Las nuevas Guías Alimentarias 2025-2030 publicadas por el gobierno de Estados Unidos presentan un esquema que muchos califican como una “pirámide invertida”, en la que las proteínas y las grasas saludables ocupan un papel destacado.
Expertos señalaron la “jerarquía nutricional” reflejada en el texto técnico. Así lo expresó ante la consulta de Infobae la médica especialista en Medicina Interna y Nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), Marianela Aguirre Ackermann (MN 151.867), quien recomendó revisar en detalle el documento completo y no limitarse al gráfico.
En la presentación de las nuevas guías, el secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., resumió el mensaje con la consigna: “Coman comida real”.
Ese enfoque se plasma en el nuevo gráfico, que sitúa en la parte superior proteínas, lácteos, grasas saludables, frutas y verduras, y ubica los cereales integrales en la base. El documento conserva principios tradicionales: limitar grasas saturadas y sodio, priorizar frutas, verduras, granos enteros y patrones alimentarios equilibrados, según destacó la SAN.
Nutrientes esenciales: ¿qué no puede faltar según las nuevas guías?
Las directrices insisten en consumir alimentos frescos, integrales y mínimamente procesados, reduciendo los ultraprocesados y los azúcares añadidos.
Se desplaza el foco del análisis de nutrientes aislados hacia los patrones alimentarios. Martín Giannini, médico especialista en Nutrición y Obesidad e integrante del Grupo de trabajo en Obesidad de la SAN (MN 114.711), explicó que el cambio está en la forma de explicarlo: las guías priorizan alimentos densos en nutrientes y patrones basados en mínimamente procesados. El documento identifica además nutrientes críticamente deficitarios en la población estadounidense: fibra, potasio, calcio, vitamina D, hierro, ácidos grasos omega-3 y proteínas de buena calidad.
Sobre esto, Aguirre Ackermann puntualizó que una alimentación saludable debe aportar cantidades adecuadas de proteínas de calidad, fibra dietaria, grasas esenciales —sobre todo insaturadas como frutos secos, aceite de oliva, palta, semillas y pescados— y suficientes vitaminas y minerales. Recomendó componer platos que combinen verduras, fuentes proteicas, carbohidratos ricos en fibra y grasas de calidad para cubrir las necesidades nutricionales.
Uno de los cambios incluidos en las nuevas guías es el aumento sugerido de la ingesta proteica diaria para ciertos grupos: un rango de 1,2 a 1,6 gramos por kilogramo de peso corporal, por encima del mínimo previo de 0,8 g/kg/día.
“La proteína aparece con mayor énfasis. Se reconoce que 0,8 g/kg/día es un mínimo poblacional y que grupos como adultos mayores, personas con sarcopenia o en procesos de pérdida de peso pueden beneficiarse de ingestas mayores”, analizó Aguirre Ackermann, y advirtió que esto debe aplicarse con criterio clínico, individualizando según edad, función renal, riesgo cardiovascular y contexto personal.
En la misma línea, la médica especialista en endocrinología Ana Cappelletti (MN 76523), directora de posgrados en obesidad de la Universidad Favaloro y coordinadora del grupo de trabajo de Obesidad de la SAN, subrayó que la recomendación proteica debe considerar la edad, la función renal y el riesgo cardiovascular de cada persona.
Respecto de las grasas, el texto incorpora entre las opciones algunas fuentes animales como manteca y sebo, pero mantiene la recomendación de limitar las grasas saturadas por debajo del 10% de las calorías totales.
Giannini aclaró que las guías no promueven aumentar el consumo de carne ni desplazar verduras o granos integrales. Recordó que la evidencia asocia un alto consumo de carnes rojas y procesadas con mayor riesgo cardiovascular, y que los patrones más protectores son los ricos en verduras, frutas, legumbres y granos integrales. Señaló además la importancia de distinguir entre granos integrales —recomendados— y harinas refinadas o alimentos ultraprocesados —a limitar.
En síntesis, los especialistas advierten que el debate sobre proteínas y grasas en las nuevas guías no supone un cambio de prioridades nutricionales fundamentales.
Ultraprocesados y azúcares añadidos
Una recomendación contundente del documento es reducir drásticamente el consumo de alimentos ultraprocesados y de azúcares añadidos. Giannini destacó que hoy los ultraprocesados son el principal factor dietario asociado a la mala salud. El texto oficial sostiene que los azúcares añadidos no forman parte de una dieta saludable y establece como referencia que ninguna comida debe contener más de 10 gramos de azúcares añadidos (aproximadamente 2 cucharaditas).
Aguirre Ackermann propuso medidas sencillas para disminuir su consumo: sustituir bebidas azucaradas por agua o infusiones sin azúcar, optar por alimentos naturales en lugar de productos empaquetados y priorizar la preparación de comidas caseras.
Desde una perspectiva local, la SAN recordó que en Argentina existe una alta prevalencia de obesidad, un consumo elevado de carnes rojas y azúcares, y una proporción significativa de enfermedad renal crónica no diagnosticada. Por ello, las recomendaciones poblacionales deben seguir privilegiando patrones basados en alimentos de origen vegetal, ricos en frutas, verduras, legumbres, granos enteros y grasas insaturadas, junto con proteínas de alto valor nutricional como carnes magras, huevos y lácteos descremados.
“Es importante aclarar que las guías de Estados Unidos no están diseñadas para la población argentina”, puntualizó Aguirre Ackermann. Señaló que en el país existen las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA), que se actualizan cada diez años; la versión vigente data de 2016 y se encuentra en proceso de renovación, prevista para este año. Mientras tanto, recomendó tomar los aspectos útiles de las guías internacionales.
Cappelletti añadió que se mantiene la recomendación de privilegiar patrones alimentarios basados en alimentos frescos y de origen vegetal, reducir azúcares añadidos y harinas refinadas, y limitar las grasas saturadas a ≤10% de las calorías totales.
¿Cómo llevar las recomendaciones a la práctica diaria?
Aplicar estas pautas en la vida cotidiana exige cambios realistas y sostenibles. Para Aguirre Ackermann, la clave no es seguir modas ni buscar perfección, sino mejorar progresivamente la calidad de la alimentación de forma disfrutable y compatible con la vida diaria. Cappelletti coincidió en que el objetivo es mejorar el patrón global, no alcanzar una dieta perfecta.
Entre las estrategias prácticas, los especialistas sugieren incorporar verduras al menos en una comida diaria, consumir legumbres o granos integrales varias veces por semana, incluir fuentes proteicas en desayunos o meriendas y planificar las compras para facilitar la cocina casera. Aguirre Ackermann también destacó que el placer es parte de una alimentación saludable: el disfrute, la cultura alimentaria y la dimensión social de la comida ayudan a que los cambios sean sostenibles.
El nuevo enfoque otorga mayor importancia a la ingesta de proteínas para grupos como los adultos mayores o personas en descenso de peso. Según la SAN, las metas proteicas deben individualizarse y no aplicarse de forma uniforme a toda la población sin estratificación.

