10 de mayo de 2026
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Vuelo misterioso del número dos del Reich a Gran Bretaña

Era de noche en Escocia la madrugada del sábado 10 de mayo de 1941 cuando el granjero David McLean oyó un avión volando a baja altura y vio cómo se estrellaba en llamas. Salió a ayudar y encontró a un hombre en el campo luchando con su paracaídas. Al advertir su uniforme, McLean le preguntó si era alemán.

—Sí, soy el capitán Alfred Horn. Traigo un importante mensaje para el duque de Hamilton —respondió el piloto en inglés.

El hombre se había lesionado un pie; McLean lo llevó a su casa, donde su madre le ofreció una taza de té. Mientras el supuesto capitán descansaba, McLean llamó a la policía y poco después llegó el comandante Graham Donald, del Scottish Royal Observer Corps, a quien el aviador volvió a pedir que lo condujera ante el duque.

A la mañana siguiente, ya frente a Douglas Douglas-Hamilton —duque y oficial de la aviación británica—, el hombre se identificó: “Soy Rudolf Hess”, dijo, y explicó que había llegado intentando negociar la paz entre Alemania y el Reino Unido, con la intención de entrevistarse con Winston Churchill.

El duque, escéptico, le pidió que detallara su propuesta. Hess expuso cuatro condiciones: 1) delimitar las zonas de influencia, con Alemania en Europa y Gran Bretaña en su imperio, excluyendo las antiguas colonias alemanas; 2) establecer indemnizaciones recíprocas para súbditos sancionados por el conflicto; 3) devolver las antiguas colonias a Alemania y considerar a Rusia geopolíticamente dentro de Asia; y 4) pactar un armisticio simultáneo seguido de un tratado de paz tripartito que incluyera a Italia.

Hamilton quedó sorprendido por las condiciones y consideró que negociaciones de ese tipo no podían confiarse a un emisario que había aparecido tras estrellarse; Hess no explicó cómo había llegado hasta allí.

Un vuelo clandestino

En realidad nadie sabía cómo había llegado. La tarde anterior, Hess se había despedido de su esposa Ilse diciendo que viajaría a Augsburgo y luego a Berlín. Iba vestido con un uniforme gris azulado de la Luftwaffe con insignias de capitán y subió a un Messerschmitt Bf 110 modificado con depósitos extra de combustible, que le daban unos 1.800 litros y un alcance cercano a 2.500 kilómetros. A las 17:45 despegó.

Después de tres horas sobre el mar del Norte, se aproximó a la costa de Northumberland y a las estaciones radar que vigilaban la zona. Llegó a Escocia alrededor de las 22:30 y trató de localizar Dungavel House, la residencia del duque de Hamilton, donde esperaba entrevistarse con Churchill. Aunque tenía memorizada la imagen aérea de la finca, no la encontró y la oscuridad le impedía identificar un lugar seguro para aterrizar. Al notar el consumo de combustible, comprendió que ya no podía seguir buscando.

Subió a 1.800 metros, apagó los motores y abrió la cabina, pero la presión del viento le dificultó salir. Puso el avión boca abajo para amortiguar el impacto, se impulsó hacia atrás, logró saltar y abrió el paracaídas. El aparato se estrelló y se incendió, mientras Hess descendía y cayó en un campo envuelto en su paracaídas.

Así comenzó uno de los episodios más insólitos y enigmáticos de la Segunda Guerra Mundial, protagonizado por quien hasta entonces era considerado el colaborador más cercano y potencial sucesor político de Adolf Hitler.

Al cumplirse 85 años de ese episodio, persisten las preguntas: ¿por qué viajó Hess solo y clandestinamente desde Alemania a Gran Bretaña para lanzarse en paracaídas? Existen dos grandes líneas interpretativas: una sostiene que actuó sin el conocimiento de Hitler para recuperar su favor tras haber perdido influencia; la otra afirma que Hitler aprobó, o al menos conocía, la iniciativa pero la negó tras su fracaso. Ambas versiones apoyan sus argumentos en la relación personal de Hess con Hitler y en su declive político previo a marzo de 1941, cuando Alemania abrió el frente oriental contra la Unión Soviética.

El camarada más cercano

Rudolf Hess, nacido en 1899 en la Alejandría bajo control británico, era cinco años menor que Hitler. Ambos combatieron en la Primera Guerra Mundial y compartían la creencia en una supuesta conspiración que explicaría la derrota alemana. Se conocieron en 1920 durante un acto en Múnich y Hess se afilió al NSDAP el 1° de julio de ese año como miembro número 16.

