Las protestas en Irán han dejado, según el grupo de derechos humanos HRANA con sede en Estados Unidos, al menos 2.571 personas muertas en la mayor ola de disidencia que afronta el régimen en años.
HRANA detalló que ha verificado hasta ahora 2.403 muertes de manifestantes, además de 147 personas vinculadas al gobierno, 12 menores de 18 años y nueve civiles que no participaban en las protestas. Esos datos corresponden a víctimas confirmadas en manifestaciones que se han extendido por distintas regiones durante más de dos semanas.
Un funcionario iraní afirmó por su parte que aproximadamente 2.000 personas murieron en los disturbios, la primera cifra global oficial ofrecida desde el inicio del malestar, lo que contrasta con los números proporcionados por HRANA.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instó a los iraníes a continuar las protestas y dijo que “la ayuda está en camino”. Al ser consultado por periodistas sobre el alcance de esa declaración, respondió: “Tendrán que averiguarlo”.
Trump también indicó que la acción militar figura entre las opciones que su administración está evaluando para castigar a Irán por la represión de las protestas, sin ofrecer detalles adicionales sobre posibles medidas.
Más temprano, el mandatario advirtió que Estados Unidos tomaría “acciones muy contundentes” si las autoridades iraníes comenzaban a ejecutar a manifestantes detenidos, declaraciones realizadas en una entrevista con CBS News.
En esa entrevista sostuvo que su gobierno respondería con firmeza ante cualquier represión letal, en particular si se concretaran ejecuciones por ahorcamiento de manifestantes encarcelados, una medida que fiscales iraníes dijeron podría comenzar a aplicarse a partir del miércoles.
Trump señaló que el número de muertos sigue siendo incierto, aunque lo describió como “considerable”, y mencionó que existen estimaciones muy dispares, que van desde cifras bajas hasta reportes que superan los 12.000 o incluso 20.000 fallecidos, según fuentes citadas por la cadena estadounidense. “Una muerte ya es demasiado”, afirmó, y dijo que recibirá un informe detallado a su regreso a Washington.
La postura estadounidense se produce en medio de la preocupación de que las autoridades iraníes recurran a la pena de muerte para reprimir las protestas, después de que la fiscalía de Teherán anunciara que algunos detenidos serán juzgados por el delito de “moharebeh” (literalmente “guerra contra Dios”), que puede conllevar la pena capital.
Durante un discurso en Detroit, Trump volvió a referirse a las protestas y dijo a “los patriotas iraníes” que sigan protestando, que tomen el control de sus instituciones si es posible y que recuerden los nombres de quienes, según él, han cometido abusos, porque “pagarán un precio muy alto”.
En el mismo acto afirmó que había cancelado todas las reuniones con funcionarios iraníes hasta que cesen las muertes de manifestantes, repitió que “la ayuda está en camino”, y dijo haber impuesto aranceles a quienes comercien con Irán. También afirmó que Irán “era un gran país hasta que estos monstruos llegaron y se apoderaron de él”, en referencia al liderazgo actual.
Las autoridades iraníes rechazaron las declaraciones de Trump y acusaron a Estados Unidos e Israel de alimentar la violencia interna. Funcionarios iraníes atribuyeron las muertes a “operativos terroristas” que, según dijeron, reciben orientación extranjera para provocar disturbios.
(Con información de REUTERS)


