Un equipo de paleontólogos liderado por Marko Yurac identificó en el norte de Chile huellas de dinosaurios carnívoros que son, hasta ahora, las más pequeñas y antiguas registradas en la zona.
El hallazgo se produjo en la Quebrada Huatacondo, dentro de la Formación Majala, y corresponde a rastros fechados en alrededor de 160 millones de años, es decir, al Jurásico tardío. Estos fósiles aportan información inédita sobre la diversidad y la dinámica de los ecosistemas en el borde occidental de Gondwana.
Los investigadores registraron cinco niveles distintos con huellas en depósitos de más de 190 metros de espesor. Las impresiones varían en tamaño: hay pisadas de grandes carnívoros de hasta 52 centímetros y huellas de pequeños terópodos de menos de 10 centímetros de longitud.
Estas marcas, entre las de menor tamaño documentadas en Chile y posiblemente en la costa occidental de Gondwana, fueron identificadas tras un análisis detallado de los sedimentos de la Formación Majala.
Tecnología para analizar huellas milenarias
El equipo empleó drones, cámaras de alta resolución y modelado tridimensional para reconstruir digitalmente las superficies fosilizadas con precisión milimétrica. Esto permitió medir profundidad, orientación, zancada y la morfología exacta de cada huella.
También se reconocieron señales particulares, como impresiones del metatarso, que indican adaptaciones posturales para desplazarse sobre suelos fangosos.
Un registro inédito de pequeños terópodos
En el nivel denominado Maj5 de la Formación Majala se identificaron más de 25 rastros de pequeños terópodos, lo que constituye un registro notable por su abundancia y tamaño.
Algunas huellas podrían corresponder a individuos juveniles, pero otras son consistentes con especies plenamente desarrolladas y de tamaño reducido, capaces de moverse con agilidad en ambientes ribereños y de eludir depredadores mayores. Este hallazgo amplía la visión tradicional que privilegia a los grandes dinosaurios y aporta información sobre la adaptabilidad de formas pequeñas frente a variaciones ambientales.
Además de los terópodos, se hallaron rastros atribuibles a saurópodos. Aunque estas huellas no permitieron identificar especies concretas, su disposición sugiere trayectorias continuas a través de humedales temporales, lo que evidencia la convivencia de distintas especies y tamaños en un mismo hábitat. El entorno jurásico de la región habría estado marcado por ciclos de crecidas y sequías, con competencia por agua y vegetación.
Aportes al conocimiento paleontológico
Antes de este estudio, los registros fósiles de dinosaurios en Chile se concentraban en materiales más recientes y en otras localidades, como Termas del Flaco o Chacarilla. La publicación en Swiss Journal of Palaeontology aporta una datación más antigua —Jurásico tardío— y una variedad de huellas que facilita el estudio de la locomoción, el comportamiento y la estructura ecológica de esos animales. La comparación con hallazgos en Sudamérica, Marruecos, Europa y Norteamérica contribuye a reconstruir la distribución y posibles rutas migratorias en Gondwana.
Los especialistas destacan que la presencia y diversidad de pequeños terópodos reflejan su capacidad de adaptación ante la estacionalidad del agua y la vegetación, un aspecto que cobra relevancia frente a los retos actuales del cambio climático. Así, el registro fósil chileno no solo reconstruye el pasado, sino que también ofrece claves para interpretar desafíos ecológicos presentes y futuros.
Las huellas preservadas en el desierto de Atacama permanecen como testigos de una vida extinguida y abren nuevas perspectivas sobre la flexibilidad de las especies frente a transformaciones ambientales del planeta.


