Aprender de los errores no siempre ocurre: con frecuencia las personas repiten decisiones que antes fueron útiles, aun cuando ahora resultan ineficaces o dañinas.
Esta resistencia al cambio no es sólo un fallo de juicio, sino el producto de mecanismos internos que favorecen la repetición de hábitos por sobre la búsqueda consciente de mejores resultados.
En ese contexto, un estudio publicado en Journal of Neuroscience muestra cómo algunas personas quedan “capturadas” por señales externas que impiden actualizar sus creencias: siguen respondiendo a la expectativa que genera un estímulo aunque la recompensa haya desaparecido.
El psiquiatra y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) Diego López de Gomara ofreció una lectura complementaria para Infobae: el sujeto no yerra por desconocimiento, sino por una lealtad inconsciente a un antiguo circuito de goce que, aunque hoy resulte perjudicial, prevalece frente a la voluntad racional.
¿Por qué tomamos las mismas decisiones aunque ya no resulten beneficiosas?
El trabajo identifica dos sistemas de aprendizaje que interactúan: el instrumental, que depende de acciones deliberadas para obtener recompensas, y el pavloviano, que genera respuestas automáticas ante señales ambientales que anticipan un resultado. Hay diferencias individuales en la dependencia de esas señales externas a la hora de decidir.
Según López de Gomara, “el aprendizaje instrumental implica una búsqueda de satisfacción mediante una tramitación simbólica: el sujeto decide, prueba y ajusta según las consecuencias. Las señales pavlovianas, en cambio, operan a nivel automático: el estímulo convoca una respuesta sin elección deliberada”.
El estudio halló que, aunque todos aprendieron a asociar señales con recompensas, quienes los autores llaman “rastreadores de señales” mostraron menos flexibilidad cuando esas señales dejaron de predecir resultados positivos. En palabras del artículo, el rendimiento de esos participantes fue inferior bajo la influencia de señales pavlovianas porque priorizaron opciones basadas en asociaciones señal-resultado.
Para López de Gomara, esto explica por qué se repiten acciones ineficaces pese al conocimiento de su falta de utilidad: “Respondemos con patrones aprendidos en situaciones anteriores, y esas respuestas vienen asociadas a un goce. El sujeto no abandona con facilidad el lugar donde alguna vez experimentó ese goce, aun cuando la realidad haya cambiado”.
El equipo diseñó una tarea de transferencia pavloviano-instrumental con tres fases: primero, aprendizaje de asociaciones entre estímulos visuales y sonoros y sus resultados; segundo, ejecución de acciones para conseguir recompensas; tercero, evaluación de cómo la presencia de señales pavlovianas influía en las respuestas cuando esas señales ya no predecían retribución.
Mediante seguimiento ocular, los investigadores clasificaron a los participantes en “rastreadores de señales” y “rastreadores de objetivos”. El primer grupo tendió a dejarse guiar por las señales aun cuando ello era desventajoso.
El artículo señala además que en algunos sujetos la actualización de creencias sobre el valor de las señales fue más lenta, lo que indica una amplia variabilidad individual en la sensibilidad a estímulos externos y en la capacidad de adaptación.
Sobre por qué desaprender resulta más difícil que aprender, López de Gomara comentó: “Lo aprendido primero no es sólo información sino una huella que organiza el goce y el sentido. Desaprender exige una pérdida y una renuncia, y el sujeto suele defenderse de esa pérdida, aun cuando lo antiguo ya no funcione”.
El estudio combinó medidas objetivas —seguimiento del movimiento ocular y diámetro pupilar— con modelos matemáticos que estiman el peso relativo del aprendizaje instrumental frente al pavloviano en la toma de decisiones.
Transformar la relación con las señales: posibles caminos terapéuticos
Estos hallazgos abren hipótesis sobre trastornos como la adicción, la ansiedad y los comportamientos compulsivos: las decisiones poco adaptativas aparecen con más frecuencia en personas hipersensibles a señales visuales y sonoras que orientan sus elecciones, según la Sociedad de Neurociencia de Estados Unidos.
Diego López de Gomara añadió que en estos casos existe hipersensibilidad a las señales y dificultad para reescribir la relación con ellas: “No se trata de falta de aprendizaje, sino de la imposibilidad de soltar un circuito de goce ya establecido. El sujeto no está dominado por la ignorancia, sino por aquello que, aun dañándolo, le resulta demasiado familiar para abandonarlo”.
El artículo propone un marco para diseñar intervenciones que modifiquen la relación con las señales y fomenten mayor flexibilidad en la toma de decisiones. El equipo liderado por Giuseppe di Pellegrino anunció que continuará investigando en poblaciones clínicas para profundizar la relación entre aprendizaje asociativo y conductas problemáticas.


