Para Bad Bunny, el Día de San Valentín fue más que una fecha: fue la ocasión para dedicar un concierto a los amores perdidos, los romances imposibles y los enamorados. En su segunda noche en Buenos Aires, en el Estadio Monumental, el artista ofreció un espectáculo para más de 70.000 personas que combinó montaje escénico, baile y celebración en lo que describieron como un “baile inolvidable”.
Desde la semana posterior a su paso por el Super Bowl, la presencia de Bad Bunny se hizo sentir en la ciudad. En distintos barrios se percibía su influencia: desde frases de sus letras susurradas por transeúntes hasta altavoces con sus primeros éxitos acompañando la rutina cotidiana.
La noche anterior al show principal, Benito volvió a encontrarse con el público argentino que lo sigue desde sus inicios y reafirmó su vínculo con el país. En este segundo concierto la entrega fue completa y tuvo momentos sorpresivos: la aparición en escena de Cazzu, Duki y Khea, la presentación de Cazzu con “Con otra” y la visita del puertorriqueño Mora para interpretar “Una vez”, una canción que el artista reservó solo para este público.
La estética del público reflejaba tendencias del disco más reciente: sombreros jíbaros, coronas de flores y brillo entre las asistentes. Fanáticos de distintas edades —algunos recordando la primera vez que lo vieron en Argentina en 2017— celebraron la vuelta del artista tras semanas de gran exposición mediática.
Antes de la llegada del plato fuerte, la ambientación musical recorrió temas nostálgicos, boleros y canciones de artistas latinoamericanos que sirvieron de preámbulo. También destacaron la participación de Chuwi, grupo que ganó notoriedad en las protestas en Puerto Rico y ahora acompaña al artista en sus giras; entre el público hubo relatos personales de cambios de vida motivados por la música.
Por previsiones meteorológicas el inicio del concierto se adelantó. Benito apareció acompañado por su banda, Los Sobrinos, vistiendo traje crema y lentes, y abrió con “La mudanza”, canción en la que rememora orígenes familiares y reafirma su conexión con su tierra.
Con temas como “Turista”, un bolero intenso, el cantante impulsó un clima íntimo y afectuoso. En el escenario recordó el Día de San Valentín como una ocasión para acercarse y reclamó a la audiencia que abrace a quien esté a su lado, o que se valore a sí misma si se está solo.
El repertorio alternó grandes éxitos: en el escenario principal sonaron “Callaíta”, “Baile inolvidable” y “Nuevayol”, entre otros, y el segundo escenario —la “casita”, que evoca su hogar y está ubicado en la zona general— ofreció un formato más íntimo y desinhibido. Allí interpretó canciones como “Titi me preguntó”, “Diles” y “Yo perreo sola”, que movilizaron especialmente al público femenino, además de “Neverita” y “Safadera”.
En La casita aparecieron invitados como Callejero Fino, Duki y Guillermo Novellis de La Mosca; el clima alternó entre celebración y encuentros informales con influencers, modelos y bailarines. En un momento la multitud realizó un canto tipo pogo que el artista acompañó con entusiasmo.
En un tramo del show Bad Bunny agradeció a Argentina por haber creído en su carrera desde antes de su consagración internacional, un gesto que dio paso a la interpretación de “Mónaco”. Poco después regresaron al escenario principal Khea, Duki y Cazzu para un reencontro que encendió a la audiencia y rememoró la unión del género urbano en 2017.
El cierre tuvo un falso final con “DTMF”, donde el artista pidió a la gente dejar los teléfonos y disfrutar el momento, y la despedida definitiva llegó con “Eoo”.
El concierto terminó con fuegos artificiales: una celebración que sintetizó el envío de música y afecto de Puerto Rico a Argentina.
Crédito: Dale Play

