15 de enero de 2026
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El papel de los mayores en las tradiciones navideñas familiares

La Navidad sigue siendo un ritual centrado en la familia, pero se celebra hoy con nuevas configuraciones y dinámicas que reflejan los cambios sociales y culturales del país.

Según la psicóloga Ileana Mateo (matrícula 2713), la fiesta mantiene su capacidad de reunir generaciones distintas, aunque ya no se limita a la familia nuclear: en la mesa conviven familias ensambladas, extensas y arreglos en los que los hijos alternan celebraciones entre distintos hogares.

La menor natalidad ha reducido la presencia de niños y, con ello, el clima de algunas reuniones. Mateo observa además que la Navidad ha dejado de ser un deber familiar automático para transformarse en un vínculo más elegido, cuidado y consciente.

La familia continúa siendo el núcleo del rito, pero con formatos más flexibles y menos ceremoniosos. “Hoy la mesa es más chica, más flexible y más austera”, explica la especialista: los encuentros se organizan con frecuencia a último momento, las familias se fragmentan y se celebran en tandas.

La practicidad ha ganado terreno frente a la tradición y, en muchos hogares, el objetivo principal ya no es la comida sino el encuentro en sí.

Si bien persisten tradiciones —como recetas heredadas de generaciones anteriores—, cada vez más familias eligen celebraciones sencillas y funcionales, priorizando la comodidad y la practicidad sobre lo estrictamente tradicional.

En palabras de la psicóloga, “de a poco las tradiciones van dando paso a formas más livianas y prácticas; se pasa de lo impuesto a lo elegido”.

El espacio de los silver en la Noche Buena

Mateo define a la generación “silver” como el nudo de la red familiar: el punto donde confluyen lo heredado y lo transmitido. Muchas veces son quienes sostienen la mesa, los rituales y el clima de encuentro entre generaciones. Para numerosos adultos mayores, la Navidad reafirma su pertenencia al grupo familiar, aunque con necesidades distintas: menos ruido, tiempos más pausados y celebraciones menos intensas.

Algunos adultos mayores adoptan un rol más contemplativo; otros siguen siendo guardianes de los ritos y esperan que su papel sea reconocido. Por eso la especialista recomienda consultarlos sobre cómo quieren participar para respetar sus ritmos y deseos.

Mateo advierte que la cultura contemporánea, marcada por la idealización de la juventud, puede relegar a los mayores y subestimar su experiencia. En ese marco, la Navidad puede servir para recuperar la escucha y facilitar la transmisión de la historia familiar.

Tras un período en que la Navidad estuvo muy asociada al consumo, hoy se observa una revalorización de los vínculos, un cambio que Mateo vincula en parte con el efecto pospandemia.

La practicidad y modelos más flexibles

Las dinámicas sociales actuales —ritmos acelerados, distancias geográficas y migraciones internas— también modifican la forma de reunirse. Antes era común que las abuelas cocinaran varios días y que la preparación fuera motivo de encuentro; hoy la organización es más práctica y rápida.

La tecnología permite además que quienes están lejos se conecten por videollamada desde la medianoche, compartiendo aunque sea un breve momento.

La especialista destaca que la Navidad pone de manifiesto las formas de relación y comunicación de cada familia, así como sus conflictos y dificultades de integración: “ante ese evento se condensa la historia familiar, con luces y sombras”.

Las diferencias generacionales son claras: los niños esperan a Papá Noel, los jóvenes buscan la medianoche para reunirse con amigos y algunos adultos rememoran encuentros pasados o usan la tecnología para evadirse o registrar la ocasión.

Cómo afrontar un duelo

La ausencia de seres queridos, por migraciones o rupturas, se siente en muchas mesas. Ante duelos recientes, Mateo recomienda respetar el proceso de cada persona: si falta ánimo para festejar, lo esperable es acompañar sin exigir y preguntar qué necesitan para transitar ese tiempo.

Cuando el duelo está más avanzado, un brindis o evocar anécdotas puede ayudar a integrar la pérdida dentro de la celebración.

En cuanto a los conflictos familiares, la psicóloga recuerda que no se resuelven en una noche. Propone que cada adulto evalúe su disposición para el encuentro y reconozca la sensibilidad que despiertan estas fechas, porque salen a la luz mandatos, fidelidades, favoritismos, discrepancias en el reparto y heridas que arrastramos.

Para Mateo es clave diseñar estrategias personales que permitan vivir la Noche Buena como un espacio de paz más que de confrontación.

Los niños y la esperanza

El papel de los niños en la Navidad es central: su presencia genera expectativa y emoción, y deja recuerdos duraderos en la memoria. La especialista considera importante que los adultos prioricen esas experiencias, ya que conectan con la dimensión simbólica de la festividad, asociada a la esperanza y a la experiencia infantil.

Mateo observa que la Navidad mantiene un carácter más familiar y emotivo que el Año Nuevo, y que los rituales se reconfiguran para sostener la vida real en lugar de una ficción de familia perfecta.

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