16 de febrero de 2026
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Evolución del comercio exterior en Argentina

Federico afirma que, con trámites más sencillos y mayor previsibilidad, importar pasa a ser una oportunidad concreta para las empresas. En esta entrevista detalla qué significa un canal verde, cómo se actúa frente a un canal rojo y por qué la prevención es fundamental.

¿Cómo ves hoy la actualidad del sector?

Desde mi perspectiva, el panorama del sector es positivo. Se están simplificando numerosos trámites; por ejemplo, las certificaciones son hoy menos complejas que antes, lo que reduce costos y demoras.

Además, se nota un cambio operativo —no necesariamente normativo—: ha aumentado la proporción de canales verdes. En nuestra experiencia, desde el último trimestre del año pasado hasta un 70% de los despachos pueden clasificarse como canal verde, lo que agiliza considerablemente las operaciones.

¿Qué es un canal verde y por qué es tan importante?

La Aduana aplica controles selectivos al ingreso de importaciones. Existen distintos canales de selectividad: en canal rojo se realiza inspección física de la mercadería y una revisión exhaustiva de la documentación, lo que implica mayor tiempo y costos.

En cambio, en canal verde no hay inspección física; se realiza un control documental mínimo y la mercadería puede retirarse con mucha más rapidez. Esa diferencia impacta directamente en la velocidad de la operación y en los costos asociados.

¿Qué tipo de mercadería suele salir en canal rojo?

Suelen ir a canal rojo las mercaderías que requieren intervenciones especiales, como productos médicos, que necesitan controles más exhaustivos. En cambio, manufacturas plásticas o dispositivos electrónicos de consumo, como una tablet, que no requieren intervención sanitaria, tienen más probabilidades de salir por canal verde.

¿Cómo se prepara un despachante para esta situación?

Siempre nos preparamos como si pudiera corresponder canal rojo. Revisamos certificados y documentación punto por punto. Lo esencial es que lo declarado en el despacho coincida con los documentos comerciales y con la mercadería física; si todo coincide, no debería haber inconvenientes.

¿Notás crecimiento en algún sector en particular?

Trabajo con una variedad de productos, principalmente para pymes, y también para empresas de consumo masivo. Se observa crecimiento en alimentos, especialmente importados y golosinas, y en productos de estética, que en su momento registraron un fuerte aumento.

¿Tiene particularidades operar con productos de estética o similares?

El esquema de trabajo es siempre el mismo: solicitamos la mayor cantidad de información posible —ficha técnica, manual, enlaces y una descripción completa— y con eso elaboramos un informe sobre clasificación arancelaria, viabilidad de importación, tributos aplicables y documentación necesaria.

Sea un equipo médico de alta complejidad o insumos como tintas para tatuajes, el análisis es igual de detallado. Si falta documentación o certificación, la mercadería queda retenida y allí comienzan las complicaciones.

¿Qué es lo más difícil de explicar sobre la profesión de despachante?

Lo más difícil de explicar es que no trabajamos para la Aduana. Somos auxiliares del servicio aduanero pero pertenecemos al sector privado: representamos y defendemos los intereses de los usuarios dentro del marco legal.

Si tuvieras que marcar un error frecuente en pymes, ¿cuál sería?

No enviar la información antes de cerrar la orden. Suele ocurrir que los usuarios cierran pedidos en una feria y luego consultan; en esos casos a veces hay que gestionar certificaciones con urgencia o se encuentran tributos más altos de lo esperado.

¿Cuál es el error más caro?

En comercio exterior, el error más costoso es el que se detecta tarde. La prevención resulta mucho más barata que la corrección. Un ejemplo claro es subestimar la necesidad de una certificación y hacer un pedido sin consultarla: cuando el producto ya está en tránsito y no cumple, los costos y los plazos aumentan considerablemente y el importador no siempre está dispuesto a esperar todo el proceso.

¿Qué situaciones ponen más en juego la coordinación entre áreas?

La falta de comunicación. En una operación intervienen el importador, el despachante, la Aduana, el transportista y el forwarder; cuando la información no circula con claridad, aparecen problemas. En pymes que no cuentan con un departamento de comercio exterior, el despachante termina asumiendo la coordinación entre varias áreas.

No siempre es posible alinear a todos los actores; a veces hay que poner límites y explicar que las normas no son sugerencias. Es necesario detallar los riesgos y las dificultades.

Por ejemplo, un producto eléctrico con un tipo de enchufe no permitido en Argentina: si sale canal rojo y se detecta, no hay argumento posible, porque la incompatibilidad es evidente.

¿Qué pasa cuando una mercadería queda retenida?

Si no cumple con la normativa vigente, puede derivarse una denuncia administrativa. En el último tiempo se incorporó la posibilidad de retirar la mercadería mientras se tramita la denuncia, lo que evita altos costos de almacenaje que antes se generaban cuando las mercaderías permanecían meses en depósito fiscal.

Si la denuncia resulta desfavorable, la mercadería puede volver al origen o ser destruida. Es un proceso que suele demorarse varios meses y, en general, no resulta conveniente económicamente.

¿Cómo ves las expectativas del sector hacia adelante?

Las perspectivas son de mayor actividad y una mejora general: se está transitando desde un sistema más caótico hacia uno más ordenado.

Con procesos más simples y mayor previsibilidad, importar se transforma en una oportunidad real para las empresas. En mi opinión, las expectativas del sector son favorables.

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