3 de marzo de 2026
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Ataque ruso en Járkov deja un muerto

En Pidseredne continúan las labores de rescate tras un ataque con dron que dejó completamente destruido un edificio residencial. El Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania (SES) informó que los equipos recuperaron el cuerpo de una persona y evacuaron a una mujer lesionada después del impacto.

Según el SES y medios que difundieron su comunicado, la estructura colapsó por completo, lo que obligó a los servicios de emergencia a remover escombros y asegurar el área ante el riesgo de nuevos ataques mientras proseguían las tareas de búsqueda.

La escalada en el uso de drones ha afectado varios puntos de Ucrania. La Fuerza Aérea ucraniana reportó que, durante la noche, Rusia lanzó 187 drones contra territorio ucraniano; las defensas antiaéreas neutralizaron 165, pero al menos catorce ubicaciones sufrieron impactos.

Los drones empleados en los ataques forman parte del arsenal que Moscú utiliza para presionar infraestructuras y zonas urbanas. Estas aeronaves pueden alcanzar objetivos específicos y causar daños estructurales importantes, lo que las autoridades locales consideran un riesgo recurrente para la población civil, sobre todo en áreas cercanas a la frontera y a las líneas de combate.

Paralelamente, el Gobierno ruso afirmó haber repelido un número significativo de ataques con drones sobre su territorio. Según autoridades rusas, las defensas interceptaron 95 aparatos que, según su versión, fueron lanzados por fuerzas ucranianas, entre ellos cinco que se dirigían a la capital. No informaron de víctimas ni detallaron daños.

Kiev no ofreció un balance público sobre supuestas acciones ofensivas transfronterizas. En general, la información recogida por diversos medios muestra un empleo constante de drones en ambos bandos y un endurecimiento de las tácticas militares en el ámbito tecnológico.

Los ataques aéreos agravan una situación humanitaria ya tensa en varias provincias ucranianas: la destrucción de viviendas genera nuevos desplazamientos y aumenta la presión sobre los servicios de atención y rescate. El caso de Pidseredne ilustra el impacto y la letalidad de los ataques dirigidos contra áreas residenciales.

Con la creciente sofisticación y el uso extendido de tecnologías no tripuladas, tanto ciudades ucranianas como zonas dentro de Rusia permanecen en alerta ante la posibilidad de nuevas oleadas y la evolución de la guerra hacia formatos más tecnológicos y difíciles de prever, según los informes internacionales.

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