La expansión de las ciudades y el avance tecnológico han puesto en riesgo los paisajes sonoros naturales. Elementos como el viento, el canto de las aves y el murmullo del agua son cada vez más difíciles de percibir sin la interferencia del ruido humano.
Aun así, existen lugares que conservan su tranquilidad acústica y que atraen tanto a investigadores como a personas que buscan reconectar con la naturaleza. Organizaciones como Quiet Parks International (QPI) trabajan para identificar, certificar y proteger estos últimos refugios de silencio.
La tranquilidad natural no significa ausencia total de sonido, sino la presencia únicamente de sonidos propios del entorno natural, sin contaminación acústica humana. Vikram Chauhan, presidente de QPI, ha señalado que los Parques Urbanos Tranquilos brindan belleza natural y momentos de calma diaria a personas que los necesitan con urgencia.
Numerosos estudios asocian la exposición continuada al ruido artificial con efectos negativos en la salud, como estrés, alteraciones del sueño e hipertensión. El ruido también afecta a la fauna: según Jesse Barber, profesor del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad Estatal de Boise, la contaminación sonora puede impedir que los animales oigan señales importantes, modificar su hábitat y afectar su éxito reproductivo.
Para el ecologista acústico Gordon Hempton, cofundador de QPI, certificar áreas naturalmente tranquilas es fundamental para que la sociedad recupere beneficios para la salud mental y física a través del contacto con paisajes sonoros intactos.
Los últimos refugios libres de ruido
Parque Nacional de Yangmingshan, Taiwán
En 2020, QPI certificó el primer Parque Urbano Tranquilo del mundo en un entorno muy poblado: el Parque Nacional de Yangmingshan, al norte de Taipéi. Con unos 111 kilómetros cuadrados, es conocido por sus aguas termales, su orografía montañosa y la presencia de aves endémicas. Laila Chin-Hui Fan, periodista ambiental y presidenta de la Asociación de Paisajes Sonoros de Taiwán, fue clave en la certificación al documentar y grabar los sonidos del parque, demostrando su valor acústico.
Fan ha explicado que, debido a circunstancias históricas y diplomáticas que han limitado otras voces, decidieron ofrecer a Taiwán como un lugar para escuchar. Espera que más visitantes internacionales acudan a experimentar la tranquilidad natural del país.
El caso de Yangmingshan muestra que es posible encontrar oasis de silencio incluso cerca de grandes centros urbanos, proporcionando a la población espacios para reducir los efectos negativos del ruido citadino.
Reserva Natural de NambiRand, Namibia
En África, la Reserva Natural de NambiRand se convirtió en el primer Parque Natural Silencioso certificado del continente. Situada en las cercanías de Windhoek y con alrededor de 200.000 hectáreas, la reserva se distingue por su compromiso con la conservación de un entorno prístino y por preservar un santuario acústico tanto para personas como para fauna.
Los estudios de QPI establecen que el ruido de fondo en estos espacios no debe superar los 45 decibelios, un nivel equivalente al murmullo de una biblioteca. En NambiRand, los visitantes escuchan principalmente sonidos naturales, como el viento en las dunas y el canto de aves autóctonas, un recurso cada vez menos frecuente cuya protección es prioritaria para la biodiversidad y el bienestar humano.
Parque Nacional de los Glaciares, Estados Unidos
El Parque Nacional de los Glaciares, en Montana, es uno de los pocos lugares en Estados Unidos cuyo paisaje sonoro permanece casi intacto. Gordon Hempton, a través de su iniciativa One Square Inch of Silence, señaló este parque como uno de los sitios más silenciosos del país y subrayó que preservar estas áreas influye en la calidad de vida.
QPI realiza mediciones periódicas para verificar que estos espacios mantengan bajos niveles de contaminación acústica. Otros lugares destacados en Estados Unidos son el Boundary Waters Canoe Area en Minnesota y el Bob Marshall Wilderness Complex en Montana; según Les Blomberg, fundador de Noise Pollution Clearinghouse, el aislamiento geográfico y la baja densidad de tráfico aéreo ayudan a conservar estos ambientes sonoros.
Parque Nacional de la Isla del Alce, Canadá
En Canadá, el Parque Nacional de la Isla del Alce está en proceso de certificación como Parque Silencioso. Este lugar ofrece un refugio para quienes desean experimentar la naturaleza sin interferencias humanas, y QPI espera que su reconocimiento sirva de ejemplo para que otras regiones valoren y protejan sus paisajes sonoros.
Reserva Nacional Río Clarillo, Chile
En Sudamérica, la Reserva Nacional Río Clarillo, en Chile, también avanza en el proceso de certificación por parte de QPI. Su paisaje sonoro está dominado por el curso del agua, el canto de aves y el susurro de los árboles, elementos cada vez más escasos en otras áreas del continente.
Kenya Williams, fundadora de Hush Soundscape Planning and Design y asesora de QPI, afirma que la certificación de un parque como silencioso puede transformar comportamientos, de manera similar a cómo la educación y la conciencia han promovido prácticas como el reciclaje. Los expertos coinciden en que proteger estos espacios no es un lujo, sino una necesidad para la salud pública y la conservación de la biodiversidad.

