16 de febrero de 2026
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Riesgo oculto de la grasa en el cáncer

El 4 de febrero se conmemoró el Día Mundial Contra el Cáncer, una fecha dedicada a promover la prevención, la detección temprana y el tratamiento. La nutrición desempeña un papel fundamental en la prevención, el manejo y la recuperación después de la enfermedad. La obesidad es reconocida como la segunda causa de cáncer evitable, por lo que su control constituye una estrategia preventiva de amplia aceptación.

El riesgo de desarrollar cáncer aumenta en proporción directa al porcentaje de grasa corporal y al tiempo que la persona ha vivido con obesidad. Esta mayor probabilidad existe incluso cuando no se presentan las enfermedades asociadas a la obesidad, como dislipidemias o hipertensión arterial.

Hasta la fecha se ha asociado la obesidad con un mayor riesgo en hasta 13 tipos de cáncer: meningioma, adenocarcinoma de esófago, mieloma múltiple, tiroides, mama, hígado, vesícula biliar, porción superior del estómago, páncreas, colon y recto, riñón, endometrio y ovario. En concreto, el riesgo de cáncer de endometrio aumenta aproximadamente en un 30 %, y en el caso del cáncer de mama puede superar fácilmente el 40 %. En todos estos casos, la sola presencia de obesidad incrementa de forma significativa la probabilidad de desarrollar cáncer.

La obesidad, aun cuando no produce síntomas evidentes como dolor, fiebre o inflamación visible, genera cambios importantes en la estructura y el funcionamiento del organismo. Estos efectos son más pronunciados cuanto mayor es la acumulación de grasa y más prolongado es el tiempo con obesidad.

El exceso de tejido adiposo provoca un estado de inflamación crónica subclínica, que no necesariamente cursa con dolor ni fiebre, pero que está presente y puede alterar la regulación genética a través de sustancias inflamatorias. Asimismo, puede favorecer la multiplicación descontrolada de células que en condiciones normales no proliferarían.

Además, la obesidad eleva los niveles de hormonas sexuales (estrógenos y testosterona), de insulina, del factor de crecimiento similar a la insulina (IGF-1) y de otros mediadores que pueden estimular la proliferación celular y el crecimiento de células con potencial oncogénico.

Especialmente la grasa abdominal puede ejercer presión y afectar la estructura y función de órganos como el hígado, los intestinos o el riñón, contribuyendo a condiciones que, con el tiempo, favorecen el desarrollo de células malignas.

En el Perú el sobrepeso y la obesidad es un problema de salud pública

La obesidad se define como una acumulación de grasa corporal por encima de los niveles considerados normales para la edad, el sexo o el nivel de actividad física. No siempre se identifica por una apariencia evidentemente corpulenta: una persona con extremidades delgadas pero con una circunferencia abdominal superior a 100 cm puede ser considerada obesa. Incluso quienes parecen tener una silueta “saludable” pueden presentar un porcentaje de grasa corporal en rango de obesidad.

En el Perú, con datos actualizados hasta 2024, más del 60 % de la población mayor de 15 años presenta exceso de peso (sobrepeso u obesidad). En la población infantil, la situación también es preocupante: el 8.6 % de los menores de 5 años y el 38.6 % de los niños entre 6 y 14 años tienen sobrepeso u obesidad.

La obesidad es una inflamación silenciosa que transforma el organismo y aumenta el riesgo de cáncer. No conviene normalizar cifras que muestran que casi 7 de cada 10 peruanos tienen exceso de peso. Si no se actúa desde el hogar, la escuela, los centros de trabajo y las políticas públicas, es probable que en los próximos años aumente de forma sostenida la carga de cánceres prevenibles. El cáncer no siempre comienza con un tumor; muchas veces se inicia con hábitos que decidimos no cambiar.

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