Ver la ansiedad como una señal que merece atención y no como un enemigo a eliminar es el primer consejo de Owen O’Kane, psicoterapeuta cognitivo y exjefe de salud mental del NHS del Reino Unido.
En conversación con New Scientist, O’Kane subraya que la ansiedad tiene una función protectora y advierte contra los enfoques que buscan suprimir sus síntomas sin entender su propósito. Su enfoque contradice muchos consejos que circulan en redes sociales y propone estrategias alternativas para manejarla.
Según O’Kane, el error más común es intentar eliminar la ansiedad por completo. Lo esencial, dice, es “establecer una relación más sana con la ansiedad” y comprender por qué aparece: como un mecanismo que intenta preservar la seguridad personal frente a situaciones estresantes o amenazantes.
Si se percibe la ansiedad como una voz interna orientada a advertir sobre riesgos, deja de ser necesario combatirla, lo que a menudo aumenta el malestar. O’Kane señala que “si uno trata su ansiedad como un enemigo, eso es lo que se convierte”. Entender su propósito permite responder de manera más adaptativa, sin reprimir las emociones ni recurrir a soluciones rápidas.
La aceptación como clave para convivir con la ansiedad
El experto sostiene que no existen herramientas que garanticen la eliminación total de la ansiedad; en cambio, la aceptación es fundamental. Reconocer esto es el primer paso para aprender a convivir con esa emoción de forma más manejable.
Intervenir en el cuerpo antes que en la mente
La segunda estrategia consiste en actuar sobre el cuerpo antes de intentar cambiar los pensamientos. “La mayoría de las personas siente la ansiedad en alguna zona del cuerpo: el corazón, los hombros o el cuello”, explicó O’Kane a New Scientist.
Ese “estado de alarma” corporal envía señales al cerebro de que algo no está bien y puede desactivar procesos racionales en la corteza prefrontal.
Por eso recomienda técnicas físicas para reducir la sensación de amenaza: respiración controlada, ejercicio u otras formas de descargar tensión. El objetivo no es eliminar la ansiedad, sino enviar al cerebro una señal distinta para que la corteza prefrontal recupere el control con mayor calma, enfatiza O’Kane.
Escribir para tolerar la incertidumbre
La tercera propuesta apunta a aumentar la tolerancia a la incertidumbre mediante la escritura reflexiva. Sugiere anotar los pensamientos ansiosos y comprobar cuántos se corresponden con hechos reales, en lugar de dejarse arrastrar por cadenas de preocupación. Según O’Kane, muchas de esas ideas son negativas o temerosas y raramente se materializan.
Para él, el núcleo de la ansiedad es la dificultad para tolerar la incertidumbre. Aconseja aprender a estar cómodo sin certezas absolutas y aceptar que no todo tiene que ser perfecto. Plantea reflexionar sobre cómo cambiaría la experiencia personal si se renunciara a intentar controlar todas las variables, promoviendo así una relación más flexible con la vida diaria.
Este enfoque difiere de los métodos tradicionales que buscan modificar los pensamientos desde el inicio. O’Kane rechaza la idea de erradicar totalmente la ansiedad y alerta sobre las soluciones “milagrosas” que la prometen. Afirma que una gestión emocional eficaz combina la regulación corporal con la observación reflexiva de los propios procesos mentales.
Modificar la forma de reaccionar ante la ansiedad puede favorecer la formación de nuevas conexiones cerebrales y posibilitar una convivencia más equilibrada con esta emoción, concluye O’Kane en sus declaraciones a New Scientist.

