14 de febrero de 2026
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EE. UU. realizó más de 30 ataques aéreos contra ISIS en Siria en dos semanas

Estados Unidos confirmó que, entre finales de enero y la primera quincena de febrero, sus fuerzas realizaron más de 30 ataques aéreos contra posiciones del Estado Islámico (ISIS) en Siria.

Estas operaciones, agrupadas bajo la llamada Operación Ojo de Halcón y ejecutadas por el Comando Central (CENTCOM), tuvieron como objetivos infraestructuras, arsenales y centros de comunicación del grupo yihadista.

Según CENTCOM, los bombardeos emplearon munición de precisión lanzada desde aviones de combate, helicópteros y drones, con la finalidad de dañar la capacidad logística de ISIS en áreas estratégicas de Siria. Las acciones incluyeron cinco ataques entre el 27 de enero y el 2 de febrero, seguidos por aproximadamente una decena más la semana siguiente, alcanzando más de 100 objetivos y dejando a más de 50 miembros del grupo abatidos o detenidos.

La campaña aérea fue presentada como una respuesta al ataque del 13 de diciembre de 2025 en Palmira, en el que militantes de ISIS provocaron la muerte de dos militares estadounidenses y de un intérprete civil. El comandante del CENTCOM, Brad Cooper, destacó el carácter preventivo y coordinado de las operaciones para “prevenir el resurgimiento de Estado Islámico en Siria” y asegurar la derrota de la organización. El enviado especial de EE. UU. para Siria, Tom Barrack, señaló que la misión continúa enfocada en combatir a ISIS y en reforzar la capacidad de las fuerzas locales contra el terrorismo.

El panorama en Siria cambió tras la destitución de Bashar al Assad en diciembre de 2024 y la llegada al poder del gobierno liderado por Ahmed al Sharaa en Damasco. Esa transición planteó nuevos retos para diversas facciones locales e internacionales, incluidas las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la milicia kurda que hasta entonces administraba amplias zonas y cooperaba con Washington.

Paralelamente a los ataques aéreos, Estados Unidos completó la transferencia de entre 6.000 y 7.000 detenidos del Estado Islámico desde centros bajo control de las FDS al gobierno de Irak. El traslado, realizado mediante convoyes y vuelos y coordinado con las FDS y fuerzas iraquíes según The Washington Post, destinó a la mayoría de los prisioneros a la cárcel de Al-Karkh, cerca del aeropuerto internacional de Bagdad, mientras un grupo menor permanece en Siria a la espera de su entrega al Ejecutivo sirio.

Este movimiento generó inquietud internacional sobre la seguridad y el destino de los prisioneros. Altos funcionarios estadounidenses dijeron a The Washington Post que existen dudas acerca de la capacidad del nuevo gobierno sirio para mantener el control y evitar liberaciones o fugas que podrían favorecer un resurgimiento yihadista. El 19 de enero, alrededor de 200 prisioneros escaparon durante enfrentamientos en Hasaka; varios siguen desaparecidos.

La reducción progresiva de la presencia militar estadounidense y la débil autoridad del gobierno de Sharaa preocupan a asesores de seguridad y analistas. El asesor iraquí Hussein Allawi pidió cooperación internacional para gestionar el aumento de detenidos, mientras que el exembajador estadounidense James Jeffrey advirtió sobre la dificultad de garantizar estabilidad bajo la actual dirección siria.

Aunque ha perdido territorio, Estado Islámico conserva células activas en provincias como Homs y Deir Ezzor. Expertos advierten que el grupo intenta reconstruir capacidades y ejecutar atentados en Siria, Irak y, potencialmente, en Occidente. Tras la caída de Assad, fuerzas estadounidenses y aliadas han capturado o eliminado a 25 presuntos militantes yihadistas en Siria.

La tensión internacional se mantiene. Estados Unidos, Francia, Alemania y Reino Unido han señalado los riesgos asociados a los vacíos de seguridad en Siria. Las operaciones recientes motivaron reacciones de Rusia e Irán, aliados del nuevo gobierno sirio, que consideran ilegal la permanencia militar estadounidense en el país.

Desde las FDS, el representante Abdulkarim Omar criticó que el pueblo kurdo “se convirtió en víctima de arreglos internacionales concluidos sobre sus cabezas”, lamentando la falta de respuesta exterior. El funcionario sirio Nawar Rahawie reconoció la fragilidad del alto el fuego y la dificultad de sostener la autoridad política y militar en un entorno tan cambiante.

Especialistas y asesores muestran escepticismo sobre la capacidad del gobierno de Ahmed al Sharaa para restablecer la seguridad y contener la amenaza de Estado Islámico, y señalan que los desafíos actuales pondrán a prueba la resistencia y viabilidad de la nueva administración siria.

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