El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Oleksandr Syrskyi, firmó un decreto que fija en dos meses el tiempo máximo de permanencia de los soldados en posiciones de primera línea, con la obligación de rotarlos en el plazo de un mes desde el fin de ese periodo. La medida incluye evaluaciones médicas periódicas y garantías de suministro de alimentos y municiones, y constituye el primer intento formal del ejército ucraniano para regular el desgaste humano en las trincheras después de más de cuatro años de guerra con Rusia.
La orden se produjo tras la difusión de fotografías tomadas por familiares de miembros de la 14.a Brigada Mecanizada Independiente que mostraban a combatientes visiblemente demacrados y con signos de desnutrición severa. Las imágenes se viralizaron en Ucrania y en medios internacionales, y mostraron que esos soldados llevaban meses desplegados en el sector de Kúpiansk, en la región de Járkov, sin un suministro estable de alimentos, agua potable ni combustible. Testimonios recogidos por medios ucranianos y por The Guardian indican que algunos pasaron hasta 17 días sin raciones y llegaron a beber agua de lluvia, y que varios perdieron entre 30 y 40 kilogramos desde su llegada al frente.
El Estado Mayor General de Ucrania reconoció la gravedad del caso y admitió que la comandancia de la brigada ocultó la crisis, lo que contribuyó a la pérdida de posiciones. Como resultado, el teniente coronel que mandaba la 14.a Brigada fue destituido, y el general de brigada al mando del 10.o Cuerpo de Ejército fue relevado y degradado. El Estado Mayor explicó que el colapso logístico estuvo en parte relacionado con los ataques rusos contra los puentes sobre el río Oskil, que cortaron las rutas terrestres de abastecimiento hacia Kúpiansk y obligaron a depender de drones de carga para enviar suministros.
En su comunicado, Syrskyi sostuvo que la proliferación masiva de drones a lo largo de los 1.200 kilómetros de frente ha cambiado la lógica de las operaciones y ha hecho posible una rotación sistemática. La defensora del personal militar, Olga Reshetilova, había propuesto días antes limitar el tiempo en el frente, argumentando que después de 40 días en posiciones de combate los soldados tienden a desarrollar indiferencia por su propia supervivencia, lo que afecta su salud mental y su eficacia operativa.
El decreto obliga a los comandantes a planificar los relevos con antelación, teniendo en cuenta el terreno, la intensidad de los combates y los recursos disponibles en cada sector. Syrskyi afirmó que una rotación oportuna es una cuestión de preservar vidas y mantener la estabilidad de la defensa, y la orden supone un reconocimiento implícito de que hasta ahora no existía un calendario sistemático de relevos ni garantías de descanso para quienes están en primera línea.
La medida llega en un contexto político y militar delicado: las negociaciones de paz apoyadas por Washington avanzan con lentitud mientras Rusia mantiene su presión ofensiva y, según informaron, en 2026 el Kremlin ordenó el reclutamiento de 261.000 nuevos soldados. En ese escenario, la capacidad de Kiev para sostener a sus tropas en condiciones operativas es tan decisiva como el armamento o el apoyo internacional.

