Estados Unidos emitió este lunes una nueva alerta de seguridad dirigida a los buques comerciales con bandera estadounidense que cruzan el estrecho de Ormuz, ante las crecientes tensiones con Irán por su programa nuclear y el riesgo de incidentes con fuerzas iraníes en la zona.
La advertencia, difundida por la Administración Marítima del Departamento de Transporte, insta a las embarcaciones a extremar precauciones al transitar el paso que conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo, una vía clave para el suministro mundial de petróleo y gas.
El documento recomienda que las naves se mantengan “lo más lejos posible del mar territorial de Irán, sin comprometer la seguridad de la navegación” y aconseja a los capitanes rechazar verbalmente cualquier solicitud de inspección por parte de fuerzas iraníes.
Asimismo, establece un protocolo específico ante un posible abordaje: si fuerzas iraníes abordan un buque comercial con bandera estadounidense, la tripulación no debe oponer resistencia con fuerza al grupo de abordaje.
El estrecho de Ormuz es un corredor estratégico para el comercio energético: diariamente lo cruzan buques que transportan millones de barriles de crudo y grandes volúmenes de gas procedentes de países del Golfo, y una parte del paso está bajo jurisdicción iraní, lo que confiere a Teherán influencia sobre esta ruta vital.
Irán ha empleado en el pasado su control del estrecho como herramienta de presión política y militar, llegando a amenazar con cerrarlo y a retener embarcaciones comerciales y petroleros por acusaciones de contrabando o violaciones marítimas, lo que ha generado inquietud entre navieras y gobiernos.
La nueva alerta se publica en medio de contactos diplomáticos indirectos entre Estados Unidos e Irán, mediadas por Omán, con el objetivo de reactivar las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.
Sin embargo, Teherán ha reiterado que no renunciará al enriquecimiento de uranio. El jefe de la diplomacia iraní, Abás Araqhchi, declaró que su país no aceptará tal exigencia “incluso si se nos impone una guerra” y puso en duda la seriedad de Estados Unidos para entablar negociaciones reales.
Araqhchi agregó que Irán evaluará “el conjunto de señales” enviadas por Washington antes de decidir sobre la continuidad del diálogo y confirmó que mantiene consultas con China y Rusia, a las que calificó de socios estratégicos en el proceso.
Desde Washington, la postura oficial es que cualquier acuerdo debe abordar más cuestiones que el expediente nuclear e incluir el programa de misiles balísticos iraní, el apoyo de Irán a grupos armados en la región y asuntos de derechos humanos.
Además de la vía diplomática, la Administración de Donald Trump aumentó la presión económica sobre Teherán: el presidente firmó una orden ejecutiva que impone un arancel del 25% a las importaciones procedentes de países que, “directa o indirectamente”, compren bienes de origen iraní.
El ministro de Exteriores de Israel, Gideon Saar, criticó el programa nuclear iraní y lo calificó como un intento del régimen iraní de obtener “el arma más peligrosa del mundo”, advirtiendo del riesgo que ello supone para la estabilidad internacional.
Desde Teherán, Araqhchi respondió que el despliegue militar estadounidense en la región “no nos asusta”, en referencia al grupo aeronaval encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln, desplegado en el Golfo desde enero.
Tras la última ronda de contactos en Omán, el presidente Trump afirmó que las conversaciones habían sido “muy buenas” y que continuarían “a comienzos de la próxima semana”, mientras que la cancillería iraní señaló que aún queda “un largo camino por recorrer para establecer la confianza”.
(Con información de Reuters y AFP)