Participaron juntos en el fallido putsch de Múnich de 1923 y fueron encarcelados en Landsberg, donde Hess colaboró con Hitler en la redacción de Mein Kampf. Tras ser liberados en 1924, Hess se consolidó como secretario privado y asistente personal de Hitler, presencia habitual en sus actos y una de las pocas personas con acceso directo e inmediato al líder. Su cercanía se tradujo en ascensos dentro del partido, y en diciembre de 1932 fue nombrado comisionado político central del NSDAP.

Ascenso y caída del número dos

Con la llegada de Hitler a la cancillería en enero de 1933, Hess acumuló poder: fue designado lugarteniente del führer en el partido y miembro del gabinete como ministro sin cartera. Coordinó varios departamentos civiles y participó en la redacción de decretos, incluido el marco legal que permitió acciones persecutorias contra los judíos. No obstante, la mayor parte de las responsabilidades militares, policiales y de política exterior quedaban fuera de su control.

Antes de la guerra mostró su influencia; en el conflicto su déficit administrativo y político quedó expuesto. Otros altos dirigentes nazis —como Göring, Bormann, Goebbels y Himmler— fueron ganando terreno y desplazándolo, acusándolo de blandura e ineficacia. Aunque seguía cercano a Hitler por su historia compartida, su poder real disminuyó.

En marzo de 1941, con la invasión de la Unión Soviética, una hipótesis sostiene que Hess intentó recuperar la confianza de Hitler negociando la paz con Gran Bretaña para permitir el despliegue de más tropas al frente oriental. La idea, en todo caso, era poco realista: la Luftwaffe había realizado intensos bombardeos contra objetivos británicos entre junio y octubre de 1940 —la Batalla de Inglaterra— y es improbable que Churchill aceptara una negociación de ese tipo. Aun así, la noche del 10 de mayo de 1941 Hess se lanzó en paracaídas sobre Escocia y presenció el desastre de su avión.

En Londres y en Berlín

El duque Douglas-Hamilton trasladó la noticia a Londres y la mañana del domingo 11 fue recibido por Churchill en Downing Street. El primer ministro envió a sir Ivone Kirkpatrick, experto en relaciones con Alemania que conocía a Hess, para confirmar su identidad e interrogarlo. Tras recibir el informe, Churchill ordenó su detención: Hess fue encarcelado en la Torre de Londres y luego trasladado bajo estricta custodia a Mytchett Place, una residencia conocida con el nombre en clave “Campo Z”, en Aldershot.

En Berlín la noticia provocó asombro. Muy temprano el domingo 11, Hitler recibió una carta manuscrita de Hess en la que anunciaba que estaría en Inglaterra y explicaba su propósito, agregando que, si fracasaba, nadie tendría que asumir la responsabilidad. Según relatos de la época, Hitler reaccionó con ira, convocó a sus principales colaboradores y ordenó a su ministro de Relaciones Exteriores que asegurara a Mussolini que Alemania no firmaría una paz separada con Gran Bretaña. Göring, furioso, culpó a la Luftwaffe de permitir el vuelo de Hess y reprochó al fabricante del avión, Willy Messerschmitt. Años después Messerschmitt recordó el intercambio con Göring, que cuestionó cómo se le había prestado un avión a Hess, y su respuesta de que no podía negar un aparato al lugarteniente del Führer.

En silencio hasta la tumba

Tras el fracaso de su misión, Hess permaneció detenido en el Reino Unido. En octubre de 1945 fue remitido a Alemania para ser juzgado en Núremberg, donde fue declarado culpable de crímenes contra la paz y de conspiración para cometer crímenes. Evitó las condenas por crímenes de guerra y contra la humanidad y fue sentenciado a cadena perpetua.

El 18 de julio de 1947 fue internado en la prisión de Spandau junto a otros dirigentes nazis que no recibieron la pena de muerte. Con el paso de los años fue quedando como único recluso; en 1966, tras la liberación de Albert Speer, Hess permaneció solo en la cárcel y conservó el número 7 asignado desde su ingreso.

La mañana del 17 de agosto de 1987, a los 93 años, salió de su celda rumbo a la “casa de verano” —una sala de lectura en el jardín— y se ahorcó usando el cable de una lámpara que ató a una reja. En uno de sus bolsillos se halló una carta breve dirigida a su familia y una nota pidiendo que se comunicara su mensaje al hogar; en la misiva agradeció a sus seres queridos pero no ofreció explicaciones sobre su vuelo a Gran Bretaña, sobre el que nunca más habló ni escribió.

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