15 de enero de 2026
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Desafíos íntimos de Colin Farrell y Jessie Buckley en Ballad of a Small Player y Hamnet

Colin Farrell y Jessie Buckley protagonizan dos de los estrenos más emotivos del año: Ballad of a Small Player y Hamnet, respectivamente. Ambos intérpretes, conocidos por su intensidad y honestidad en pantalla, mantuvieron una conversación donde abordaron cómo enfrentan el dolor, la adicción y la pérdida en sus papeles, y cómo el arte puede ofrecer una vía de catarsis. La charla, publicada por Variety, permite asomarse a sus procesos creativos y a la importancia de la vulnerabilidad en su trabajo.

Farrell expresa desde el comienzo su admiración por el trabajo de Buckley en Hamnet: recuerda haber visto la película de madrugada y sentirse impresionado, incluso intimidado, por lo que ella había logrado. Buckley, por su parte, subraya la función transformadora de las historias: permiten exteriorizar aquello que resulta demasiado pesado para sostener en soledad.

Admiración y respeto mutuo

En el diálogo los actores profundizan en el desafío de representar el sufrimiento y la adicción. Farrell reconoce que terminó “destrozado” tras rodar Ballad of a Small Player, mientras Buckley apunta que, a pesar del coste emocional, existe una sensación intensa y positiva en ese esfuerzo. Ambos describen el proceso como exigente pero también valioso: rozar la verdad profunda de un personaje suele ser un intento incompleto pero significativo.

Coinciden en que la catarsis y el agotamiento forman parte del oficio y que la comunidad creativa resulta fundamental en esos momentos. Buckley comenta que nunca se ha sentido más despierta que al trabajar en un entorno donde la creatividad fluye con libertad. Farrell añade que la experiencia actoral es inevitablemente comunitaria: cineastas delante y detrás de cámara comparten incertidumbres, curiosidades y vivencias personales, lo que convierte el trabajo en algo muy especial.

Primeros recuerdos e influencias

Ambos rememoran sus primeros contactos con el cine y el teatro. Farrell habla del impacto que le provocó Encuentros cercanos del tercer tipo de Steven Spielberg, una película que le hizo reconocer elementos de su propia vida familiar en pantalla y le alivió cierta soledad. Buckley cuenta que en su casa no hubo televisión hasta la adolescencia y recuerda con nitidez una función amateur de Jesucristo Superstar a los siete años, una experiencia que mezcló ficción y realidad para ella.

La conversación trae a colación la vulnerabilidad y el caos de la vida como temas centrales. Para Buckley, el trabajo actoral es un camino hacia una mayor humanidad: “quitar las manos del volante”. Farrell destaca la importancia de permitirnos sentirse abrumados y del apoyo mutuo, especialmente en la crianza, y reconoce a la vez su conciencia sobre los privilegios personales. Buckley sintetiza la idea: el oficio consiste en habitar el desorden y sumergirse en el misterio.

La huella de los personajes

Ambos comparten lo difícil que resulta desprenderse de ciertos personajes. Buckley admite que no le gusta dejar atrás a los personajes que ha interpretado; siente que ellos la han despertado a ella y al mundo en distintas texturas emocionales. Explica que, al entrar en un proyecto, se compromete a permanecer en ese universo durante el tiempo necesario para hacerlo creíble y verdadero, incluso alojándose cerca del rodaje para sostener el trabajo alrededor de escenas muy intensas.

Farrell y Buckley intercambian también anécdotas sobre rodajes y directores. Farrell compara su experiencia en Ballad of a Small Player con su trabajo con Terrence Malick en El nuevo mundo: destaca el sentido de descubrimiento y la idea de que la película nunca deja de completarse. Cerca del final, Buckley elogia la actuación de Farrell en The Penguin, sorprendida por la humanidad que logró transmitir pese a la máscara. Farrell explica que la oculta le permitió explorar facetas menos evidentes y, al ver el rostro, surgió una forma de empatía.

En conjunto, la conversación muestra cómo la interpretación permite a los actores explorar sus propias sombras, encontrar empatía y compartir experiencias humanas profundas, incluso cuando las emociones se expresan tras una máscara.

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