15 de enero de 2026
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Hamaca: invento indígena de 4.000 años que conquistó el mundo

La hamaca, una tecnología ancestral con más de 4.000 años de historia, refleja la inventiva y la continuidad cultural de los pueblos originarios de Sudamérica y el Caribe. Su aparición antes de la llegada europea la convirtió en un objeto cargado de significado social y técnico, cuya difusión global cuestiona relatos tradicionales sobre el origen de ciertas innovaciones, según investigaciones de la Universidad de Binghamton y estudios de Marcy Norton y John Kuhn.

El ejemplar más antiguo conservado tiene alrededor de 4.000 años, aunque la evidencia podría ser anterior debido a la limitada preservación de tejidos en ambientes tropicales, como advierte John Kuhn. La hamaca se difundió ampliamente entre comunidades de las tierras bajas sudamericanas y del Caribe, con registros en numerosas sociedades, según los análisis de Norton y Kuhn.

Su expansión fuera de ese contexto comenzó después del contacto con los europeos en los siglos XV y XVI. Tras observar prácticas indígenas de hospitalidad y descanso, los colonizadores incorporaron la hamaca tanto en la vida cotidiana como en usos militares, y desde allí se propagó hacia Europa, Asia y África.

En muchas sociedades indígenas la confección de hamacas era una tarea especializada a cargo de mujeres, que implicaba conocimientos de cultivo de fibras y técnicas de tejido. Norton y Kuhn documentan el uso principal de algodón y palma, aunque también se emplearon otras plantas como agave, hibisco y diversas cortezas para los cordones de sujeción.

Los procesos incluían hilado y tejido complejos, así como el diseño de puntos de anclaje en la arquitectura doméstica para colgarlas. Cronistas europeos como Jean de Léry y Gonzalo Fernández de Oviedo elogiaron la calidad de aquellos tejidos, comparándolos en ocasiones con la seda. Su portabilidad permitió su uso en viviendas y en refugios temporales durante viajes, cacerías o campañas militares.

Más allá de su función como cama, la hamaca fue un espacio privado y polivalente: servía para conversar, elaborar objetos o descansar en sociedades donde predominaba la vida comunitaria. Según la Universidad de Binghamton, acompañaba los grandes ciclos vitales: desde el nacimiento —con asociaciones simbólicas al útero materno— hasta la muerte, cuando se utilizaba también como sudario funerario. Un diccionario kalinago-francés del periodo colonial subraya la conexión lingüística entre la palabra hamaca y la placenta.

La hamaca tenía un papel en rituales de sanación y chamanismo; los especialistas rituales la empleaban para inducir estados de trance y facilitar la comunicación con los espíritus. En contextos de hospitalidad, ofrecer una hamaca era un gesto de acogida y alianza entre anfitriones y visitantes.

Norton y Kuhn resumen: “La hamaca fue mucho más que una cama: figuró en prácticas de sanación, chamanismo y hospitalidad, y su función intersubjetiva permitió su movimiento transcultural”.

El objeto equilibraba intimidad y convivencia colectiva. En casas comunales varias personas dormían en hamacas, logrando un balance entre privacidad y vida compartida; compartir una hamaca solía reservarse a relaciones muy cercanas, como entre madre e hijo o parejas.

La rápida adopción por parte de los colonizadores europeos pone en cuestión nociones de superioridad tecnológica. Los europeos valoraron la hamaca tanto por su comodidad como por su utilidad logística, incorporándola a expediciones militares y a la vida diaria en los asentamientos americanos; figuras como Sir Walter Raleigh la emplearon en campañas.

Su difusión se produjo por vías diversas: comercio, intercambio de regalos, imposición coercitiva y tributos en el marco de la encomienda. Los colonizadores exigieron su producción a comunidades originarias, transformando la hamaca en un objeto de intercambio y en parte del equipo doméstico y militar europeo en América, al tiempo que conservaba rasgos y significados indígenas.

Norton y Kuhn sostienen que, más allá de su utilidad práctica, la adopción europea de la hamaca transmitió elementos de las prácticas indígenas de cuidado, hospitalidad y sanación, lo que evidencia un intercambio cultural y técnico complejo.

Los trabajos de la Universidad de Binghamton y de Norton y Kuhn coinciden en que la historia de la hamaca cuestiona prejuicios sobre la supuesta inferioridad tecnológica indígena, mostrando cómo aportes originarios han sido centrales, aunque muchas veces invisibilizados, en la vida cotidiana mundial.

El estudio de la hamaca la presenta como un caso paradigmático de tecnología originaria, clave en la historia atlántica y global, que invita a revisar la historia desde una perspectiva más plural e inclusiva.

Contemplar una hamaca es reconocer siglos de técnica, saberes y prácticas de las culturas originarias americanas, un legado que sigue presente en usos cotidianos a escala global.

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