El Reino Unido prohibirá hervir langostas vivas como parte de una nueva estrategia de bienestar animal que amplía la protección legal a crustáceos y cefalópodos, reconociendo su capacidad de experimentar dolor, según informaron Financial Times y The Telegraph.
La iniciativa ha abierto un debate entre colectivos defensores de los animales y representantes de la industria del marisco, que advierten sobre posibles efectos económicos y comerciales.
La estrategia del gobierno establece la prohibición de la ebullición de langostas vivas como método de sacrificio y fija directrices sobre otras prácticas consideradas inhumanas relacionadas con crustáceos.
El documento oficial, citado por Financial Times, califica la propuesta como “la más ambiciosa en una generación” e incluye medidas adicionales, como la prohibición de la caza con perros, el uso de trampas y el disparo de liebres en época de cría, la eliminación progresiva de determinadas jaulas para gallinas y cerdos, y un mayor control sobre la cría y el transporte de mascotas.
Un portavoz de Downing Street indicó a Financial Times que la estrategia pretende armonizar la regulación con las prácticas adoptadas por los supermercados británicos para mejorar la calidad alimentaria.
La base legal es la Ley de Bienestar Animal de 2022, que reconoció como seres sintientes a los crustáceos decápodos (cangrejos, langostas, camarones) y a los cefalópodos (calamares, pulpos).
Aunque aquella ley no prohibió entonces la ebullición en vida, la nueva normativa corrige esa laguna; ambas publicaciones destacan que la inclusión de estos animales responde a evidencia científica sobre su capacidad de sufrir.
Organizaciones de protección animal celebraron la medida. Crustacean Compassion, colectivo que promovió la iniciativa, expresó su apoyo público a la decisión.
Ben Sturgeon, director ejecutivo de Crustacean Compassion, señaló que existen alternativas más humanas, como el aturdimiento eléctrico previo al sacrificio, que se podrían aplicar en la cadena de suministro.
El colectivo afirma que hervir crustáceos conscientes provoca varios minutos de intenso dolor antes de la muerte, por lo que la prohibición supone un avance en su bienestar.
Una encuesta de YouGov citada por The Telegraph indica que el 65 % de los adultos británicos se opone a hervir mariscos vivos, lo que muestra un respaldo social relevante a la medida.
Las críticas proceden sobre todo del sector del marisco y de restaurantes, que alertan sobre las implicaciones operativas y económicas. James Chiavarini, propietario de comercios en Londres, cuestionó la viabilidad práctica de métodos alternativos como la electrocución en establecimientos culinarios.
David Jarrad, director ejecutivo de la Shellfish Association of Great Britain, advirtió que el coste de los equipos de aturdimiento —alrededor de £3.500— podría llevar a muchos restaurantes y hoteles a preferir marisco congelado importado; añadió que la cadena de suministro ya reduce el estrés animal para mantener la calidad.
Agricultores y sindicatos expresaron preocupación por el posible aumento de exigencias, que, según dicen, podría dejar en desventaja a los productores británicos frente a importaciones procedentes de países con estándares menos estrictos.
Tom Bradshaw, presidente de la National Farmers’ Union, afirmó a Financial Times que si el gobierno eleva los estándares nacionales debe proteger a los consumidores de productos importados producidos con normas inferiores y evitar desigualdad competitiva para los agricultores británicos.
La posición oficial señala que no se firmarán acuerdos comerciales que permitan la entrada de productos que incumplan los estándares del Reino Unido y que podrían establecerse limitaciones a las importaciones para prevenir competencia desleal.
Además de la prohibición de hervir langostas vivas, la estrategia contempla la eliminación progresiva de jaulas enriquecidas para gallinas y de jaulas de parto para cerdas, la prohibición de la caza con perros y del uso de trampas, así como el refuerzo de la regulación sobre la cría y el transporte de mascotas y una aplicación más estricta donde los estándares sean bajos.
Emma Reynolds, secretaria de Estado de Medio Ambiente, dijo a Financial Times que la estrategia implica una regulación más estricta en ámbitos con estándares débiles, una aplicación efectiva y la colaboración con el sector para ofrecer apoyo adicional a cuidadores y propietarios de animales.


