Donald Trump anunció este miércoles que viajará a Pekín los días 14 y 15 de mayo para reunirse con el presidente chino Xi Jinping, en una cumbre que fue aplazada casi siete semanas por la guerra en Irán. La Casa Blanca confirmó además que Xi realizará una visita de reciprocidad a Washington en una fecha por determinar. Será la sexta reunión entre ambos mandatarios en este mandato y la primera vez que un presidente de Estados Unidos se reúne con Xi en suelo chino desde 2017.
Trump publicó el anuncio en Truth Social, calificando el encuentro como “un evento trascendental”, y dijo que él y la primera dama, Melania Trump, recibirán al presidente chino y a su esposa, Peng Liyuan, en la Casa Blanca más adelante en el año. La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, sugirió que la reprogramación podría estar vinculada al desarrollo del conflicto iraní: al preguntársele si eso implicaba un pronto fin de la guerra, respondió: “Siempre hemos estimado entre cuatro y seis semanas. Así que puedes hacer los cálculos”.
La cumbre estaba prevista entre el 31 de marzo y el 2 de abril, pero Trump la pospuso para permanecer en Washington y supervisar las operaciones militares que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán el 28 de febrero. El conflicto complicó los preparativos diplomáticos: Trump advirtió que podría retrasar de nuevo el viaje si China no ayudaba a desbloquear el estrecho de Ormuz, cuyo cierre por parte de Teherán interrumpió cerca del 20% del suministro energético mundial. La presión se centró en que China transporta alrededor del 90% de su petróleo por ese paso.
Trump convocó a China, Francia, Japón, Corea del Sur y Reino Unido a formar una coalición naval para escoltar buques cisterna por el estrecho, pero la respuesta fue moderada. Pekín se limitó a decir que “todas las partes tienen la responsabilidad de garantizar un suministro de energía estable” sin asumir compromisos concretos. Irán, por su parte, permitió el tránsito de buques con bandera china, lo que redujo los incentivos de Beijing para actuar conjuntamente con Washington. A pesar de estas fricciones, las conversaciones avanzan: el secretario del Tesoro, Scott Bessent; el representante comercial Jamieson Greer; y el viceprimer ministro chino He Lifeng sostuvieron reuniones en París que, según Reuters, fueron “notablemente estables” y registraron avances en agricultura, minerales críticos y gestión comercial bilateral.
El trasfondo arancelario añade complejidad. En febrero, el Tribunal Supremo anuló por seis votos contra tres los aranceles impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia. La administración respondió invocando la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que autoriza aranceles de hasta 15% por 150 días. La tasa vigente del 10% vence el 24 de julio, lo que convierte la cumbre de mayo en una ventana clave para negociar antes de que el Congreso deba decidir sobre una posible prórroga, algo que muchos analistas consideran poco probable. La agenda supera lo comercial: Taiwán —que Pekín considera parte de su territorio— estará en los debates, junto con la rivalidad tecnológica y la coordinación sobre Ucrania, en un momento en que Washington negocia con Moscú y China mantiene influencia sobre Rusia. La última reunión entre Trump y Xi fue en octubre de 2025 en Busan, Corea del Sur, al margen de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, donde acordaron una tregua comercial que la sentencia judicial de febrero volvió a poner en cuestión. La cita de mayo afronta ahora más incógnitas que entonces.



