Un deseo que queda pendiente, un mensaje sin enviar, una lista a medias. Para muchas personas, diciembre llega como una sala de espera llena de objetivos inconclusos y balances personales. Las luces y los brindis contrastan con una voz interna que recuerda lo que no se alcanzó; a medida que se aproxima el nuevo año, la sensación de frustración por metas incumplidas suele intensificarse.
¿Por qué el fin de año genera tanta autocrítica y frustración?
La llegada de diciembre no es solo una fecha en el calendario: suele activar un torbellino emocional.
Cynthia Zaiatz, psicóloga y jefa de Salud Mental del Sanatorio Modelo de Caseros, lo explicó con una imagen clara: “Cuando empieza el año nos proponemos cambios y esperamos que sea diferente, pero cuando se acerca el final muchos sienten que no cumplieron casi nada”. Según la especialista, predomina la tendencia a hacer balances centrados en lo pendiente más que en los avances.
En su relato a Infobae, Zaiatz señaló que muchas personas experimentan sensación de fracaso impulsada por pensamientos automáticos negativos —“no fui capaz”, “no tengo suerte”, “soy un fracaso”— que se instalan con fuerza en diciembre y se agravan en el contexto acelerado de celebraciones, reuniones y compromisos.
¿Qué impacto tienen las expectativas sociales y personales?
El malestar de fin de año no es solo autocrítica individual. María Teresa Calabrese, endocrinóloga, psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), observa que con frecuencia los objetivos se plantean de forma poco realista y bajo presiones externas.
“Generalmente somos muy exigentes con nosotros mismos y nos proponemos más de lo que se puede cumplir”, explicó a Infobae.
A esto se suman mandatos familiares y sociales que presionan para celebrar y mostrarse felices, lo cual puede ser contraproducente cuando se atraviesan pérdidas o desilusiones.
Calabrese añadió que el contexto también influye: “Estamos en tiempos de crisis, tanto en el país como en el mundo. Todo eso influye en nuestras emociones, incluso si no lo notamos”. Factores como la situación económica, conflictos internacionales o amenazas de desempleo pueden amplificar el duelo por lo que no se logró.
¿Cuáles son las señales del malestar emotivo en estas fechas?
Diversos especialistas advierten que las señales más frecuentes son angustia, tristeza, rumiación sobre lo no alcanzado y ansiedad respecto al futuro. El médico psicoanalista de la APA Ricardo A. Rubinstein describió: “Surge el contraste entre lo que se pudo hacer y lo que no, lo que lleva a malestar y frustración”.
Rubinstein señaló que, en algunos casos, ese malestar puede evolucionar hacia cuadros de ansiedad o depresión, especialmente cuando el balance personal se interpreta como una prueba de incapacidad.
Entre los signos de alerta el especialista menciona: estados de angustia, sensaciones de depresión, pensamientos rumiativos sobre lo no concretado y desesperanza respecto al año entrante.
¿Cómo acompañarse en este duelo y a qué recursos recurrir?
“Lo que se ve mucho es el estrés por el caos de diciembre: reuniones, fiestas y la presión de cumplir con todo, y eso agota”, resumió Zaiatz. Frente a ello, los expertos coinciden en la importancia de buscar contención y ser amables con uno mismo.
Calabrese recomienda focalizarse en pocos objetivos para el ciclo siguiente y practicar mayor tolerancia y empatía hacia la propia persona. Sugiere liberarse de mandatos ajenos y, si la familia no acompaña, buscar actividades sociales, voluntariados o espacios colectivos donde compartir.
Rubinstein propone comparar la trayectoria personal a lo largo del tiempo, recordar cómo se superaron fracasos anteriores y evitar el aislamiento. Destaca el valor de hablar de los sentimientos con personas de confianza o con profesionales para ampliar la perspectiva e identificar caminos alternativos.
Acompañarse, revisar expectativas y buscar compañía son recursos que pueden aliviar la presión de las listas inconclusas de fin de año.
Los especialistas consultados por Infobae sostienen que el cierre de año no tiene por qué sentirse como una evaluación estricta ni como una carrera contra el tiempo. Para algunas personas, proponerse menos metas y flexibilizar las formas de celebrar favorece el bienestar, sobre todo en situaciones de crisis o cambios imprevistos.
La clave está en resignificar el balance como una oportunidad para el autocuidado y la empatía, evitando sobrecargarse con metas ajenas o inalcanzables.


