20 de febrero de 2026
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León XIV abre debate sobre salud global y su impacto en Argentina

Del 16 al 18 de febrero, Roma fue sede de un encuentro destacado sobre salud global organizado por la Pontificia Academia para la Vida en el Instituto Augustinianum. Bajo el lema “Healthcare for All: Sustainability and Equity”, cerca de 300 especialistas en bioética, salud pública, economía y derecho sanitario se reunieron para debatir desafíos actuales. La apertura estuvo a cargo del Papa León XIV en el Palacio Apostólico, donde señaló que la salud no es solo un derecho individual sino una dimensión del bien común que reclama responsabilidad colectiva frente a conflictos y desigualdades; subrayó la necesidad de dedicar recursos humanos y técnicos a la protección de la vida y la salud.

Bajo la nueva presidencia del Mons. Renzo Pegoraro, la Asamblea giró en torno a la pregunta de cómo garantizar el derecho a la salud en contextos de recursos limitados, envejecimiento poblacional, enfermedades crónicas, innovación biotecnológica y desigualdades crecientes. Estos dilemas son centrales para cualquier sistema de salud y adquieren rasgos particulares en esquemas mixtos como el argentino, que combinan cobertura pública, obras sociales y prestadores privados bajo presiones judiciales y presupuestarias.

Entre los participantes figuraron expertos internacionales como Ezekiel Emanuel (UPenn), Mariana Mazzucato (UCL), Francesca Colombo (OCDE), Walter Ricciardi (Cattolica), Masahiko Taniguchi (Japón), Emili Bargalló (España), Stefano Semplici (Tor Vergata) y Sheila Tlou (Botswana), junto a otros académicos de instituciones como KU Leuven, Harvard, Georgetown, Oxford y diversas universidades de India y Europa, lo que permitió un diálogo interdisciplinario y global sobre sistemas y políticas sanitarias comparadas.

Un concepto central del encuentro fue la distinción entre “salud para todos” y “salud para todo”, útil para ordenar discusiones sobre derechos, asignación de recursos y políticas públicas, en especial en lo concerniente a financiamiento, priorización de tratamientos, adopción tecnológica y responsabilidades institucionales.

Esta distinción, desarrollada en el libro Ética y Políticas Públicas por el rabino y doctor en filosofía Fishel Szlajen —bioeticista argentino y miembro de la Pontificia Academia para la Vida desde 2017 y de la Comisión Nacional de Bioética—, fue reafirmada durante la Asamblea como una clave interpretativa para las tensiones actuales en los sistemas de salud. También participaron otros miembros argentinos de la Academia, como Rubén Revello, Graciela Moya y Leonardo Pucheta, fortaleciendo la representación nacional.

Szlajen fue entrevistado por Infobae durante la Asamblea y vinculó el debate internacional con los desafíos concretos de la Argentina, aportando matices teóricos y prácticos para la toma de decisiones sanitarias en contextos limitados.

Señaló que en muchos países el problema no es tanto el reconocimiento formal del derecho a la salud, sino la falta de criterios éticos e institucionales claros para hacerlo efectivo. Explicó que “salud para todos” implica acceso universal y equitativo, mientras que la noción de “salud para todo” puede traducirse en una pretensión de cobertura ilimitada sin evaluación de impacto, lo que termina debilitando al sistema.

Este diagnóstico conecta con la realidad argentina, donde la judicialización de la salud crece en casos de tratamientos de alto costo. Szlajen advirtió que, sin procedimientos de priorización, proporcionalidad y sostenibilidad basados en evidencia científica y evitando prestaciones experimentales, la intervención judicial tiende a generar desigualdad e ineficiencia. Señaló además que decisiones tomadas caso por caso en tribunales, sin reglas claras, hacen que el sistema sea reactivo y favorezca a quienes tienen mayor capacidad de litigio.

Otro eje del debate fue la contribución de distintas tradiciones éticas a la sostenibilidad del sistema sanitario. Szlajen destacó, por ejemplo, que la bioética judía aporta una visión de universalidad que pone el acento en la responsabilidad colectiva, la institucionalidad del cuidado y la necesidad de justificación y trazabilidad en las decisiones públicas. Según explicó, este enfoque no impone decisiones concretas sino procedimientos para decidir con criterios clínicos, legales y éticos razonables y mecanismos que legitimen las resoluciones en contextos de recursos limitados y pluralidad de valores.

También se trataron problemas que desafían la sostenibilidad sanitaria, como el envejecimiento poblacional, la salud mental, la discapacidad, las migraciones, los conflictos armados, las enfermedades crónicas y las epidemias. En todos esos ámbitos la equidad aparece como una tensión real entre la vulnerabilidad de grupos, los recursos disponibles y la responsabilidad de las instituciones.

Las sesiones finales centradas en tecnologías emergentes y políticas públicas coincidieron en una advertencia: sin límites éticos y marcos regulatorios claros, la innovación puede profundizar desigualdades, especialmente en economías donde la incorporación tecnológica suele adelantarse a la normativa y a la planificación presupuestaria.

Desde la perspectiva de una bioética institucional, Szlajen recomendó evitar dos reduccionismos: un utilitarismo que absolutice el costo-beneficio y un igualitarismo que ignore los límites materiales del sistema. Para él, garantizar el derecho a la salud requiere equilibrar dignidad humana, equidad y sostenibilidad institucional.

En su mensaje inaugural, el Papa León XIV reiteró la centralidad de la dignidad humana, la equidad y la responsabilidad institucional en el diseño de políticas sanitarias, insistiendo en que estas deben reflejar un compromiso concreto con los más vulnerables y con la promoción del bien común.

El balance final de la Asamblea dejó una lección aplicable al debate argentino: el riesgo mayor no es reconocer que existen límites, sino negarlos. Pensar el derecho a la salud con criterios éticos claros, apoyo en evidencia científica y sostenibilidad institucional no lo debilita, sino que lo protege, concluyó Szlajen.

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