En la Universidad de Stanford, la aplicación de citas Date Drop, creada por el estudiante de posgrado Henry Weng, se ha convertido en un fenómeno social entre aproximadamente 5.000 estudiantes solteros.
La plataforma usa un algoritmo propio para proponer emparejamientos basados en las respuestas a un cuestionario extenso de 66 preguntas.
Su popularidad en el campus se ha expandido y la herramienta ya está presente en universidades como Columbia, Princeton y el MIT, según informó The Wall Street Journal.
Weng, especialista en ciencias de la computación, desarrolló Date Drop en tres semanas. Cada martes a las 21:00 el sistema publica nuevos emparejamientos, lo que genera expectación entre los estudiantes.
Con frecuencia, grupos de alumnos se reúnen en dormitorios y bibliotecas para conocer los resultados, y algunos expresan su frustración en foros digitales cuando la compatibilidad no coincide con sus expectativas.
El valor principal de la aplicación es facilitar el primer contacto entre personas que de otro modo no se atreverían a acercarse; en un entorno académico exigente, ofrece una vía para conexiones poco probables.
Diversos locales del campus incluso incentivan las citas organizadas por la plataforma, ofreciendo una bebida gratuita a quienes acuden a su primera cita concertada a través de ella.
La estudiante Alena Zhang señaló que la vida universitaria en Stanford exige rendimiento en múltiples áreas, por lo que la actividad social a menudo queda en segundo plano.
Para muchos alumnos, entablar conversaciones cotidianas o románticas resulta complicado, y la aplicación pretende reducir esa barrera; casos recientes ilustran su alcance.
Wilson Adkins, un alumno de primer año, fue emparejado con una compañera con la que obtuvo un índice de compatibilidad del 99,7%.
Algunos amigos usaron la función de proponer parejas para contribuir a la coincidencia, lo que inicialmente provocó cierta incomodidad, aunque luego ambos llegaron a compartir sesiones de estudio.
El asistente residencial Ben Rosenfeld observa que Date Drop acapara las conversaciones de los estudiantes a su cargo, que comentan semanalmente los resultados.
El proyecto obtuvo una ronda de financiamiento de USD 2,1 millones y ya funciona en al menos diez universidades.
En Estados Unidos existen antecedentes similares, como The Marriage Pact, que también surgió en Stanford en 2017 y se extendió a más de 100 campus.
Sus creadores afirman que The Marriage Pact ha generado más de 350.000 emparejamientos y decenas de matrimonios.
El rápido crecimiento de Date Drop también ha generado tensiones relacionadas con la similitud de enfoques y cuestionarios.
El equipo de The Marriage Pact envió una carta de cese y desistimiento al creador de Date Drop, aunque Weng declaró que su equipo continuará operando.
Otras iniciativas universitarias, como Datamatch en Harvard o Perfect Match en Cornell, evidencian el interés por soluciones tecnológicas que faciliten la vida sentimental cuando la socialización tradicional es complicada.
En Princeton, el estudiante Pierre Du Plessis comentó que pedir una cita en el campus es poco habitual y existe el temor a quedar expuesto o ser recordado por un gesto embarazoso.
Aunque la plataforma es popular, persisten desafíos logísticos para convertir un primer encuentro en una relación estable.
Gabriel Berger, alumno de segundo año, contó que su primera cita fue agradable, pero las agendas incompatibles impidieron darle continuidad: el verdadero reto sigue siendo encontrar tiempo y compatibilidad.
Las exigencias académicas, las prácticas y la multiplicidad de cursos complican consolidar vínculos más allá del primer encuentro, aunque algunos usuarios han obtenido beneficios inesperados fuera del plano romántico.
Madhav Abraham-Prakash, responsable de la vida social en una asociación estudiantil de Stanford, ha usado Date Drop para ampliar su red profesional y generar contactos en plataformas como LinkedIn.
En campus de élite como Stanford y otros, el crecimiento de estas plataformas refleja la búsqueda constante de nuevas formas de conexión en entornos competitivos.
El temor a perder oportunidades valiosas—ya sean románticas, de amistad o profesionales—sigue presente entre muchos estudiantes.

