5 de febrero de 2026
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Paul Collier admite error: el humanismo redefine la prosperidad

El debate sobre la prosperidad de las sociedades sigue siendo objeto de controversia en la teoría económica. En Rezagados. Una nueva economía para lugares olvidados, el profesor Paul Collier, de la Universidad de Oxford, propone que la solución no pasa solo por medidas económicas tradicionales, sino por integrar el humanismo y valores éticos en la vida económica.

Collier sostiene que las sociedades prósperas han forjado un sentimiento de pertenencia comunitaria que facilita la colaboración y la inclusión. Para él, situar al humanismo en el centro del desarrollo implica un cambio de rumbo en la agenda académica y política internacional.

El autor reconoce que sus planteamientos anteriores requerían una revisión. Admite que durante años subestimó la importancia de factores culturales y sociales en el crecimiento económico.

Señala que las políticas promovidas por organismos internacionales y las medidas derivadas de la literatura predominante han resultado insuficientes en las regiones que quedaron rezagadas tras periodos de crecimiento fallido.

El análisis de Collier incorpora también el valor del liderazgo ético: el progreso social exige dirigentes capaces de inspirar y coordinar proyectos colectivos y de ofrecer certezas en contextos de incertidumbre. Insiste en que el desarrollo genuino necesita líderes alejados de la corrupción y del abuso de poder, que generen confianza en sus comunidades.

Según Collier, “son necesarios líderes capaces de seducir a la comunidad en el desarrollo de un proyecto compartido, que ofrezcan certezas en horizontes de incertidumbre y que, además, tengan unos valores éticos que les alejen de comportamientos equivocados como, por ejemplo, la corrupción o el abuso del poder”.

La tesis central de Rezagados sostiene que la economía debe incorporar estos principios humanistas como elementos estructurantes para superar no solo la desigualdad material, sino también la fragmentación social.

Por tanto, la discusión sobre la prosperidad deja de centrarse únicamente en el mercado, las instituciones o la inversión y pasa a abarcar los valores compartidos y la ética pública, ya que el sentido de pertenencia comunitaria aparece como condición necesaria para un progreso sostenido.

Hacia el final de su análisis, Collier subraya que introducir la ética y los valores en la economía va más allá de una cuestión moral: “Los valores y la ética ya no solo son una cuestión moral, sino que además han pasado a convertirse en factores de éxito a la hora de explicar la prosperidad”.

El libro muestra que los territorios que han superado el estancamiento no se limitaron a aplicar el libre mercado o a fortalecer instituciones, sino que también trabajaron en la construcción de una base ética compartida.

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