15 de febrero de 2026
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Imágenes satelitales muestran expansión del arsenal nuclear chino

Un análisis publicado por The New York Times, basado en imágenes satelitales y en evaluaciones de expertos en inteligencia geoespacial, indica que China está acelerando la expansión de su infraestructura nuclear militar en zonas montañosas del suroeste del país, con nuevas obras y modernizaciones en instalaciones históricas vinculadas a la producción de componentes de armas nucleares.

El informe señala varios complejos en valles remotos de la provincia de Sichuan, entre ellos sitios identificados como Zitong y Pingtong, donde se observan nuevas construcciones subterráneas, sistemas de ventilación industrial y áreas de ensayo que, según especialistas, están directamente relacionadas con la fabricación y el perfeccionamiento de ojivas nucleares.

Renny Babiarz, experto en inteligencia geoespacial que compartió sus conclusiones con el diario estadounidense, afirmó que las modificaciones detectadas en estos recintos forman parte de un cambio estructural más amplio en la política de Pekín.

“Los cambios que observamos en el terreno en estos sitios coinciden con los objetivos generales de China de consolidarse como una potencia global. Las armas nucleares son una pieza central de ese propósito”, señaló.

Babiarz explicó que, al examinar en conjunto las distintas instalaciones nucleares distribuidas por el territorio chino, se aprecia un patrón de crecimiento sostenido.

“Ha habido transformaciones en todos estos lugares y, en términos generales, ese proceso se aceleró desde 2019”, indicó.

Uno de los enclaves más sensibles es el complejo de Pingtong, que cuenta con un doble perímetro de seguridad y un edificio principal dominado por una torre de ventilación de más de 100 metros. En los últimos años esa estructura fue reacondicionada con nuevos sistemas de ventilación y disipación térmica, y se observan además obras adicionales en sectores adyacentes.

El análisis técnico citado por The New York Times afirma que el diseño del complejo es compatible con instalaciones destinadas a la fabricación de los llamados “pits”, el núcleo metálico de las ojivas nucleares que suele contener plutonio.

Babiarz puntualizó que la arquitectura de Pingtong presenta semejanzas con centros de producción de este tipo de componentes en otros países.

En el valle de Zitong, las imágenes muestran la construcción de nuevos búnkeres, taludes de protección y zonas de contención. Según especialistas, esos espacios podrían estar destinados a ensayos con explosivos de alta potencia necesarios para perfeccionar el sistema de implosión que inicia la reacción nuclear en una ojiva.

El físico Hui Zhang, investigador de los programas nucleares chinos en la Harvard Kennedy School, explicó al diario que este tipo de pruebas es fundamental para alcanzar la precisión técnica requerida.

“Hay una capa de explosivos de alta potencia cuya onda de choque implosiona simultáneamente hacia el centro. Para perfeccionar ese proceso son necesarias pruebas de detonación”, dijo Zhang.

El investigador también subrayó que, a partir de imágenes satelitales, no es posible determinar el volumen real de producción de armas. “No sabemos cuántas ojivas se han fabricado; lo único que podemos observar es la expansión de las plantas”, aclaró.

Las instalaciones de Sichuan se originan en una estrategia impulsada hace más de seis décadas por Mao Zedong, cuando el liderazgo chino lanzó el llamado proyecto del “Tercer Frente” para trasladar fábricas militares y centros de investigación al interior montañoso y protegerlos de posibles ataques de Estados Unidos o de la entonces Unión Soviética.

En esa época decenas de miles de científicos, ingenieros y trabajadores participaron en la construcción de una red de complejos nucleares secretos. Con el posterior enfriamiento de las tensiones con Washington y Moscú, muchas de esas instalaciones redujeron su actividad o cerraron, y parte del personal se reubicó en nuevos centros de investigación en la ciudad de Mianyang.

No obstante, ese período de contención comenzó a invertirse hace alrededor de siete años. Según Babiarz, el gobierno chino emprendió una ampliación y modernización acelerada de numerosas instalaciones vinculadas al desarrollo de armamento nuclear. En Mianyang, por ejemplo, se levantó un laboratorio de ignición láser que puede emplearse para estudiar el comportamiento de ojivas sin detonar realmente.

En la entrada del complejo de Pingtong, las imágenes satelitales muestran además una consigna atribuida al líder chino Xi Jinping, escrita con caracteres de gran tamaño visibles desde el espacio, que exhorta a mantener la fidelidad a la misión fundacional del Partido.

La expansión del programa nuclear chino se produce en un contexto de debilitamiento de los mecanismos de control de armas, tras la expiración del último tratado de reducción de arsenales entre Estados Unidos y Rusia. Washington sostiene que cualquier nuevo acuerdo deberá incluir a China, una demanda que Pekín ha rechazado de forma reiterada.

La tensión aumentó este mes cuando el subsecretario de Estado para control de armamentos y seguridad internacional, Thomas G. DiNanno, acusó a China de haber llevado a cabo pruebas nucleares explosivas encubiertas, en violación de la moratoria internacional.

Según la estimación anual más reciente del Departamento de Defensa de Estados Unidos, China disponía de más de 600 ojivas nucleares a fines de 2024 y podría acercarse a 1.000 para 2030. Aunque su arsenal sigue siendo menor que el de Estados Unidos y Rusia, su ritmo de crecimiento preocupa a expertos occidentales.

Matthew Sharp, exfuncionario del Departamento de Estado y actual investigador del Centro de Política de Seguridad Nuclear del MIT, advirtió que la ausencia de un diálogo estratégico con Pekín incrementa los riesgos. “Sin un intercambio real sobre estos temas, es muy difícil prever hacia dónde se dirige la situación, y eso obliga a planificar en función del peor escenario posible frente a una tendencia que genera inquietud”, afirmó.

Otro punto de preocupación para Washington es el posible efecto de este arsenal modernizado en una crisis regional, en particular en relación con Taiwán.

Michael S. Chase, exfuncionario del Departamento de Defensa y actual investigador principal de la RAND Corporation, afirmó que China procura reducir su vulnerabilidad estratégica.

“El objetivo es situarse en una posición en la que consideren que, en gran medida, están a salvo de la coerción nuclear de Estados Unidos”, explicó, y añadió que ese cálculo podría influir en la dinámica de un conflicto convencional alrededor de Taiwán.

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