El amor no solo se manifiesta en las relaciones personales; también influye en cómo las personas perciben y experimentan los idiomas. La interacción entre lengua, cultura y emociones ha motivado un creciente interés, especialmente en contextos donde la comunicación afectiva trasciende fronteras.
En encuestas y análisis de plataformas de aprendizaje y medios internacionales, el francés, el italiano y el español aparecen como las lenguas más asociadas al romance y a la expresión afectiva. Esta preferencia se vincula a su musicalidad, sonoridad y a su presencia en la cultura popular, el cine, la literatura y la música, según reportes de greenMe y Berges Institute.
Fuentes como Babbel atribuyen la fama del francés a su pronunciación suave y a su tradición artística ligada a París. El italiano destaca por su ritmo y abundancia de vocales, rasgos que contribuyen a su imagen atractiva en el plano romántico, según expertos citados por greenMe. El español, con fuerte presencia en la música y la literatura contemporánea, suele asociarse a la calidez y la cercanía, conforme a estudios como el de la Universidad de Alcalá.
La investigación académica ha examinado cómo el idioma influye en la expresión emocional. Investigadores como Jean-Marc Dewaele y Aneta Pavlenko indican que la elección de lengua para manifestar sentimientos depende de la edad de adquisición, el contexto de aprendizaje y la frecuencia de uso en situaciones afectivas. En consecuencia, el peso emocional de una lengua está estrechamente ligado a la historia personal y cultural del hablante.
Alemán, árabe, japonés y mandarín: complejidad y distancia emocional
En el extremo opuesto del espectro, idiomas como el alemán, el árabe, el japonés y el mandarín suelen percibirse como menos románticos. Estudios de la Universidad Antonio de Nebrija y revisiones académicas, incluidas las de Anna Doquin de Saint-Preux, apuntan a factores como la complejidad gramatical, una sonoridad considerada más áspera y la distancia cultural como causas de esa percepción.
Investigaciones psicofisiológicas citadas por Pavlenko y otros autores muestran que las palabras emocionales en la lengua materna generan respuestas más intensas que en lenguas no nativas. Plataformas educativas, como Babbel, subrayan la imagen del alemán como una lengua asociada a la racionalidad, contraponiéndola a la percepción más pasional de las lenguas latinas.
El mandarín y el japonés añaden desafíos por sus sistemas de escritura y, en el caso del mandarín, por la tonalidad, lo que puede dificultar una conexión emocional inmediata en hablantes no nativos. En general, la percepción romántica de una lengua depende de la musicalidad, la carga cultural, la experiencia personal y la facilidad para expresar afecto.
Este interés por la sonoridad y el significado simbólico de los idiomas se refleja en el crecimiento de cursos, talleres y contenidos centrados en la dimensión afectiva del lenguaje. Las plataformas de aprendizaje han notado una mayor demanda de programas orientados a la comunicación sentimental, lo que refuerza la posición del francés, el italiano y el español como referentes en este ámbito.
Las preferencias lingüísticas en contextos románticos varían según la región, la edad y la trayectoria personal. No obstante, la influencia de la música, el cine y la literatura internacional contribuye a consolidar la imagen de ciertas lenguas como vehículos privilegiados para la expresión de sentimientos, como señalan informes de greenMe y Berges Institute.

