La detención de Nicolás Maduro volvió a centrar la atención en el Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, una cárcel federal conocida por albergar a presos de alto perfil: desde exmandatarios y capos del narcotráfico hasta figuras públicas y acusados de crímenes mediáticos. Inaugurado en los años noventa y cuestionado por sus condiciones, se consolidó como una pieza clave del sistema judicial federal en Nueva York para custodiar a detenidos célebres mientras enfrentan procesos.
Maduro fue trasladado al MDC tras su captura por fuerzas estadounidenses y las imputaciones por delitos relacionados con el narcotráfico. En una audiencia en un tribunal federal de Manhattan se declaró no culpable y sostuvo que continúa siendo presidente de Venezuela; su esposa, Cilia Flores, también está acusada y negó los cargos. Ambos esperan próximas audiencias mientras permanecen en un centro que funciona como lugar de tránsito para causas federales sensibles y de gran repercusión pública.
Fundado en 1994 para mitigar el hacinamiento en la ciudad, el MDC de Brooklyn aloja a hombres y mujeres que aguardan juicio o sentencia en cortes federales. Tras el cierre del penal federal de Manhattan en 2021, el complejo de Brooklyn quedó como la única instalación penitenciaria federal operativa en Nueva York, lo que, junto con su proximidad a las cortes del distrito sur y a la fiscalía, explica la concentración de detenidos de casos emblemáticos.
Ese papel convirtió al MDC en punto de paso para algunos de los procesos más resonantes de las últimas décadas. Un ejemplo es Ghislaine Maxwell, quien antes de su condena por tráfico sexual de menores permaneció en el penal bajo estrictas medidas de vigilancia para prevenir riesgos de autolesión; su caso expuso la red de abusos vinculada a Jeffrey Epstein y reavivó el debate sobre las condiciones de detención.
Otro interno de alto perfil fue Joaquín “El Chapo” Guzmán. Tras su extradición desde México, pasó por el MDC en condiciones de aislamiento casi total antes de ser trasladado a una prisión de máxima seguridad, en un operativo excepcional motivado por el riesgo de fugas. Luego fue condenado a cadena perpetua por narcotráfico.
El penal también albergó a Juan Orlando Hernández, ex presidente de Honduras, quien fue detenido y juzgado en Estados Unidos por cargos vinculados al narcotráfico y permaneció más de tres años en el MDC mientras avanzaba su proceso. Su caso marcó un hito en la relación entre Washington y líderes centroamericanos acusados de colaborar con redes criminales; en noviembre de 2025 recibió un indulto presidencial y quedó en libertad.
En la misma línea, Genaro García Luna, ex secretario de Seguridad Pública de México, estuvo recluido en el MDC durante un juicio por supuestos vínculos con el Cártel de Sinaloa. El proceso, seguido con atención en ambos países, puso de manifiesto la profundidad de las presuntas relaciones entre estructuras estatales y organizaciones criminales.
La lista de figuras célebres incluye además a Sean Diddy Combs, investigado por delitos sexuales en una causa federal, y casos más recientes como el de Luigi Mangione, acusado del asesinato de un alto ejecutivo del sector sanitario, que causó conmoción en el ámbito corporativo estadounidense.
El MDC es un edificio de varios pisos de concreto y acero cerca del puerto de Nueva York, rodeado por muros, barricadas y cámaras. Aunque su diseño es vertical, dispone de patios para actividad física, áreas médicas y una biblioteca, según reportes de PBS. El régimen es estricto: las celdas son reducidas, las salidas diarias limitadas, las visitas se realizan sin contacto y las comunicaciones están sujetas a control permanente.
Diseñado para alrededor de 1.000 internos, el penal llegó a alojar cerca de 1.600 personas en 2019; datos recientes de la Oficina Federal de Prisiones indican que hoy alberga aproximadamente 1.336 reclusos. Documentos citados por AP señalan un déficit significativo de personal, una situación que durante años motivó denuncias de abogados defensores y organizaciones de derechos civiles.
Uno de los incidentes más graves ocurrió en 2019, cuando una falla eléctrica dejó a los internos sin calefacción durante varios días, lo que dio lugar a reclamos públicos y demandas. La entonces fiscal general de Nueva York, Letitia James, calificó la situación de “inaceptable e inhumana” y llevó acciones contra el gobierno federal. Jueces federales también expresaron preocupación, aunque en audiencias posteriores se reconocieron mejoras vinculadas al aumento de personal y cambios operativos.
En ese contexto, la llegada de Nicolás Maduro vuelve a situar al Metropolitan Detention Center de Brooklyn en el centro del debate público. No es solo el lugar donde esperan juicio detenidos de alto perfil, sino una instalación que, desde hace tres décadas, funciona como antesala judicial para casos sensibles del sistema penal federal. Cada nuevo interno célebre recuerda por qué el MDC sigue siendo un referente cuando se discuten poder, crimen y justicia en Estados Unidos.


