En 2018, el pintor alemán Michael Triegel pidió a un hombre sin hogar en Roma que posara para un dibujo, pensando que sería un modelo idóneo para representar a San Pedro en caso de pintar al apóstol.
Siete años después, ese retrato se exhibe en el Vaticano; un reencuentro surgido por una coincidencia poco probable.
Es una historia que mezcla arte y fe con una tragedia humana que llegó a la atención del papa Francisco: el vagabundo Burkhard Scheffler, conocido en la zona, murió de hipotermia en 2022 bajo la columnata de la plaza de San Pedro.
Un encargo en Alemania
La historia se remontó a Alemania, cuando en 2019 Triegel recibió el encargo de la catedral protestante de Naumburg para crear un nuevo panel central del altar, en sustitución del original de Lucas Cranach el Viejo, destruido en 1541 durante la Reforma.
Los paneles laterales de Cranach sobrevivieron y Triegel, convertido al catolicismo, se mostró entusiasmado por la oportunidad de “colaborar con Cranach” y contribuir a la recuperación simbólica de la pieza.
Explicó que la intención no era borrar heridas históricas sino mitigarlas y ofrecer un gesto de reconciliación.
San Pedro encuentra su lugar
Triegel planificó la pintura inspirándose en el encuentro de 2018 con el vagabundo romaño, a quien situó como San Pedro entre los santos alrededor de María y el Niño Jesús. Quería que las figuras no fueran arquetipos idealizados, sino personas reconocibles en el presente.
San Pablo se basó en un rabino al que había dibujado en Jerusalén, María en la hija del artista y, en el fondo, apareció el pastor protestante y teólogo Dietrich Bonhoeffer.
El San Pedro de Triegel tiene barba, una gorra de béisbol roja y sostiene una pequeña llave, aludiendo a las llaves del cielo asociadas al apóstol.
Triegel encontró al hombre sentado a la entrada de una iglesia pidiendo limosna. Al ofrecerle dinero sintió que aquel rostro, con su barba y mirada alerta, sería el Pedro de su cuadro. Le pidió en italiano permiso para dibujarlo y fotografiarlo; el hombre asintió, aparentemente sin ser consciente de su nacionalidad.
Una tragedia en Roma
Después de aquel encuentro, la vida del hombre, identificado como Burkhard Scheffler, se deterioró. La pandemia de COVID-19 y los confinamientos redujeron las ayudas que recibían las personas sin hogar.
Scheffler fue detenido en mayo de 2020, acusado de amenazar con un cuchillo a alguien que se negó a darle cambio; fue condenado a tres años y puesto en libertad a finales de 2022. Según conocidos, salió debilitado de la cárcel.
La noche del 25 de noviembre de 2022, Scheffler falleció por el frío.
El papa honra a las personas sin hogar
Su muerte llegó al papa Francisco, que ha puesto especial atención en las personas sin hogar alrededor del Vaticano. Bajo su impulso, en la columnata de San Pedro se instalaron duchas, una barbería y una clínica, y el limosnero papal repartía sacos de dormir en las noches frías.
El portavoz del Vaticano señaló que Scheffler había sido atendido por la oficina de caridad vaticana, pero que la lluvia y el frío agravaron su frágil estado. Francisco recordó a Scheffler en sus oraciones y lo mencionó públicamente en su rezo semanal y en su homilía del Domingo de Ramos, señalando que muchas personas necesitan cercanía y no deben ser abandonadas.
El papa pidió que Scheffler fuera enterrado en el Cementerio Teutónico del Vaticano. Su tumba, sencilla, se encuentra en la sección de peregrinos, a la sombra de la basílica de San Pedro y a pocos metros de la tumba atribuida al apóstol.
Una disputa sobre el altar
Mientras tanto, en Alemania, Triegel trabajó durante tres años en el nuevo altar de Naumburg, pero surgió una controversia: expertos de la UNESCO consideraron que el panel interfería con la vista de la capilla occidental y sus estatuas, lo que podría afectar la inclusión del edificio en la Lista del Patrimonio Mundial.
En julio, las autoridades regionales decidieron que el altar podía mantenerse, pero debía exhibirse en otro lugar de la catedral. Durante ese debate se propuso ceder temporalmente la obra a la capilla católica del Collegio Pontificio Teutonico, junto al cementerio vaticano; esa capilla ya conserva un altar de la época de Cranach.
Encajando las piezas
En la capilla teutónica, un experto en arte vinculado al Vaticano reconoció al San Pedro pintado por Triegel: era el hombre que muchos conocían en la plaza de San Pedro, Burkhard Scheffler.
“Alguien dijo: ‘Ese tipo con la gorra roja lo conocemos, vivía aquí, en la plaza de San Pedro’”, relató monseñor Peter Klasvogt, rector del Campo Santo Teutónico. Fue un momento memorable.
El altar fue cedido por dos años a la capilla, situada junto a la tumba de Scheffler y a poca distancia de la tumba del apóstol. Triegel recordó pensar que no podían darse tantas coincidencias.
Según Klasvogt, la llegada del cuadro dio a la historia un nuevo desenlace: “Lo honramos con el altar, con su tumba y rezamos por él aquí, en la iglesia”.
Para Triegel, si la controversia y el traslado del altar provocaron que el cuadro llegara a Roma y que el hombre fuera visto y recordado, entonces el proyecto de Naumburg había valido la pena.
(Con información de Associated Press)


