La Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo anunció que reanudará los trabajos para aprobar el acuerdo comercial con Estados Unidos, que estaba paralizado desde enero tras las amenazas del presidente Donald Trump de anexionar Groenlandia. La reactivación se produce después de que Trump dejara de presionar públicamente sobre ese territorio autónomo danés, y los eurodiputados han incorporado nuevas salvaguardias para proteger la soberanía europea frente a posibles futuras tensiones con Washington.
“Los miembros de la comisión de comercio siguen comprometidos con el avance expedito de las dos propuestas legislativas, siempre que Estados Unidos respete la integridad territorial y la soberanía de la Unión y sus Estados miembros”, declaró Bernd Lange, presidente del comité parlamentario. Lange indicó que la comisión podría decidir sobre la implementación del acuerdo en su próxima reunión, prevista para el 24 de febrero, antes de someterlo a votación en el pleno de la Eurocámara.
El acuerdo entre Bruselas y Washington, alcanzado en julio de 2025 tras negociaciones tensas, prevé la eliminación de aranceles sobre productos industriales estadounidenses. No obstante, el Parlamento Europeo había paralizado su ratificación en enero cuando Trump intensificó su campaña para obtener el control de Groenlandia, y su ofensiva diplomática incluyó amenazas arancelarias contra ocho países europeos que no apoyaron sus reclamaciones territoriales.
El cambio de postura de Trump se registró el mes pasado, cuando anunció un “acuerdo marco” con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para asegurar una mayor influencia estadounidense en la región ártica sin alterar la soberanía danesa sobre Groenlandia. Ese repliegue permitió a los legisladores europeos reconsiderar el bloqueo al pacto comercial, aunque introduciendo nuevas condiciones de seguridad.
La Eurocámara incorporará en las enmiendas al texto “motivos de suspensión” que permitirían paralizar automáticamente el acuerdo en caso de futuras amenazas a la integridad territorial de Estados miembros de la Unión. “El mensaje a Washington es claro: el respeto a la soberanía de Europa y el cumplimiento total del acuerdo UE-EEUU son innegociables”, subrayó Lange.
El contexto del pacto se remonta a la escalada arancelaria iniciada por la administración Trump en su segundo mandato. En los meses previos al acuerdo de julio, Washington impuso aranceles del 15% sobre productos europeos, lo que provocó represalias de Bruselas y el temor de una guerra comercial transatlántica. Las negociaciones finales permitieron un compromiso que eliminaba barreras comerciales para bienes industriales, aunque quedaron pendientes asuntos sensibles como los metales.
El tratamiento del acero y el aluminio europeos sigue siendo un punto de fricción. Estados Unidos mantiene aranceles del 50% sobre esos productos procedentes de la Unión Europea, una medida que Bruselas considera incompatible con el espíritu del acuerdo. Lange advirtió que “mientras estos aranceles no se reduzcan al 15%, no puede haber acceso libre de aranceles para el acero y el aluminio estadounidenses al mercado europeo”.
Esta postura refleja un endurecimiento de la estrategia europea frente a Washington. Aunque la Eurocámara ha desbloqueado el proceso de ratificación, los legisladores emplean su voto final como palanca para obtener concesiones adicionales de la administración estadounidense. La Unión ha solicitado formalmente a Estados Unidos que recorte los aranceles sobre metales, pero hasta ahora no ha conseguido una respuesta satisfactoria.
El calendario de la Comisión de Comercio Internacional apunta a una resolución relativamente rápida: la reunión decisiva está fijada para finales de febrero y una votación en el pleno podría seguir en las semanas posteriores. Sin embargo, el resultado final dependerá tanto de la evolución de la posición estadounidense sobre los aranceles a los metales como del cumplimiento efectivo de los compromisos sobre respeto territorial.

