Joyce Carol Oates —autora estadounidense activa en X— reavivó la discusión sobre Cumbres borrascosas tras el estreno de la película dirigida por Emerald Fennel. Oates señaló que muchos de los comentarios sobre la novela son “tristes” porque, a su juicio, gran parte del público solo ha leído la primera parte y no la segunda; recordó que la obra tiene una ambición considerable al narrar una experiencia que se desarrolla a lo largo de décadas. La conversación en redes reunió además un cruce generacional sobre cómo se reciben los clásicos del siglo XIX.
Oates señaló una distancia marcada entre los hábitos lectores actuales y lo que exige una obra como Cumbres borrascosas, y por eso calificó ciertos comentarios como tristes. La escritora —conocida por libros como Blonde— comparó el debut de Emily Brontë con el de su hermana Charlotte, autora de Jane Eyre, y lo describió como un logro notable para una novelista primeriza.
Desde su experiencia como profesora de literatura, Oates también puso en duda la facilidad con que los lectores del siglo XXI pueden asimilar textos decimonónicos: dijo que hoy probablemente no intentaría enseñar la novela salvo a estudiantes universitarios muy interesados en literatura, que sí podrían comprenderla sin dificultades.
Transformación educativa clásica
Recordando su formación escolar, Oates contrastó la enseñanza de su época con el panorama educativo actual. Indicó que en los institutos de Williamsville (Nueva York) se enseñaban autores como las Brontë, Dostoyevski y Thoreau, libros que hoy podrían considerarse demasiado exigentes y ser descartados por algunos como “basura”.
Comentó que aquellos estudiantes sí leyeron y aprendieron con esas obras, y añadió que los estadounidenses del siglo XIX mantenían una práctica de correspondencia elocuente entre ellos, lo que también formaba parte de su vida cultural.
Impacto de la adaptación fílmica
Sobre la nueva adaptación cinematográfica, Oates propuso la posibilidad de una lectura radicalmente distinta de la novela: imaginó una interpretación en la que Heathcliff fuera, o pudiera ser, un hijo no reconocido del terrateniente Earnshaw —un heredero marginado de piel oscura—, lo que añadiría otra capa de tensión social a la historia.
En cambio, señaló que la película de Fennel, según varias críticas, parece centrarse en un romance apasionado entre personajes blancos; algo que, opinó, puede funcionar comercialmente pero resulta menos interesante desde otros enfoques interpretativos.
Redes sociales y cultura Brontë
Oates ya había reflexionado en 2024 sobre el impacto de las redes sociales en la imaginación y la creación literaria, y usó el ejemplo de las Brontë para ilustrarlo: si hubieran tenido TikTok, dijo, su aislamiento y su vida en la rectoría junto al cementerio habrían cambiado, pero en su realidad solitaria contaron historias entre ellas que luego dieron lugar a obras como Cumbres borrascosas y a personajes románticos como Rochester.
Cuestionó el papel a largo plazo de las plataformas digitales en la vida creativa: advirtió que, pese a su atractivo inmediato, las redes pueden a la larga empobrecer la imaginación y debilitar el alma.
Comparaciones literarias y humor
Oates también evocó la temprana creación de Mary Shelley, recordando que Frankenstein —o El moderno Prometeo— comenzó cuando Shelley tenía dieciocho años y se completó a los diecinueve, un proceso que describió como un logro comparable al de las primeras novelas de las Brontë.
En tono irónico, recordó además una observación de 2016 sobre la corrección moderna: bromeó con la idea de que el título Wuthering Heights podría haberse convertido en “Withering Heights” por culpa del autocorrector.
Por último, planteó una comparación entre Emily Brontë y Jane Austen: definió Cumbres borrascosas como una versión “bad-boy-Byroniana” de las novelas de Austen. Con ello señaló el contraste entre la literatura de Austen —centrada en relaciones reguladas por normas sociales, ironía y códigos de cortesía— y la de Brontë, que lleva el amor y el conflicto a un terreno más oscuro, pasional y desbordado, encarnado en la figura tormentosa y casi salvaje de Heathcliff.

