Tras la mesa política celebrada ayer por la tarde en la Casa Rosada, quienes participaron aseguraron que la marcha universitaria no fue un tema tratado en la reunión; otros dijeron que sólo se abordó de forma muy superficial entre los principales funcionarios del entorno de Javier Milei.
“Es que todavía estaba ocurriendo”, comentó, con cierto tono irónico, un funcionario al referirse al mitin encabezado por Karina Milei y Manuel Adorni, con la presencia de los primos Martín y Lule Menem, Diego Santilli y Patricia Bullrich. Más tarde, desde la Policía Federal se informó un registro de 135.000 personas en la Plaza de Mayo y sus alrededores; la Universidad de Buenos Aires (UBA) estimó cerca de 1,5 millones, una cifra que, según observadores y las imágenes del lugar, resultó más plausible para muchos.
La estrategia del Gobierno frente a la cuarta marcha universitaria por el financiamiento de la educación superior osciló entre minimizar el evento y criticarlo. Mantuvieron la postura, sostenida desde hace dos años, de considerar esas protestas como actos de carácter “político” o partidario y, ni en público ni en privado, admitieron que las imágenes aéreas del centro porteño repleto de manifestantes pudieran perjudicar la imagen del Presidente.
En el Gobierno siguen anclados en la autopercepción de 2024, cuando la primera gran movilización por el financiamiento universitario no llegó a afectar la imagen de los libertarios. Sin embargo, el escenario político cambió desde entonces y la administración atraviesa hoy un contexto de mayor fragilidad, visible en la caída de su percepción pública y reforzado por el impacto del caso Adorni en las encuestas.
A pesar de la merma en la imagen del Ejecutivo, incluso entre votantes propios, las respuestas oficiales fueron intensas y de tono confrontativo.
Comenzaron con un comunicado recordando que la ley del presupuesto universitario no está vigente por una decisión judicial. Luego la ministra del área, Sandra Pettovello, anunció el lanzamiento de una plataforma virtual para “conocer la realidad de cada una de las universidades nacionales con datos actualizados y fehacientes”, en sintonía con las denuncias sobre supuestos hechos de corrupción y desvío de fondos en algunos centros universitarios. Complementó la estrategia un video explicativo del principal vocero mediático del área, Alejandro Álvarez, difundido ampliamente por los colaboradores de Santiago Caputo en redes.
Por la noche, cuando la protesta se disolvía, el Gobierno también actuó en redes sociales con un afiche al estilo promocional de cine. El título identificaba a “Los promotores de esta marcha política opositora” y mostraba los rostros de dirigentes señalados: Sergio Massa, Axel Kicillof, Juan Grabois; Myriam Bregman y Nicolás del Caño; Martín Lousteau, Elisa Carrió y Horacio Rodríguez Larreta.
Es cierto que esos dirigentes respaldaron la manifestación y que varios se sumaron a la consigna, aunque hubo menos figuras opositoras presentes en el lugar que en otras ocasiones. Las crónicas y testimonios recogidos en la ciudad y en el interior mostraron, además, la notable presencia de “autoconvocados” frente a militantes partidarios o sindicales.
En las sedes del Gobierno, al caer la tarde, la reacción fue de aparente desentendimiento. Sus integrantes confiaban en que la mejora económica que, según dijeron, impulsaría Toto Caputo después de junio —y durante lo que quede del mandato de Milei— alcanzará para recuperar la opinión pública.
En realidad, en varios despachos estaban más preocupados por las disputas internas, como la pugna por la presidencia de la Comisión de Inteligencia entre el protegido karinista Sebastián Pareja y Santiago Caputo. El asesor de Milei, en un gesto llamativo, no asistió a la reunión de la mesa política donde se definieron las prioridades legislativas del año —reunión en la que, según dijeron, no se habló de la marcha universitaria—; en la Casa Rosada indicaron que su ausencia fue avisada. Por la noche, un funcionario resumió: “Estuvo todo muy bien”.

