—¿Cómo comenzó tu pasión por la música?
—Soy folclorista desde hace veintidós años.
—¿Cuántos años tenés?
—Tengo veintiocho años.
Cuando el Tiny Desk de Milo J mostró elementos de la cultura argentina en la National Public Radio de Washington hace poco más de una semana, el país celebró que un artista llevara al escenario internacional referencias como el Martín Fierro, Mercedes Sosa, el “Nunca Más”, las Islas Malvinas y nuestros ritmos tradicionales.
Entre los músicos que acompañaron a Milo, Tamara Meschller destacó por tocar varios instrumentos durante la sesión de 16 minutos; su intervención conquistó a la audiencia y despertó numerosos comentarios en redes.
El video del Tiny Desk acumuló millones de visualizaciones y para la multinstrumentista significó una avalancha de mensajes afectuosos y nuevos seguidores. Tamara, violinista de Rafaela, Santa Fe, directora de orquesta y parte del proyecto de Milo J, comentó a Teleshow que la repercusión la emocionó y le dio mucho orgullo.
En un descanso tras un showcase privado en Miami y antes de seguir la gira hacia Paraguay y Chile, la artista recordó sus inicios acompañando a su padre músico, su formación en la escuela municipal y la culminación de sus estudios de dirección orquestal en la Universidad Nacional del Litoral. Destacó la importancia de la educación pública para su desarrollo profesional.
Durante la charla también abordó su compromiso por dar mayor visibilidad a las mujeres en la música, contó cómo una tormenta de nieve había pospuesto la grabación del Tiny Desk —un espacio donde han tocado artistas como Dua Lipa, Coldplay y Bad Bunny— valoró el papel de las orquestas-escuela y reflexionó sobre la diversidad del país frente al porteñocentrismo. Además mencionó mensajes de público que la conmovieron, como padres que anotaron a sus hijos en escuelas de música tras ver la actuación.
—El resultado final del Tiny Desk con Milo J está a la vista y es hermoso. ¿Tuvieron algunos inconveniente antes de grabarlo?
—Fue un proceso largo. En enero íbamos rumbo a Estados Unidos y una tormenta de nieve obligó a suspender el viaje cuando ya estábamos a mitad de camino. Finalmente pudimos grabar en marzo y fue un alivio y una satisfacción que todo saliera bien. Lo disfrutamos mucho.
—Sos multinstrumentista y te volviste muy viral porque tocás violín, flauta y algunas cosas más en la presentación junto a Milo. ¿Cuántos instrumentos tocás?
—Tocamos violín, flauta traversa, pinkullo y siku; para la canción “Solifican12” incorporamos vientos andinos, lo que tuvo una repercusión notable. Además canto y toco algo de piano por mi formación. Soy directora de orquesta de profesión —estudié dirección orquestal en la Universidad Nacional del Litoral— y he dedicado la vida al estudio de instrumentos. También toco quena, aunque no de forma tan profesional como los otros.
—Contame cómo fueron tus primeros pasos en la música.
—Vengo de una familia folclórica: mi padre es músico y a los seis años subí al escenario con él. Desde entonces quise estudiar música. En Rafaela hay una escuela municipal de música con una formación muy buena, una tecnicatura que se cursa junto con la educación primaria y secundaria.
—¿Qué recuerdos tenés de esos años de formación?
—Estudié violín y flauta traversa de forma más académica en esa escuela y luego me especialicé en dirección orquestal, mudándome a Buenos Aires. Siempre mantuve el vínculo con el folclore, acompañando primero a la banda de mi padre y luego a otros artistas. Me pone muy orgullosa trabajar con un artista joven y talentoso como Milo y poder acompañarlo desde el lugar musical.
—¿Qué valor le das a la educación pública?
—Toda mi formación —primaria, secundaria, la tecnicatura de la escuela municipal y la licenciatura— fue en instituciones públicas. Siendo hija de un músico que además trabajaba en una fábrica, esto no habría sido posible de otra manera. La educación pública me abrió muchas puertas y estoy muy agradecida.
—Muchas orquestas en los barrios sirven como lugares de contención social.
—Los programas de orquestas-escuela son muy valiosos para la cultura y la inclusión en el país. Hay instrumentistas que hoy tocan en espacios como el Teatro Colón y que se formaron en esas orquestas; recortarles presupuesto sería un error.
—¿Qué pensás sobre la presencia de mujeres en escenarios populares?
—Todavía es difícil ver mujeres violinistas en esos escenarios; hace falta más representación. Fue necesario implementar una ley de cupo para avanzar, y sigue siendo una deuda por saldar. Ojalá haya más mujeres y también más jóvenes, de ambos géneros, interesadas en aprender instrumentos.
—La vida era más corta, el último álbum de Milo J del que formás parte, está dedicado a la “Argentina marrón”. ¿Qué reflexión te genera?
—Apoyo ese mensaje. Como alguien de provincia, me parece importante salir del porteñocentrismo y visibilizar la diversidad del país. Tenemos una Nación amplia y plural, y todos deben estar representados.
—¿Cuáles son tus expectativas para lo que viene?
—No sé exactamente qué pasará: la cantidad de cosas que suceden es enorme. Hace poco tocamos en un estadio en Perú que se llenó rápidamente; la vorágine alrededor del proyecto de Milo es muy grande. Estamos preparándonos física y mentalmente para acompañar este momento con alegría y veremos qué sigue.
—¿Tenés algún gran deseo pendiente en lo profesional?
—De niña soñé con tocar en Cosquín y lo cumplí; después me propuse otro sueño, tocar en un gran estadio, y lo logré con Milo en Vélez. Quizá quede River u otro objetivo así, pero ahora disfruto este presente y trato de no anticipar demasiado. Me siento viviendo un sueño cada día.
—¿Qué le decís a quiénes quieren elegir la música como su camino?
—Hay que estar preparados: la carrera musical es difícil y requiere sacrificio, pero también disciplina para aprovechar oportunidades. Mi consejo es estudiar música. Me ofrezco a ayudar a quien lo necesite, con clases o apoyo, y me alegraría participar en una comunidad de violinistas mujeres.

