La muerte de Héctor Alterio en Madrid a los 96 años marca el cierre de una etapa relevante para el cine y el teatro en ambos lados del Atlántico. Fue una figura emblemática del espectáculo argentino cuya trayectoria estuvo marcada por el exilio en España durante la última dictadura, los retornos posteriores y una actividad artística sostenida hasta el final. En sus últimas entrevistas habló con humildad sobre el paso del tiempo y el deseo de que se recuerden sus aciertos más que sus errores.
Nacido en Buenos Aires en el seno de una familia de inmigrantes italianos, Alterio contó que la actuación lo atrajo desde joven. Debutó en el teatro a los 19 años con Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona, y compaginó sus primeros pasos en la escena con diversos trabajos para sostenerse mientras estudiaba.
En 1950, con poco más de veinte años, fundó el grupo Nuevo Teatro, impulsor del teatro independiente en Argentina. Su ingreso al cine fue en 1965, pero alcanzó mayor reconocimiento en 1974 con títulos como La Patagonia rebelde y La tregua, esta última nominada al Oscar. Aunque nunca persiguió la fama, su trabajo lo llevó a ocupar un lugar destacado en la actuación.
El exilio fue un punto de inflexión. En 1975, durante una gira por España, recibió amenazas vinculadas a la Triple A que lo llevaron a permanecer allí y empezar de nuevo. La adaptación fue difícil: dejó de ser conocido, sobrevivió con ahorros y la ayuda de amigos y debió afrontar diferencias culturales y de estilo que exigieron un esfuerzo interpretativo permanente.
Tras casi una década, su regreso a Argentina fue celebrado por público y crítica. Volvió acompañado por su entonces pareja Tita, y retomó su carrera con películas destacadas como Camila y La historia oficial, esta última ganadora del Oscar a la mejor película extranjera. Ese período reforzó una identidad marcada por la doble pertenencia, sintetizada en la idea de no sentirse completamente “de aquí ni de allá”.
Buenos Aires permaneció como un eje en su vida y en sus últimos espectáculos. En conversaciones previas a funciones en Madrid expresaba su deseo de volver de visita, aunque descartaba establecerse definitivamente. El tango —en particular la canción Volver— formó parte de su identidad artística y de su vínculo emocional con la ciudad que lo vio nacer.
Su filmografía incluye además títulos clave como Tango Feroz, Caballos Salvajes, El hijo de la novia, A un Dios desconocido y Asignatura pendiente. En reconocimiento a su trayectoria recibió galardones como el Cóndor de Plata honorífico y el Goya de honor.
En televisión dejó actuaciones memorables, especialmente en Vientos de agua, una serie sobre inmigración que resonó con su propia historia y en la que compartió personaje con su hijo Ernesto en distintas etapas. También participó en producciones como Alén, luz de luna, 7 vidas, Cuéntame cómo pasó, El barco, Su majestad y Tiempo final.
El teatro fue su gran amor: actuó desde salas pequeñas de Buenos Aires hasta escenarios internacionales. Entre las obras que integraron su repertorio figuran Casa de muñecas, Un enemigo del pueblo, La sonrisa etrusca, Divinas palabras, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín y El mercader de Venecia. Su última pieza, Una pequeña historia, escrita y dirigida por Ángela Bacaicoa, se presentó como un montaje con rasgos autobiográficos que combinaba drama, humor y música.
En 2023, durante su paso por el Teatro Astros de Buenos Aires, presentó A Buenos Aires, un espectáculo en el que repasó su relación con la ciudad y el paso del tiempo. En ese marco expresó su cariño por la ciudad, su interés por lo que allí ocurre y la ambivalencia que sentía frente a la idea de regresar a vivir.
El paso del tiempo y la reflexión sobre el propio legado fueron constantes en sus declaraciones. Reconocía la rapidez de la vida y manifestaba su deseo de que se valoraran las cosas buenas. Al mismo tiempo, mantenía una gran dedicación por su oficio y la inquietud propia de quien sigue practicándolo con entrega pese a los años.
Su despedida en escena se produjo en Madrid, con tres funciones de Una pequeña historia que conmovieron al público. Hablaba de su modo de trabajo: valorar las palabras, no temer a los silencios y transformar detalles mínimos en momentos potentes. La memoria de barrios como Chacarita y de las calles de su infancia siguieron presentes en su obra.
La familia ocupó un lugar central en su vida. Estuvo orgulloso de sus hijos Héctor y Malena, fruto de su relación con Ángela Bacaicoa, y reconoció con emoción que ambos continuaron la tradición actoral familiar con éxito.
En sus últimos años mantuvo una mirada crítica y reflexiva sobre su carrera: valoró papeles y recuerdos, admitió errores y se esforzó por aprender de ellos para no repetir tropiezos. Ese autocuidado profesional fue parte de su forma de entender la trayectoria.
El tema de “volver” atraviesa toda su historia personal y artística: el regreso como experiencia compleja, cargada de emoción y aprendizaje, que definió su identidad y dejó una huella duradera en la cultura argentina y española. Su voz, su presencia y su trabajo permanecen como legado de una vida dedicada al teatro y al cine.


