El exfutbolista inglés Rio Ferdinand afronta hoy las secuelas físicas de una carrera sometida a un alto nivel de exigencia. En una entrevista con Men’s Health UK, reveló que las lesiones de espalda que sufrió como profesional lo han llevado a hospitalizaciones frecuentes y, en casos extremos, al uso temporal de silla de ruedas, mostrando la magnitud de las consecuencias del deporte de élite.
Ferdinand explica que el dolor de espalda le acompaña desde hace años. El exdefensor, que disputó casi 600 partidos entre clubes y la selección inglesa, contó que sufrió lesiones durante su carrera y que durante períodos prolongados recurrió a pastillas e inyecciones para poder seguir jugando.
Hoy, con 47 años, describe episodios de dolor que aparecen de forma repentina y pueden obligarlo a ingresar en el hospital o a permanecer en silla de ruedas durante algunos días, lo que evidencia el alto costo físico de prolongar una carrera en la élite.
A pesar de su apariencia de buena forma física, reconoce que los tratamientos paliativos usados para mitigar el dolor en su etapa activa —analgésicos e inyecciones— han dejado secuelas importantes y han convertido su problema en una condición crónica que requiere atención especializada.
Tras su retiro en 2015, Ferdinand —quien además jugó en West Ham, Leeds United y Queens Park Rangers (QPR)— adoptó un enfoque integral para manejar su salud. Comenzó a ver a un fisioterapeuta regularmente y combina la fisioterapia con el trabajo de su entrenador personal para seguir un plan holístico orientado a mejorar su calidad de vida.
Su experiencia le ha dado mayor conocimiento sobre su cuerpo y sobre la importancia de la prevención: considera que es mejor evitar las lesiones en lugar de repararlas cuando ya están presentes, aunque admite que le tomó mucho tiempo llegar a esa conclusión.
La mudanza con su esposa Kate a Dubái en 2025 respondió en parte a la búsqueda de un entorno más favorable para su bienestar. Allí intenta mantener una vida activa y servir de ejemplo para sus cinco hijos, promoviendo hábitos saludables y la rutina del ejercicio diario.
Ferdinand señala que su motivación para mantenerse activo va más allá de lo físico, y remite a la ética de trabajo que le inculcaron sus padres. También enfatiza que la actividad física contribuye a su salud mental.
En la parte final de su carrera ya percibía el coste de las lesiones: su última temporada, en QPR, estuvo condicionada por problemas físicos y por una participación reducida, con solo 11 partidos antes del descenso del club.
El retiro coincidió además con momentos personales difíciles, incluida la muerte de su primera esposa Rebecca. En ese contexto, subrayó la importancia de mantener hábitos positivos como recurso para afrontar la adversidad y dar seguridad a sus hijos.
En resumen, la trayectoria de Ferdinand ilustra cómo las demandas del deporte profesional pueden dejar secuelas duraderas y cómo un enfoque de cuidado continuado y preventivo se ha convertido en parte central de su vida tras el retiro.

