Hace un año, Diego Schwartzman rompió las cuerdas de su raqueta y el instrumento que lo acompañó toda su vida quedó colgado en un perchero del placard. Para él y su entorno fue un momento muy emotivo, incluso más que algunos hitos como la semifinal de Roland Garros 2020: Peque se despidió del tenis profesional en el torneo más importante del país.
Su carisma y su forma de relacionarse le valieron el cariño de colegas y figuras del espectáculo y la comunicación. Hoy recoge ese reconocimiento: su nombre ya está en la cancha principal del Náutico Hacoaj, el club de toda su vida, donde desde ahora se disputa el AAT Challenger IEB+ de Tigre.
La sonrisa auténtica de Peque, su carácter relajado y su facilidad para hablar —atribuidas por él mismo a su madre, Silvana— forman parte de una identidad diversa que ahora lo tiene trabajando con marcas y participando en proyectos juveniles en Sudamérica junto a Tennis Australia, la organización del Australian Open.
Sus proyectos actuales, algunas certezas y ciertos miedos ante lo desconocido definen esta etapa distinta, con más tiempo personal. Lo acompañan amigos, nuevas actividades laborales y el deseo de formar una familia más grande.
El 13 de febrero de 2025, una derrota ante el español Pedro Martínez marcó el cierre de una carrera: el último argentino en estar entre los diez mejores del mundo —llegó al puesto 8 en octubre de 2020— se despidió del circuito profesional. Durante la edición del Argentina Open, Schwartzman habló con Infobae sobre su vida después del tenis.
-¿Qué recordás de tu último partido?
-Es difícil pensar en ese momento; a nivel emocional fueron muchas cosas juntas.
-¿Te puso triste?
-Cuando llegó el torneo tuve sensaciones encontradas: sabía que sería el último y quería que saliera bien. Me preparé lo mejor posible; incluso fui a Rosario a jugar un Challenger porque no competía desde el último US Open. Mi objetivo era que la gente y yo pudiéramos disfrutarlo. Ganar contra Nicolás Jarry me permitió competir sin pensar que quizá era mi despedida, fue un cierre brillante en Buenos Aires.
-Te vino bien jugar un partido más…
-Mi mente ya lo sabía: emocionalmente había dado todo contra Jarry y el siguiente partido me costó disfrutarlo. Ya estaba listo para irme a casa con la sensación de ‘hasta acá llegué y fue un gran camino’.
-¿En algún momento te arrepentiste?
-No, no me arrepiento. Ver la cancha llena y el apoyo trae recuerdos, y uno siempre quiere volver a sentir esa adrenalina, pero competir al máximo exige un esfuerzo enorme y ese detrás de escena ya me pesaba. Un año después puedo decir que la decisión fue la correcta.
Una vida nueva por descubrir
Lejos de la rutina de entrenamientos y viajes, Schwartzman reconoce que está en un proceso de búsqueda personal.
-Antes entrenabas y competías. ¿A qué te dedicás ahora?
-Hago varias cosas. Sigo vinculado al deporte como embajador de marcas y participo en acciones, mayoritariamente relacionadas con el tenis. Aún estoy explorando qué me gusta más.
-¿Cuál es tu relación con la federación australiana?
-Colaboro con el Australian Open. Tennis Australia tiene una visión amplia y ganas de expandirse en Sudamérica, incluso con Tennium, que organiza el Argentina Open y otros torneos femeninos en la región. Sería interesante traer iniciativas del Grand Slam australiano para generar más oportunidades.
-¿Te considerás un hombre de negocios, un entretenedor, un influencer?
-No sé cómo definirme; por ahora soy un extenista en búsqueda de nuevas identidades. Participo dos veces por semana en Urbana Play y hago muchas actividades, pero aún no tengo una etiqueta fija.
El valor del tiempo y el sueño de ser papá
La principal diferencia con su etapa profesional es, tal vez, la más simple: disponer de tiempo propio.
-¿Qué hacés ahora en tus ratos libres?
-Entreno, veo más a mi familia y amigos, pienso proyectos y también disfruto de no hacer nada, algo que antes casi no podía experimentar por las giras constantes. Ahora lo valoro.
-Ahora que no viajás tanto, ¿pensás en ser papá?
-Sí. Después del casamiento lo hablamos con Euge (De Martino) y probablemente empecemos a buscarlo este año. A los dos nos gustaría ampliar la familia; vamos tranquilos pero con esa intención.

