funcionarios estadounidenses dijeron a medios locales que se esperan alrededor de 200 militares adicionales en las próximas semanas, que se distribuirán en varias bases del país. Los primeros transportes C-17 ya han empezado a aterrizar en Maiduguri, capital del estado de Borno y epicentro de la insurgencia de Boko Haram desde hace más de una década.
El portavoz presidencial Sunday Dare reconoció que Nigeria necesita “apoyo masivo del Gobierno estadounidense” en términos de aviones de combate y municiones, aunque no precisó cifras ni plazos. La petición refleja las limitaciones operativas de unas Fuerzas Armadas nigerianas que llevan años enfrentando múltiples frentes de inseguridad.
El país arrastra una insurgencia yihadista en el noreste desde 2009, protagonizada por Boko Haram y su escisión, la Provincia de África Occidental del Estado Islámico. En el noroeste, bandas criminales cometen secuestros masivos con fines de rescate; en el estado de Sokoto actúa Lakurawa, una milicia que nació en 2017 como fuerza anticrimen invitada por comunidades locales y que después impuso un régimen de terror bajo interpretaciones radicales de la sharia. En las regiones centrales continúan los choques entre comunidades de agricultores cristianos y pastores fulani musulmanes por el control de tierras fértiles, aunque analistas señalan que estos enfrentamientos responden sobre todo a presiones económicas y disputas por recursos naturales.
El presidente Bola Tinubu, en el cargo desde mayo de 2023, declaró en noviembre pasado una emergencia nacional de seguridad y anunció el reclutamiento de 20.000 agentes de policía adicionales tras una serie de secuestros masivos de estudiantes en colegios católicos. Entre julio de 2024 y junio de 2025, según datos recopilados por organizaciones de derechos humanos, se registraron más de 4.700 secuestros en todo el país.

