20 de enero de 2026
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Primer descenso en la batisfera

En 1930, William Beebe y Otis Barton se sometieron a la presión del mar dentro de una esfera de acero frente a las costas de las Bermudas, logrando por primera vez la observación directa del mundo abisal desde el interior del océano.

La bathysfera, diseñada por ambos, permitió ver organismos vivos ubicados más allá del alcance de la luz solar. Esta experiencia marcó un hito en la exploración submarina, al transformar lo que hasta entonces sólo se conocía por ejemplares recuperados en redes en observaciones en su hábitat natural.

Antes de la bathysfera, estudiar las profundidades marinas era difícil: los buzos sólo llegaban a poca profundidad por la presión, y las redes devolvían especímenes dañados o descoloridos, lo que ofrecía información incompleta sobre la vida abisal.

Beebe comparó la incertidumbre de acercarse a esas profundidades con la de explorar la superficie de Marte, resaltando la falta de conocimiento sobre ese ambiente remoto.

La necesidad de ver los organismos en su ambiente motivó experimentos y discusiones con distintas figuras, incluido Theodore Roosevelt, quien contribuyó con un diseño inicial junto a Beebe.

Tras dos años de trabajo conjunto entre Beebe, zoólogo y explorador, y Barton, ingeniero, se desarrolló el diseño definitivo. El principal desafío fue construir una esfera de acero capaz de soportar la enorme presión, proteger a sus ocupantes y minimizar riesgos.

La estructura, de apenas más de un metro de diámetro, debía resistir condiciones extremas. Barton aportó financiación y conocimientos técnicos, mientras que Beebe sumó la experiencia científica y la convicción sobre el valor de la empresa.

El nombre “bathysfera”, de raíz griega, reflejó la intención de llegar a las grandes profundidades marinas.

Preparativos y primeras inmersiones en Bermudas

La base de operaciones se estableció en la isla Nonsuch, en las Bermudas, un lugar con arrecifes de coral y acceso a profundidades adecuadas para las pruebas.

En la primavera de 1930, el equipo —que incluía al Departamento de Investigación Tropical y la Sociedad Zoológica de Nueva York— montó la esfera, la grúa, los sistemas de oxígeno y las comunicaciones por cable necesarias para las inmersiones.

Barton proporcionó la esfera de dos toneladas, el cable de acero y una manguera con líneas telefónicas y eléctricas; Beebe aportó el cabrestante Arcturus de siete toneladas, el remolcador Gladisfen y la tripulación de apoyo.

En junio, cuando las condiciones meteorológicas lo permitieron, las primeras inmersiones evaluaron la resistencia de la bathysfera y la capacidad de los ocupantes para soportar largos periodos de aislamiento. En el interior, la única conexión visual con el exterior eran ventanas de cuarzo fundido.

Antes de cada descenso se comprobaban el flujo de oxígeno y el sello de la puerta; una vez cerrada, el aislamiento era completo. Dentro de la esfera aumentaba la tensión ante cualquier ruido o filtración, mientras el frío y la oscuridad se intensificaban a medida que se descendía.

Los relatos contemporáneos describen la experiencia a bordo como sorprendente e incómoda al mismo tiempo. Beebe observó que el espacio interior se percibía distinto con el tiempo, y que la sensación de confinamiento junto con la mínima comunicación con la superficie definieron gran parte de la expedición.

Revelaciones bajo el océano: criaturas y colores desconocidos

En la inmersión del 11 de junio de 1930, Beebe y Barton alcanzaron 426 metros en aproximadamente una hora. La oscuridad era casi total, y el haz del foco eléctrico sólo ocasionalmente iluminaba organismos vivos hasta entonces inéditos en observación directa.

Beebe describió la experiencia de ver esa iluminación natural como algo más sorprendente de lo que la imaginación podía prever, y resaltó la novedad de observar la vida abisal en su medio.

Desde las ventanas, los exploradores identificaron peces y otros organismos que hasta ese momento solo se conocían por ejemplares capturados en redes. Ver sus colores, comportamientos de nado y hábitos sociales o solitarios ofreció información fundamental que justificó el esfuerzo y el riesgo de las inmersiones.

Cada nueva observación —desde peces pálidos hasta camarones pequeños y bioluminiscentes— amplió el conocimiento sobre la biodiversidad del abismo.

Un hallazgo notable fue la variación de la coloración según la profundidad y la luz: ejemplares que aparecían rojos en superficie se volvían oscuros o azulados al descender, un fenómeno que Beebe documentó en varias inmersiones.

La observación directa de estos cambios aportó información sobre las adaptaciones al entorno extremo. En algunas ocasiones, enjambres de medusas y peces rodeaban la luz de la bathysfera; a profundidades cercanas a 1.300 metros, la oscuridad solo se interrumpía por destellos bioluminiscentes.

Las inmersiones permitieron además seguir la transición de la vida desde aguas someras hasta el abismo, registrar migraciones y observar especies vistas vivas por primera vez, como Cyclothones, peces hacha y ciertas anguilas. También se documentaron interacciones como la limpieza simbiótica y diversos comportamientos de organismos luminosos y transparentes.

Un legado para la ciencia y la exploración

La bathysfera dejó un legado claro en oceanografía: abrió la posibilidad de observar directamente la vida en el océano profundo y convirtió en datos observables lo que antes eran conjeturas basadas en muestras dañadas.

Tras 15 descensos, Beebe y Barton registraron especies nuevas, transiciones de hábitat y comportamientos difíciles de captar desde la superficie, sentando fundamentos para investigaciones posteriores.

Las “inmersiones de contorno” cerca de la costa permitieron documentar cómo evolucionan comunidades de corales y peces desde aguas someras hacia formas abisales, mostrando la continuidad y complejidad de los ecosistemas marinos.

Con el paso del tiempo, Beebe concluyó que la verdadera magnitud de esas experiencias se aprecia mejor con la perspectiva histórica, ya que sus observaciones transformaron la comprensión del mundo submarino.

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