Italia ha vuelto a destacar su patrimonio oculto al incorporar siete pueblos a la lista de “los más bonitos del país” elaborada por la asociación I Borghi più belli d’Italia. Este reconocimiento premia a localidades que han conservado su identidad histórica, arquitectónica y cultural.
El anuncio incluye cinco incorporaciones permanentes y dos localidades invitadas de forma excepcional, y ha llamado la atención de quienes buscan destinos auténticos fuera de las rutas turísticas más concurridas.
La selección que otorga el título es exigente. I Borghi più belli d’Italia, fundada en 2002, evalúa cada candidatura mediante 72 criterios que abarcan aspectos patrimoniales, urbanísticos, paisajísticos y de calidad de los servicios.
Sólo los pueblos que mejor representan la “vera Italia” —es decir, autenticidad, hospitalidad y patrimonio bien conservado— superan el proceso y obtienen la acreditación.
La evaluación incluye un examen detallado del trazado urbano, la conservación de los edificios históricos, la coherencia visual del núcleo y la permanencia de las tradiciones locales, reflejados en un extenso cuestionario técnico.
También se valora la calidad del entorno paisajístico: el pueblo debe integrarse adecuadamente en su paisaje y mantener un entorno natural cuidado y atractivo.
Además, la oferta de servicios y la atención al visitante —como la gastronomía local y la hospitalidad— forman parte de los requisitos que determinan la idoneidad de un borgo.
En la edición de 2026 se suman de forma permanente cinco pueblos que pasan a ser embajadores del patrimonio italiano. El primero es Limone sul Garda, en la orilla occidental del lago de Garda, conocido por sus históricas limoneras.
Las limoneras de Limone sul Garda, invernaderos tradicionales del siglo XVII, protegían los cítricos de las heladas. Hasta principios del siglo XX el acceso era principalmente por barco, lo que ayudó a conservar su atmósfera y paisaje. Hoy la Limonaia del Castèl sigue cultivando limones, naranjas y pomelos.
La segunda incorporación es Castelvetro di Modena, en Emilia-Romaña, célebre por sus colinas de viñedos de Lambrusco Grasparossa y por la Torre dell’Orologio que domina la Piazza della Dama.
Castelvetro di Modena es un destino destacado para quienes buscan productos emblemáticos de la región, como el vinagre balsámico y el parmigiano reggiano.
La tercera localidad es Pieve di Teco, en el interior de Liguria, que ha conservado su trazado medieval y sus tradiciones, mostrando cómo la autenticidad puede perdurar con el tiempo.
La cuarta incorporación, Cusano Mutri, se sitúa en el Parque Regional del Matese y se distingue por su arquitectura en piedra caliza blanca y su entorno montañoso, en armonía con la naturaleza.
La quinta localidad permanente es Rivello, sobre el Valle de Noce; sus calles empedradas y sus panorámicas invitan a recorrer un patrimonio que combina historia y paisaje.
Cada uno de estos cinco pueblos refleja una faceta distinta del patrimonio italiano, pero todos comparten la capacidad de ofrecer al visitante una experiencia de época y autenticidad.
Además de las nuevas incorporaciones permanentes, la edición 2026 incluye dos localidades como “invitadas” especiales. Estas reciben el reconocimiento temporalmente —durante dos años— porque superan el límite de 15.000 habitantes fijado por la asociación.
El primer invitado es Borgo Il Piazzo, en la ciudad de Biella, un antiguo centro de producción de cachemira que conserva la huella de su pasado industrial y un tejido urbano cargado de historia.
El segundo invitado es Borgo Vecchio di Termoli, en Molise, una ciudadela elevada con vistas al mar Adriático y calles extremadamente estrechas que contribuyen a su singularidad y encanto marinero.
El reconocimiento de I Borghi più belli d’Italia no solo valora la imagen de estos pueblos, sino que también implica un compromiso por preservar su identidad cultural y su relación sostenible con el entorno, manteniendo vivas tradiciones y servicios locales.

